domingo, 27 de marzo de 2011

La TV debe morir


La semana pasada fue la primera de mi existencia sin ver TV. El Lunes desactive mi contrato de SKY y sólo espero que vengan por el equipo. Esto lo hubiese hecho desde hace tiempo, pero quería tener opciones de calidad cuando tuviera ganas de ver tele, en vez de tragarme la porquería que transmiten los canales abiertos.

En mi niñez no existía algo más vital que el ver televisión, en promedio me sentaba cinco horas diarias frente a ella; y no era el único, ya que fue muy importante para el entretenimiento de millones de personas, y eso que no había cable ni TV vía satélite, nos lo aventábamos sólo con tele abierta.

En mi adolescencia conocí a mi primer “Ateo de TV” alguien que no la veía en absoluto y me asuste. “¿Qué clase de enfermo podía vivir sin ese gran aparato?”, pensé horrorizado. Me pareció un sujeto fuera de esta realidad y lo borre de mi memoria, porque no valía la pena recordar a dicho “inadaptado social”.

Era tal mi obsesión que mi “vida social” era dictada por los horarios de mis programas preferidos, porque la TV era prioridad antes que cualquier otra actividad. Obviamente no podía mantenerme así toda mi existencia y, conforme avanzó la misma, disminuyeron los porcentajes hasta que sólo veia una hora a la semana.

La única excepción, en mi vida adulta, es la NFL con la cual veo hasta diez horas en Domingo, pero no lo hago por ver tele, lo que veo es el Fútbol Americano (sé que suena tonto pero creo que se entiende). Si no existiera la NFL, tendría años sin acercarme a algún Televisor. Sin el fútbol americano no necesitaría ninguna TV, porque tengo mucho entretenimiento con el Internet, los libros, correr, bailar, etc

La generación actual está viendo menos TV, aunque no es una noticia totalmente buena, porque pasan mucho tiempo frente a otras pantallas: las de Lap tops, Tablets o Smartphones, pero ahí radica la diferencia: comunicación de dos vías, no como en la tele en donde ella nos da y nosotros recibimos, sin poder interactuar.

La calidad y cantidad de TV que vemos está determinado por el nivel cultural del público, aunado a esto, en Internet tenemos a nuestro alcance otras opciones que se adecuan más a nuestros intereses específicos, en vez de consumir algo predeterminado y genérico que nos puede resultar medianamente interesante.

Las televisoras en el mundo se van dando cuenta que pierden terreno, por lo que ahora ofrecen contenidos más violentos, más sexuales o, de vez en cuando, más profundos. A pesar de estos esfuerzos para no perder auditorio a manos del Internet, el futuro de la televisión (como la conocemos hoy en día) ya ha sido fijado y tiene que evolucionar para no desaparecer o pasar a un segundo término como en su momento ocurrió con la Radio.

Ahora, si está muriendo por sí misma ¿por qué un título tan violento para este escrito? Voy a dar algunos argumentos para no detener dicha decadencia sino, de ser posible, acelerarla.

¿Han notado que, después de ver TV o  de “internetear”, no es tan fácil conciliar el sueño? Nuestro cerebro está con demasiada información violenta y espectacular, por lo que tarda en relajarse. Además nuestros ojos están muy excitados y les cuesta tranquilizarse. Si en la noche intentan leer, escuchar música u hacer otra actividad más pacifica, comprobarán que se duermen con mayor facilidad. Esto obviando el hecho de que ver televisión va en perjuicio de nuestras horas de sueño.

Mucha gente utiliza la caja tonta como compañía, simplemente la prenden para escuchar algo mientras realizan otras actividades en casa, yo que vivo solo lo puedo constatar. ¿Por qué no poner música? Así no dependemos de la vista y no acabaremos atrapados por algo en una pantalla. Independientemente de esto, esa necesidad de ser acompañado por sonidos refleja nuestra dependencia al ruido de la civilización humana, hemos perdido la capacidad acompañarnos en silencio, esto se hace evidente si alguna vez pretendemos meditar o concentrarnos en algo y no podemos porque no sabemos existir sin sonidos.

Estamos tan acostumbrados a que se nos de todo “peladito y a la boca”, un producto terminado que nos hace descuidar los demás sentidos, cuando hay otros medios con los cuales experimentar, comunicarse y desarrollar nuestra imaginación. Se ha atrofiado nuestra inventiva, ya no podemos disfrutar una canción sin un vídeo atractivo ante nuestro ojos; ni siquiera debo mencionar lo perjudicial que resulta para la lectura, y por lo mismo nuestra creatividad se ve truncada porque, cuando uno lee, las imágenes se las va formando uno mismo, a diferencia de la TV en donde nos dan las versiones “oficiales” y, en nuestro pasivo conformismo, lo aceptamos tal cual nos lo dan, y no sólo son las imágenes, son las noticias, las ideas, las modas, las maneras de pensar, de expresarse, de vestirse, etc.

¿Qué pasa con nuestras expresiones creativas? Las vamos descalificando, como “no salen en la tele”, no alcanzan esa categoría celestial e infalible que poseen las cosas por el simple hecho de salir en una pantalla. La TV nos ha quitado nuestra dignidad y autoaceptación, a través de la descalificación de nuestras ideas, siendo que todos tenemos pensamientos y expresiones tan o más valiosas que las que salen en cualquier canal pero, como estamos embobados frente a una pantalla, no nos damos la oportunidad de pulirlas y compartirlas.

Le hemos dado tanta importancia a la caja tonta que, en nuestro inconsciente, ya damos como un hecho verdadero e irrefutable todo lo que sale en ella, se ha convertido en nuestro gurú, en nuestra religión y nuestra guía de vida. Dicho poder es inmenso y las televisoras lo saben y no lo quieren perder, de hecho, lo quieren incrementar, es por eso que cada vez se nos ofrecen programas más atractivos, cargados de violencia, sexo, malas palabras, intrigas, miedo, sangre, situaciones incómodas o prohibidas, en fin, tantas cosas ante las que la gente exclama: “¡No! ¡Por Dios! ¿Cómo pueden ver eso?” pero lo están viendo con un placer profundamente morboso, aún más grande que su fingido escándalo.

Es demasiado poder para un medio y, por lo mismo, han aprendido a manipularnos, por eso se dice que los medios de comunicación son el cuarto poder, el cual se manifiesta a través de una influencia casi total sobre la población. ¿Cuántas historias que vemos en la pantalla son ciertas?, ¿Cuántas de ellas han sido modificadas para contarnos algo distinto? Entre más inculto e iletrado es el televidente, resulta más moldeable, y esto también es cierto para las religiones.

Desde hace unos tres años deje de ver noticias, y me he ahorrado una cantidad impresionante de estrés. No entiendo la necesidad compulsiva de perder media o una hora entera para que te infundan miedo, intranquilidad e incertidumbre, sobre si vas a mantener tu estatus de vida o se va a truncar con una tragedia de orden político, económico, religioso, bélico, natural, social o tantas otras notas que “casualmente” los noticieros proporcionan de manera tan “imparcial” y “objetiva” (me voy a acabar las comillas a este paso). Se puede vivir sin ver noticias, si hay algo realmente importante, se van a enterar y, por lo mientras, ya se ahorraron tiempo y estrés.

Mucha gente argumenta que, llegando a casa, ya no quiere saber nada y sólo quiere “desenchufarse” viendo tele, sin complejidad, fácil y rápido. Muy respetable la postura, pero recuerden que lo barato sale caro: uno se puede relajar también leyendo, platicando, caminando o simplemente durmiendo en vez de ver TV. ¿Por qué no invertir un poco en una distracción ad hoc a nuestros intereses, en vez de “tragarnos” lo que nos de la tele? Teniendo tanto por leer, por escribir, por escuchar, gente por conocer, por bailar, ¿quién tiene tiempo para televisión?

No voy a negar, porque sería un mentiroso, que el ver televisión me ha dado grandes momentos de placer a lo largo de mi existencia pero, también es cierto, que la gran mayoría del tiempo “gozoso” que me dio ya ha pasado. No dudo que me vaya a dar algunos momentos de entretenimiento en el futuro pero ya van a ser marginales, puesto que ya he recibido casi toda la diversión que iba a recibir en toda mi existencia de ella.

Extrañaré Nat Geo, Discovery, Warner, History, VH1, ESPN, el Tranquility Music o NFL Network, además de que mi pantalla plana ahora sólo será usada para ver mis DVD o Blu Ray. Aunque esta batalla personal con la TV aún no termina, por el momento voy ganando y con bastante facilidad, lo único que me preocupa es que tiene un as muy poderoso bajo la manga para tentarme: La NFL que iniciará en Septiembre.

Hebert Gutiérrez Morales.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Hebert, nuevamente disfrutando de tu escritura, tus puntos de vista y ocurrencias. Coincido casi en la totalidad, pues aun no soy capaz de deshacerme de la tv por cable, ya que me gustan mucho algunos programas del canal 11, el 22 y (Sicom Puebla, abierto), así como de repente Discovery y History (ambos cada vez peor. En decadencia también Animal y DH&H. Espero al menos que aunque sigamos viendo tele, seamos críticos, selectivos y cada vez menos enajenados. Por cierto me encantan las imágenes con las que completas tus escritos, me pregunto: ¿cómo le hace para conseguirlas tan a doc? jajaja. Felicidades querido Hebert, un fuerte abrazo.
Por cierto, acabo de terminar la novela "Los hombres que no amaban a las mujeres" de Stirg Larsson, está buenísima, te la recomiendo.
Hasta pronto. Julieta.

miguel cañedo dijo...

Puedo recordar brevemente que cuando existía Imevision, la televisión del estado se transmitía un programa llamado: "Caleidoscopio" conducido por el escritor Ricardo Garibay, los ciclos de cine Francés, Ruso, Polaco, Checo, Alemán y Cine Mexicano de aquel que se prohibía su exhibición en los años Sesentas... No te diré que todo lo de antes era mejor, pero se hacia mas énfasis en Razonar, en saber, en reflexionar, en saber cuestionar. Hoy con tanta tecnología y tanta información, hay mas basura que nunca.