lunes, 10 de enero de 2011

Mis Brackets

“Tanto nos cuesta la idea de que tenemos que morir que siempre buscamos disculpas para los muertos, es como si anticipadamente estuviésemos pidiendo que nos disculpen cuando nos llegue la vez” – José Saramago
  
Durante mi visita mensual al dentista, para el cambio de ligas de mis Brackets, estaba platicando con Elena (mi odontóloga y amiga) sobre la muerte de su hermana, la cual aconteció hace cinco años.

Independientemente de la incertidumbre que te da al ver en lágrimas en los ojos de tu dentista, mientras mete el taladro en tu boca (para remover una resina), estaba muy conmovido con su relato tan vívido.

Esta plática me hizo reflexionar un poco en el tema de la muerte y, a pesar de que no he tenido ninguna pérdida (humana) significativa en mi vida, he ido recopilando algunas observaciones de los que sí han pasado por ello.

Los humanos somos curiosos porque, aunque nos sabemos efímeros por tener fecha de caducidad, vivimos como si fuésemos inmortales y tuviésemos todo el tiempo del mundo a nuestra disposición, así que dejamos pasar los días con una parsimonia inconcebible la cual se ve reflejada en nuestros infinitos planes futuros; sólo nos hacemos conscientes (temporalmente) de nuestro destino cuando alguien cercano parte aunque, eventualmente regresaremos a nuestra ceguera, porque es naturaleza humana.

Siempre creemos que habrá un mañana más, otro año para aprender a bailar o bajar de peso, otro día u otra oportunidad para aclarar ese malentendido; otra festividad para, de una vez por todas, decirle a nuestros seres queridos todo lo que significan para nosotros; otras vacaciones para ir a Europa o, simplemente, otra oportunidad para dejar atrás esos miedos y empezar a vivir. Es chistoso cómo algunos tememos más a la vida que a la muerte en sí, porque vemos nuestro fallecimiento lejano y creemos que tenemos todo la eternidad de los tiempos para superar miedo y “ahora sí” empezar a vivir en serio. Va a haber un día que sea el último, y nadie sabe cuándo va a ser.

“No me puedo morir todavía, doctor. Aún no. Tengo cosas que hacer. Después tendré toda la vida para morirme” – Carlos Ruiz Zafón (“El Juego del Ángel”

Cuando alguien se nos adelanta, hay una ley irreversible: El dolor de la muerte es inversamente proporcional a la edad del difunto ya que entre más joven, más cruel es la pérdida. ¿Por qué pasa esto? ¿Por las promesas sin cumplir? ¿Por toda la potencial felicidad que ya nunca será? En realidad lloramos por todas nuestras expectativas hacia ese ser más que por la persona en sí.

“Frente a un ataúd, todos vemos sólo lo bueno o lo que queremos ver” – Carlos Ruiz Zafón (“La Sombra del Viento”)

Ahora, cuando alguien se va hay un doble dolor: el inmediato que trae su partida, el llorar, las preguntas, nos compadecemos de nosotros mismos y demás; pero hay algo más que lastima con una intensidad leve aunque más inmisericorde, y es darse cuenta de que ese ser querido va quedando atrás en nuestras vidas de manera paulatina, ya que el mundo sigue girando y los recuerdos empiezan a perderse. Hay un momento en donde uno se puede sentir culpable por no seguir flagelándose con ese intenso sentimiento inicial, ¿te debes sentir responsable porque la existencia sigue su curso? ¡Claro que no! Es como estarlo porque el río sigue su cauce.

Sin embargo, en nuestro país, hay una cultura muy arraigada de mantener “presente al difunto”, de no dejarlo partir, de llorarle y recordarle por un compromiso no mencionado. Es necesario el proceso de duelo para sanarnos ya que, de lo contrario, corremos el riesgo de empezar a marchitarnos en vida por aferrarnos a un lazo afectivo ya caduco y que nos va chupando la esencia vital paulatinamente, porque al dedicar tanta energía al pasado muerto, descuidamos el presente vivo.

¿Por qué racionalizo este tema? Tal vez para ir avanzando en las conjeturas obligatorias cuando acontecen estos decesos aunque, en realidad, desconozco cómo voy a reaccionar emocionalmente cuando alguien importante (humano) parta de mi lado a menos, claro está, que yo mismo “cuelgue los tenis” antes que ellos.


Tal vez Elena (mi dentista) esté agradecida porque la escuche y pudo desahogar un poco ese tema, a pesar de que ya pasó un lustro; en realidad el agradecido soy yo, porque me compartió un poco de ese sentimiento tan profundo que experimenta uno al perder a un ser querido, lo cual me hace un poco más humilde ante una eventual muerte en mi familia.

“La enterraron en Montjuïc el día del cuatro cumpleaños de Daniel, bajo la lluvia que duró dos días y dos noches, y cuando el pequeño le pregunto a su padre si el cielo lloraba, a él le faltó la voz para responderle” – Carlos Ruiz Zafón (“El Juego del Ángel”)

Mi amiga Lesly me dijo en una ocasión que soy ateo porque no he tenido la necesidad de tener fe en algo, ya que no he experimentado un momento de desesperación que me sobrepase y tenga que abandonarme en algo “superior” que me conforte. Para saber si es cierto o no lo que dice, desafortunadamente, tendré que pasar por un proceso de pérdida para ver hasta dónde llega mi misantropía, escepticismo y soberbia.

Espero que se equivoque.


Hebert Gutiérrez Morales
Revisión: Genaro Becerra.
19/Diciembre/2010


4 comentarios:

Yoghurt McCloud dijo...

Ciertamente el perder a un ser querido te hace reflexionar sobre el rumbo que llevas o quieres llevar. Me parece que ante una gran pérdida no hay NADA ni NADIE que pueda reconfortarte... ese hueco que deja aquél ente que se fue no puede ser llenado por nada ni por nadie; aprendemos a vivir con ese hoyo y nos acostumbramos a ese dolor punzante que deja de ser ardiente para convertirse, después de que el tiempo hace lo suyo, en una ligera molestia que rememoramos de vez en vez para recordarnos a nosotros mismos que seguimos vivos.

Anturien dijo...

Hebert; déjame decirte que estás en lo correcto, hablaste sin conocimiento de causa. La muerte es natural pero no es tan simple, somos seres complejos y la muerte también lo es. El dolor no se va, no se acaba, te cambia; te adaptas a este nuevo habitante de tu ser, es como los amputados que siguen sintiendo el dolor del miembro que ya no tienen. El dolor es el mismo siempre, solo que alcanzas una madurez que te hace aceptarlo, quizá con un poco de iluminación entenderlo, pero no se va y a veces regresa siempre con la misma intensidad, y a veces por las cosas mas inexplicables. Yo sigo extrañando a mi hijo como desde el primer día, lo sigo amando y añorando, pero acepto que la vida es perfecta como es y que puedo ser felíz aún sin él. El me enseño más cosas en su corta y pequeña estancia en esta vida que las que podría haber aprendido en mil vidas y doy gracias a la vida por dejarme compartir lo muy poco que compartí con él, por que sé que eso me ayudó a crecer y llegar a ser la persona que soy hoy. La muerte es diferente para todos, así como lo es el amor, el calor, el chocolate. Yo no creo que extrañar a alguien que se nos adelanto sea malo, es parte de quién somos y de nuestra muy personal relación con ese ser. Recuerda aun cuando la cultura es una generalización, cada cabeza es un mundo.

margaretmx dijo...

Sólo eres ateo porque Einstein murió antes de poder demostrar que Dios existe! Mis condolencias a tu muela y a tu dentista. Feliz Año!

kikin rodriguez dijo...

Mi estimado Hebert!!.. Quisiera comentar y mas que comentar hacer de igual manera una reflexión de este pensamiento, todo lo que mencionas es muy cierto. Es necesario sufrir para entender que algo estamos haciendo mal, o como piensas componer tu vida, si estás haciendo lo correcto o no. Esto no va a cambiar, esa filosofía la tienen todos los seres humanos. Yo quisiera agregar que en mi vida personal, pues a consecuencia de un cáncer que tuve mi vida cambio por completo, ha sido un cambio para bien, supongo pero hay algo que sigo sin entender. No somos lo suficientemente capaces de hacer mejor las cosas o de mejorar nuestro estilo de vida, sin tener que sufrir o pasar por una situación como la mía. Eso si es para reflexionar! Yo solo quiero decir que si dios me dejo con vida o me dio la oportunidad de seguir, es porque tengo que hacer grandes cosas, o ayudar a gente, creo que esa es mi misión en la vida.. Suerte!!!