domingo, 29 de mayo de 2011

Infidelidad. . . . ¿Por naturaleza?

“Lo que teme un hombre cuando piensa en el matrimonio no es atarse a una mujer, sino separarse de todas las demás” (Ellen Rowland).

Se dice que el humano no es monógamo por naturaleza y, con el paso del tiempo, me resulta más evidente ese hecho. La infidelidad nace a partir de las restricciones que impone la moral, misma que nosotros mismos creamos a partir de la culpa. A lo largo de los años he visto más ejemplos de engaño y deslealtad que muestras de lealtad en las parejas. Tal vez me vea corto, pero más del 50% de las parejas presentan alguna infidelidad (ocasional o constante).
         
Sólo para aclarar, los casos que voy a mencionar son los que conozco (algunos más cercanos que otros) y como este ensayo no pretende ser una revista de chismes, voy a cuidar la identidad de los referenciados. A menos que sea necesario, trataré de no identificar quién es el hombre y quién la mujer (porque también hay bastantes deslealtades del lado femenino).

Una amiga afirmó categóricamente “es que todos los hombres son infieles”, yo me puse a analizar un ámbito que conozco desde hace once años: mi trabajo. Cheque la historia personal de cada hombre de mi departamento y el 80% de ellos han sido (o son) infieles a sus parejas, el 20% restante son fieles o muy discretos. Hice un ejercicio similar con las mujeres y encontré un 30% de incidencia, aunque las mujeres son más cuidadosas en estas cuestiones.

Después de analizar estas cifras me sentí un poco mal y me pregunte “¿Qué está mal en mí? Porque aquí todo el mundo se divierte menos yo”, pero después me dí cuenta que como no tengo novia a quién ponerle el cuerno, pues resulto poco atractivo.

En mi historial, no he tenido relaciones de largo plazo, por lo que no he tenido oportunidad de ser infiel aunque, en realidad, nunca me ha surgido esa necesidad. Durante los años siempre he visto muestras de infidelidad en TODOS los ámbitos que me he movido: familia, trabajo, escuela, baile, deporte, etc. Lo extraño sería que no lo hubiera. Tristemente, no he conocido un giro de mi vida en donde no existan engaños en las parejas; antes esto me enojaba y me entristecía, ahora me es indiferente porque comprendo que es parte de la naturaleza humana, ¿o me equivoco?

A diferencia de otros escritos, en donde analizo problemas socioculturales, en esta ocasión no puedo encontrar un patrón para la gente infiel: se presenta desde que nos relacionamos con otra persona, sin importar si tienen o no dinero, con estudios y sin estudios, creyentes y no creyentes, etcétera. Hubo un momento en donde pensé que los valores y la educación podrían ser una frontera para distinguir a los fieles de los que no lo son, pero tampoco es una garantía, ya que he conocido a gente que consideraba de alta moral y también incurrieron en engañar a su pareja.

Aunque nunca he sido infiel, no quiere decir que sea un excelente hombre necesariamente porque, en realidad, nunca he tenido una oportunidad de serlo por la misma brevedad de mis relaciones sentimentales. Pero algo que sí puedo constatar es que, durante el breve lapso de mi matrimonio, a pesar de ser de mis épocas más tristes en todos los ámbitos, fue cuando fui más atractivo para las mujeres. ¿Por qué? Por el simple anillito que me obligaban a usar. Me resulta impresionante como ese anillo es un imán de mujeres.

¿Por qué muchas mujeres buscan a un hombre casado? Creo que es cuestión de territorialidad, quieren arrebatar algo que no es suyo, por el simple hecho que es de otra, además de que, irónicamente, ha demostrado ser un hombre que no teme relacionarse a largo plazo. Afortunada, o desafortunadamente, yo soy medio ingenuo para captar señales femeninas, además de que mis principios me impedían ponerle el cuerno a mi entonces esposa (aunado a que ella nunca se apartaba de mi lado).

Pero, de haber seguido casado, en un matrimonio que no me era productivo ni positivo, me pregunto a mí mismo ¿hubiera caído a la tentación de tener un idilio con otra mujer? Debido a mi divorcio, esa sólo es una pregunta hipotética. . . . . para mí, pero para muchos es el pan de cada día. Alguien me comento en alguna ocasión: “Mira, pasas nueve ó más horas en el trabajo, todos los días. De pronto encuentras a una mujer que te entiende, es empática con tus problemas y, además, te consuela. Por otro lado, tienes una bruja en casa que, cuando llegas, sólo te grita, te exige, te minimiza y te recrimina sin escuchar razones ni entender tus problemas, pues es fácil caer con la otra”

“Los jóvenes quieren ser fieles y no lo son. Los viejos quieren ser infieles y no pueden". – El retrato de Dorian Grey (Oscar Wilde)

Al igual que las religiones son las principales creadoras de ateos, las parejas celosas contribuyen mucho a propiciar infidelidades. Por ejemplo, atestigüe un caso en donde una persona atosigaba a su pareja constantemente con acusaciones de infidelidad, no había día en que no le recriminará sus deslealtades sentimentales. La parte acusada, que en realidad fue fiel durante muchos años, llego a su límite y pensó: “¿De qué sirve que me porte bien si siempre soy culpable de infidelidad? Ahora le voy a dar argumentos para que me fastidie con razón”. Obviamente es una postura muy comodina pero “la burra no era arisca, así la hicieron”, ¿cuántas personas fueron “empujadas” hacia eso? En teoría los valores y educación tendrían que ser suficientes pero, cuando uno tiene una relación tan estresante, es fácil olvidar nuestra esencia. Mi pregunta a todas esas parejas celosas es, si no confían en su pareja, ¿para qué permanecen a su lado? No lo entiendo.



 Otro hecho que me sorprende, es al doble moral que se maneja en el mundo de las infidelidades. En alguna ocasión, alguien me contó elocuentemente todas sus aventuras (¿por qué a mí? No lo sé). Al terminar yo le pregunte “Oye, ¿por qué no dejas a tu esposa?” y me contesto muy serio “No, porque a mi esposa y a mis hijos los quiero mucho”, a lo que yo pregunte “Bueno, ¿entonces por qué le estás poniendo el cuerno?” y me dijo “¡Ah! Porque hay muchas cosas que no puedo hacer con mi esposa porque la respeto mucho y las hago en otro lado”. Hoy en día me sigo riendo por estas razones tan incongruentes porque, en teoría, si uno se casa con alguien, no debería haber tabúes entre los esposos, ya que se supone que es la persona con la que más confianza tienes.

Siguiendo el mismo hilo, pero del otro lado, otro conocido me comento el caso de una de sus amantes. Ella le decía que le gustaba estar con él porque le podía hacer muchas cosas que no le hacía a su esposo. El amante le dijo que lo debería intentar, porque a los hombres nos gustan esas “caricias”, y que su esposo se lo iba a agradecer. Cuando la mujer intento dar esas caricias a su esposo, él la detuvo y la empezó a cuestionar “¿Por qué quieres hacer eso? ¿Dónde lo aprendiste? ¿A quién se lo haces?”, en verdad inverosímil. Me parece increíble que al casarse haya acciones prohibidas en el lecho marital, cuando uno eligió estar con esa pareja el resto de su vida (en principio).
            
Muchos dicen que sólo es sexual, sólo es físico, que en realidad se mantienen fieles a la pareja porque es a ella a la que siguen “amando”. ¡Por favor! Ese cuento se lo pueden creer ustedes, pero no pretendan que el mundo se lo trague (por lo menos yo no). Si su pareja no les es suficiente, no veo el por qué permanecer a su lado.

Alguna vez, en una plática entre mujeres escuche lo siguiente: “Mira, si el hombre te pide hacer algo y tú no quieres, él lo va acabar haciendo en otro lado”. Esto no es cierto sólo para el sexo sino para otras cuestiones de solidaridad, cariño, compañía, comida, detalles, etc. Porque la infidelidad tiene muchas maneras de empezar independientemente de los encuentros sexuales.

Creo que los infieles son como los adictos a las drogas, alcohol, cigarro y demás, pero estos últimos tarde o temprano dejan de recibir las dosis acostumbradas de “gozo” de sus adicciones (sin importar la cantidad o calidad). La “ventaja” del infiel es que siempre tiene un abanico amplio de posibilidades para experimentar ese “gozo” de su adicción. De hecho conozco a una persona que siempre necesita tener dos parejas para ser feliz: la fija y la eventual. A veces la eventual pasa a ser fija, pero entra una nueva persona eventual, el caso es que siempre necesita dos para sentirse en plenitud


Obviamente, cuando se trata de ser infiel, todo el mundo tiene sus justificaciones (no razones). Hay una persona, que se considera muy justa, que defiende sus constantes infidelidades de la siguiente manera: Si TODOS en el mundo son infieles, pues yo tengo el mismo derecho de andar divirtiéndome. El problema de todo esto es que su pareja, de muchos años, sí le es fiel (hasta donde sé), así que ¿no es un argumento muy barato para poner el cuerno? ¿Que va a pasar cuando formalice su relación con su pareja? ¿Va a conformarse con un solo tipo de pareja cuando está acostumbrada a la variedad? ¿Va a entregarse a una vida matrimonial respetuosa y tranquila? La lógica me dice que no.

La infidelidad es una falta de respeto sin importar las circunstancias, pero no es lo mismo iniciar los engaños ya casados que hacerlo antes del matrimonio y ¡aún así casarse! ¿Para qué? Es obvio que esa pareja no te da lo que necesitas, ¿para qué perpetuar una falta de respeto con alguien que no ha hecho (aún) nada para merecerlo? Ahora, en esto de las infidelidades hay siempre tres lados responsables: la parte engañada, la que engaña y la que se entromete, esto no pertenece a un solo lado, todos tienen injerencia en el asunto.

Hablando de la parte engañada, me sorprende el nulo amor propio que muchas mujeres engañadas tienen. Conozco DOS casos idénticos, en donde la amante se embarazó, la esposa se entero, así que se armó un escándalo, al borde del divorcio. Sin embargo, las aguas volvieron a su cauce y no paso a mayores. La esposa lo perdonó y siguen en familia, su amante tuvo a su hijo y él feliz de la vida con sus dos mujeres y el hijo pequeño. Yo no encontraba lógica, pero otra mujer que dio un argumento (transcribo literal): “Es claro, ella es la esposa, y siempre va a estar en primer lugar, no le va a dejar su “trono” a la otra perra que siempre va a quedar en segundo lugar”. Yo sigo sin encontrar la lógica, porque si te faltan al respeto no hay compromiso pero, como es lógica femenina que no logro comprender, respeto el punto.

Sólo quiero complementar que aquí hay algo de prostitución . . . . de la esposa, ya que en ambos casos dejaron de trabajar (o nunca lo hicieron) y, como dependen de su esposo, sacrifican su dignidad por su bienestar (los hijos ya eran grandes, así que no pesaban como argumento). Hace algunas décadas ésa era la constante, la infidelidad era cosa sólo de hombres, porque él tenía la seguridad que su esposa iba a apechugar y a ignorar todo lo que hiciera fuera de casa, ya que él era el único sustento.

A final de cuentas el humano sigue siendo un animal regido por sus instintos, una parte importante de la infidelidad radica en la necesidad de conquistar. Puede sonar feo, pero no deja de ser cierto, cuando uno formaliza el vínculo, deja de existir la emoción de la conquista, por eso buscan nuevos “territorios que conquistar”. Muchas veces he visto hombres que tienen auténticas súper mujeres en todos los aspectos, que las engañan con cada cosa que apenas califica como mujer, pero no es por la persona en sí, es el hecho de acceder a otras féminas, es la aventura saltarse las reglas al hacer algo prohibido mediante el engaño a su esposa.


Lo prohibido también nos invita a tener idilios fuera de la relación, a los seres humanos nos encanta que nos prohíban algo porque, de inmediato se nos torna más deseable, nos encanta tentar al peligro y romper las reglas. Esto es válido tanto para el que engaña como para la amante, porque es prohibido pero, por eso, resulta más emocionante.

Aquí radica una verdad que las mujeres no quieren ver, ya que ellas siempre nos tachan a los hombres de que somos unos calenturientos, pirujos, picaflores, etc. Pero analicen un hecho: para que haya hombres infieles, debe de haber mujeres dispuestas a andar con alguien comprometido, así que la responsabilidad es compartida. Si las mujeres en verdad fueran solidarias con su “gremio”, siendo respetuosas entre ellas mismas, pues la cantidad de hombres infieles sería ínfima y no los grandes niveles que se ven hoy en día.

Si en nuestra naturaleza no radica la monogamia, y necesitamos estar copulando con distintas parejas para ser “felices”, pues me parece una verdadera estupidez embarcarnos de manera permanente en una relación que sólo nos limita y nos hace infelices aunque, aceptémoslo, seguramente no sería tan divertido ser infiel si no existiera el matrimonio. Tal vez el problema no es la infidelidad, sí lo es pretender algo que no podemos o no queremos ser, como el ser monógamos. Sólo por creencias o prejuicios tratamos de imponernos algo que no está en nosotros, en vez de aceptar libremente (y sin culpas) que nos gusta andar picando por todos lados.

En alguna ocasión leí un estudio que dice que los humanos que somos fieles, estamos más evolucionados, porque somos más conscientes y más voluntariosos. Tristemente somos pocos los que podemos encauzar nuestros instintos, para lograr una lealtad y respeto a la pareja; esto en vez de entregarnos a nuestros deseos cual animalitos. Tal vez sea cierto que la minoría de este mundo (20 ó 30%) seamos fieles por ser más evolucionados, eso es un consuelo porque, no vamos a negar que los otros “Neandertales”, que se dejan llevar por sus instintos, se divierten más.



Creo que todo radica en el respeto, para mí, el grado de respeto muestra el nivel de desarrollo de una persona, sin importar cuánto dinero posea o la formación académica que recibió. No digo que a uno no le pueda interesar alguien más, pero es preferible decir: “¿Sabes qué? Me gusta fulanita y prefiero romper el lazo contigo antes de ponerte el cuerno” y eso me resulta más congruente, valiente y positivo que actuar clandestina y/o cobardemente.
                                  
Hebert Gutiérrez Morales

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Querido Hebert, Este tema es muy escabroso y tiene mucho de dónde sacar para analizar. Me gustó tu forma de abordarlo, y puedes seguirle... como bien dices es un asuto de tres, donde el o la tercero/a es el chivo expiatorio que está al servicio de la pareja, y mucho más. Y bueno hay libros y libros, así como teorías al respecto. Felicidades por tu aportación siempre interesante. Julieta.

Anónimo dijo...

Tema triste el de la infedilidad y lastimosamente presenten nuestra sociedad.
Es una pena que existan personas infieles. El infiel lastima a su pareja y asi mismo. Yo no sería feliz engañando a alguien que supuestamente "amo" y me ama.
En Latinoamerica, el porcentaje de hombres infieles es mayor, me parece, por el machismo(y la dependencia económica). Pero a nivel mundial, me parece que hombres y mujeres son infieles por igual.
Que pasa! Por qué la gente vive tan infeliz?

Anónimo dijo...

Hola Hebert,

Soy Vero,excompañerita de logística amiga de Bastian,es solo para que me ubiques.

Me gusto mucho tu ensayo,pero lo mas padre es que ya no me siento como un vicho raro, pues pensé que mi forma de pensar respecto a la fidelidad solo estaba en mi cabezita, ahora veo que tu también piensas de la misma manera, y la neta es que si los hombres pensaran como tu, otro mundo sería.

Vero

Qcho dijo...

Heberto:
En este momento la música rodea mi cabeza y me da las letras de varias canciones en varios géneros que hablarían del tema, por ejemplo: Lastima que seas ajena con Vicente Fernández, Disponible para mi de la Arrolladora Banda el Limón, Te pierdo y te pienso de Víctor Manuelle, Tarde/Sin daños a terceros de san Ricardo Arjona y algunas otras más, pero con está cuestión de la infidelidad solo se me ocurre… “Por hoy déjame ser tu hombre perfecto mientras que te aparece el indicado, para casarte busca un arquitecto, para hacer el amor un desalmado”. Esto me vino a la mente referente a la cuestión que comentabas acerca de respetar a tu esposa o esposo, hoy por la tarde en Twitter leía respecto al sexo oral y anal, referente a tener señales y respetar a la pareja, claro, que siempre hay que tener una charla adecuada para cada tema, como bien lo dices, no es lo mismo cuando ella o él regresa a casa y se encuentra con alguien que no atiende otro tipo de necesidades además de la sexual.
De cierto modo resultaría un poco más cínico que honesto con tú pareja, decirle que prefieres volar por otro lado que ser quien le de un paseíllo por la plaza, aunque resultaría más cobarde hacerlo, que te descubran y lo niegues.
Yo que he experimentado ambos casos, de ser engañador y engañado, comparto el hecho de que es lo aventurado y lo prohibido lo que me ha motivado, además de que han sido aquellas mujeres quienes concretamente han establecido las reglas, no yo, claro que eso no me justifica, ni me hace menos culpable, pues fui con un inmenso gusto, aquí el detalle está en “NO” arrepentirse, siempre estar consiente de lo que haces y que con tus actos, puedes dañar a muchas personas.

Anónimo dijo...

Hola Hebert
Tienes mucha razon en el punto que dices que son tres los involucrados en el tema: el ella y el o la otra(o) y deverdad no entiendo como sabiendo que alguien es casado o juntado es decir tiene una relación, otra dama se atreve a aceptar una "sub-relación", por que no valorarse y pedir una relación de amor y no de engaño. Además el daño no solo para la pareja si no para los hijos cuendo esto sale a la luz
Y bueno un caso mas es aquel en que un hombre teniendo una familia inicia una aventura y despuesta esta se convierte en formal dejando a su esposa y juntandose o "rehaciendo" su vida con otra mujer que para colmo ya tenia hijos de otra pareja y que los abandona para seguir al hombre de su vida.
Bueno que complicado es este tema.
Gracias por seguir compartiendo.

angelis dijo...

hola, sin duda el tema pudiera crear un poco de polemica, sin embargo comparto una idea clara sobre la infidelidad, vivimos en una época en la que si una persona dice que no, hay 10 personas detras tuyo dispuestas a decir que sí, respecto a que las personas mantienen una relación aun sabiendo que han sido engañadas, desde mi muy particular punto de vista, radica en que tiene una necesidad que cubrir, la que sea, sexual, económica, afectiva, social, etc., para quedarse con esa persona aun y cuando humanamente estan desvalorizados, entonces, es más importante cubrir esa necesidad que valorarte como persona , :)