domingo, 21 de agosto de 2011

Sexualidad y Pornografía

            Por lo general, las mujeres tienen una necesidad patológica de comprar ropa o zapatos, actitud que los varones encontramos irracional. De igual manera ellas encuentran chocante la necesidad de los hombres de ir a lugares de Stripers, Prostíbulos o ver Pornografía. Nunca he ido un table dance o contratado una prostituta aunque, no podía ser perfecto, sí veo material porno de manera esporádica, nada que ver con las cantidades industriales que requería en mi adolescencia o al inicio de mi adultez.

TODOS los hombres de este mundo ven, o han visto, pornografía (el que lo niegue es un gran mentiroso). Actualmente no la busco, ella llega sola vía mail o, cuando veía TV, al cambiar canales a ciertas horas la encontraba; así que, para qué negarlo, la observo, aunque sea un par de minutos.

Aclaro que nada tiene que ver si uno está soltero o comprometido, si es joven o si es viejo, todos los hombres la vemos, aunque sí varía la cantidad de acuerdo a la edad o status sentimental. Sé que voy a sonar como el resto de ellos pero, debo aclararle a las féminas: no consumimos porno porque se les encuentre poco atractivas o no se les quiera, se ve como parte de una idiosincrasia que nadie en específico nos enseña, pero que todos aprendemos.

            ¿Para qué nació la pornografía? Para satisfacer una necesidad primitiva de un ser muy visual como es el humano varón; las mujeres, al ser más quinestésicas, no son tan adeptas a verla con gusto y, cuando lo llegan a hacer, es más por curiosidad que por necesidad.

            Pero, ¿en verdad el hombre “necesita” ver pornografía? Personalmente no necesito verla, pero no me disgusta hacerlo, creo que es la respuesta más honesta que les puedo dar. Ahora, a un nivel global, creo que el morbo masculino es enorme, porque la industria pornográfica es tan imponente que sigue siendo rentable a pesar del infinito material gratis que uno puede encontrar en la red.

 “Cuando la sexualidad sea vista con naturalidad, el morbo será inexistente” – Adriana Gutiérrez

            El morbo, esa sensación que todos conocemos, que todos experimentamos pero que nadie admite. Si la sexualidad está implícita a nuestra naturaleza y es parte de unos instintos que son más fuertes que nuestra consciencia, ¿por qué nos negamos a aceptarla?

Al igual que el morbo, todo el mundo ejerce la sexualidad (en variadas formas), porque es inherente al vivir, pero nadie habla de ella abiertamente. Porque el pudor, que priva en las sociedades latinas, nunca permitirá a una mujer abiertamente: “Ayer tuve unas relaciones riquísimas y hoy quiero repetirlas otra vez”. Aunque, la mujer que se atreva a decir esto, este casada y se refiera a las relaciones que tuvo con su esposo, irremediablemente será tachada de libertina, vulgar y hasta puta. ¿Por qué? ¿Acaso no está bien que tenga relaciones satisfactorias con su esposo? ¿Qué eso no es parte de un matrimonio sano?

Esta contradicción pasa en todo el mundo, voy a tomar el ejemplo de una cultura que conozco bien aunque nunca la haya visitado: Japón. El pueblo nipón es de los pueblos más respetuosos y discretos del mundo, lo cual raya en una autocensura para expresar muchos sentimientos que en otros países es natural expresar (enojo, celos, alegría, soberbia y demás). No tengo que mencionar que NADIE en Japón habla de sexo abiertamente, tal vez los hombres lo hagan en un bar con unas copas encima.

Pero la sexualidad sigue ahí y debe encontrar una válvula de escape. En una ocasión próxima voy a escribir sobre el manga y el anime, pero hoy voy a mencionar una pequeña parte de ello: el Hentai. A los japoneses también les gusta ver porno, pero ellos son más sofisticados o excéntricos porque, además de lo convencional, también la tienen en historietas o animaciones. Durante mis años de aficionado al Manganime, también compre mucho Hentai (además de lo que baje del Internet); al igual que la pornografía convencional, hay de distintas intensidades: desde el de buen gusto hasta las cosas más grotescas que se puedan imaginar (y las que no puedan imaginarse, ¡también!). Para ser un pueblo tan respetuoso, uno encuentra increíble que puedan crear obras tan explicitas y, algunas, hasta de mal gusto.

Pero los nipones también son humanos (con ojos más pequeños, pero humanos a fin de cuentas). Aunque el morbo no es parte de nuestra configuración al nacer, sí lo es de la sociedad, y se nos enseña de las más distintas maneras. ¿Qué pasa cuando un niño de tres años rasca su pene en público? De inmediato es recriminado por la madre por “estar haciendo cochinadas”, el niño lo hacía de la manera más limpia y natural, porque no ve nada de malo en rascarse si le pica. El regaño de la madre tiene un doble resultado sobre el infante: por un lado aprende que eso es “malo” y, de manera inconsciente, también ha descubierto el gozo de hacerlo de manera clandestina.

A las personas sólo nos basta que nos prohíban algo para que, de inmediato, se vuelva deseado, y eso pasa exactamente con la pornografía: al ser tan censurada por la Sociedad de tan buenas costumbres (¡sobretodo!), adquiere un atractivo impresionante para el público consumidor. Todo esto empieza con actitudes de censura como impedir tocarnos nuestros genitales (en público, por lo menos). Si se enseñara que el cuerpo humano es natural y bello dejaríamos de verlo con morbo.

“La pornografía está en los ojos de quién la mira” – Frase adaptada

La violencia, de ningún tipo, nunca ha resuelto un problema. La intolerancia nunca da resultados, el cerrarse y decir que algo es “malo” y punto, tampoco resuelve nada. Las cosas no son malas Per se, el uso de que hacemos de ellas determina su calidad moral. El ofendernos cómo si en algo nos hubieran dañado es ridículo, esta “ofensa” la toman muchas personas para sentar el precedente que son personas de “bien”, para que no los vuelvan a “insultar” con la pornografía. Eso no sirve.

Para muchos padres, tutores o parejas es fácil tomar una postura de indignación, porque no saben cómo abordar el tema; no tienen idea de cómo explicar la belleza del cuerpo humano, así que lo tratan como tema tabú y, en automático, el morbo se emparenta con el mismo. El no hablar de un tema no lo resuelve, al contrario, va fortaleciéndose con el paso del tiempo. La pornografía va a existir mientras haya intolerancia y una actitud de secrecía al respecto, el hacer como que no existe no resuelve el tema de su alto consumo. No intenten desaparecerla, porque entre más se haga, más fuerte se hace, ¿Qué tal si intentamos establecer un ambiente de confianza y comunicación? Eso sí es muy difícil de encontrar en nuestra (mal llamada) civilización.

Yo empecé joven con la pornografía: mi primer contacto lo tuve alrededor de los 10 años. Cuando observe fotos con mujeres desnudas, algo en mi interior despertó, fue como un llamado de la selva porque mi corazón empezó a latir a ritmos que nunca había sentido (ni siquiera cuando jugaba), esto fue por un doble sentimiento: la emoción de algo nuevo y el sentir la adrenalina en mi cuerpo por saber que estaba haciendo algo que no “debía”. Esa emoción de hacer algo por primera vez que es irrepetible, ya que no importa que después viera imágenes o películas aún más provocativas o atractivas, nunca volví a sentir ese latir tan potente y ese olor a prohibido que ha sido de lo más intenso que he experimentado en mi vida.

Ahí está la clave del asunto: la emoción de lo prohibido. Por eso la pornografía será inmortal mientra exista esta sociedad. Irónicamente la única manera de acabar con ella, será que la sexualidad se acepte como otra función fisiológica: como comer, dormir, orinar y demás. ¿Saben cuando va a pasar eso? Síp, adivinaron, no vamos a estar vivos si algún día pasa, tal vez tampoco lo estén nuestros hijos, ni nuestros nietos, ni ningún otro ser humano, porque hemos creado un mecanismo neurótico de opresión en donde lo que nos da satisfacción debe de ser malo. Lo chistoso es que ese mismo mecanismo hace más disfrutable la experiencia.

La Sociedad es mustia con la pornografía (entre muchas otras cosas) porque todos la critican o censuran pero cada vez vemos prendas más provocativas y “breves”, así que se enseña más piel, ya ni mencionar todo lo que se transmite en TV abierta, cada vez es más sexual el asunto. ¿Me molesta está situación? ¡Claro que no! Me encanta que enseñen más, lo que me enoja es la doble moral que manejamos ya que por un lado criticamos y, por el otro, consumimos. ¿Por qué no podemos ser congruentes? ¿Qué hay de malo en nuestro cuerpo? Ni el cuerpo humano, ni la sexualidad son es el problema, sí lo es la prostitución que se hace de ambos o sus imágenes, la cual no existiría si los aceptáramos tal cual son, como parte de nuestra existencia diaria. 

Otro de mis momentos más emocionantes fue cuando compre mi primera Playboy (me la autoregale para mi cumpleaños número doce). Uno de mis compañeros de Secundaria llevo la famosa revista del conejito a la clase, y sólo alcance a ver la portada por el inmenso tumulto que se formo a su alrededor por mis compañeros, y los de salones vecinos. Inicialmente me frustre por no poder ver ese grial sagrado en la adolescencia de cualquier muchacho, así que tuve que iniciar mi cruzada para conseguir mi propio tesoro (como un pequeño Indiana Jones).

En la casa leíamos muchas revistas de diversa índole, así que no fue difícil convencer a mi madre que me dejara ir por las revistas del mes, algo que ella tomo muy bien por el hijo tan acomedido que tenía (¡ajá!). Cuando llegue al puesto de revistas, empecé a comprar todo el encargo: “Me da el Selecciones, la Vanidades, el Contenido, el Tele guía, el Proceso, la Cosmopolitan y la revista de la esquina” a lo que el infeliz vendedor pregunto “¿Cuál? ¿LA PLAYBOY?”; a mí se me subieron los colores al rostro porque al lado había una señora comprando revistas así que, con toda la dignidad (o cinismo) que pude conteste: “SÍ, ¡ESA! ¡Y rápido que tengo prisa!”. Ventajas, para un puberto de 12 años, de vivir en un país como el nuestro, en donde las reglas y el sentido común no se respetan, y así puede comprar su primera Playboy.

Al no haber comunicación entre padres e hijos sobre la sexualidad, ¿dónde se informan los niños? En la calle o con sus amiguitos, y esa es una de las razones para comprar esas revistas. Sin embargo, a pesar de recibir esa educación, vamos a ver pornografía (porque es emocionante), pero con una perspectiva distinta, porque yo no creo que todas las mujeres quieren ser tratadas como objetos sexuales en espera de ser sometidas por el hombre, cuando muchos sí lo creen. Mi madre es maestra de enfermería y siempre tuvo un dialogo abierto sobre la sexualidad con nosotros desde muy pequeños, de hecho nunca hicimos una pregunta sobre la misma porque ella ya nos había platicado del tema con mucha antelación.

Por esta misma educación, me resultaba increíble que mis compañeros de la Preparatoria me preguntaran sobre sexo, porque sus padres nunca lo habían hecho. Para mí ver porno es mero entretenimiento, no educación, es algo así como la lucha libre, dónde sé que todo es montado y nada es real pero, no por ello, deja de ser entretenida. Es triste que muchas personas crean en la veracidad de la pornografía (o de las luchas), y todo porque en casa nadie tuvo el valor ni el amor de hablarles con la verdad y los dejaron a la deriva para que se educaran como pudieran.

A excepción de la adolescencia, en donde las hormonas están a tope, la pornografía en exceso cansa. Esto lo comprobé cuando hace unos años contrate SKY y, de promoción, te abrían los canales para adultos. Obviamente mi emoción era grande por tener material de buena calidad de forma ilimitada, así que pase una buena cantidad de tiempo viendo los cuatro canales porno que me dieron gratis el primer mes.

Pero nada es para siempre y esa emoción inicial se convirtió en costumbre, de hecho llego un punto en donde ya desayunaba viendo los canales pero, más que hacerlo con lascividad, los veía con ojo analítico: “¡Vaya! ¿No les dolerá hacer esas posturas?” o “¿En verdad fingirán? Porque me parece muy real” o “¿Qué pasara si sus padres las llegaran a ver? ¿Quién estaría más avergonzado? ¿El padre al admitir con la hija que ve pornografía? O ¿La hija que hace esas películas? Tal vez por eso nadie diga nada”.

El caso es que después de la costumbre vino el tedio y hable al SKY para que me desactivaran esos canales, que llegue a odiar, e increíblemente me dijeron “No se puede señor Gutiérrez, se debe acabar el mes completo para que los desactivemos y apenas lleva quince días” ¡Maldita sea! ¡Hasta para la pornografía hay reglas burocráticas insensatas! Esto nos sirve de evidencia que también es vulnerable a la rutina, pero se mantiene vigente gracias al morbo causado por su continua censura.

Censura = Morbo

Me parece estúpida la cantidad de tiempo que, principalmente, las madres le dedican a la preparación de una fiesta infantil (varias horas semanales, desde meses antes) “por amor” al pequeño engendro y no pueden dedicarle media hora (ni ellas ni los padres) a platicar con el retoño sobre sexualidad. Lo triste es que la fiesta se la va a calificar la sociedad y nadie le va a reconocer la plática con el niño (si la recibe, tal vez él lo haga en el futuro). Pueden dar toda una semana de tiempo para un evento fatuo, pero no pueden dedicar un poco de tiempo para algo que resultará provechoso en el futuro de su crío. Es cierto que hay toda una industria detrás de la pornografía, pero no sería lo poderosa que es sin la censura de la “buena sociedad”, que le da el poder del morbo y con eso la hace invencible.

Hace un par de años, revisando mi antiguo cuarto en casa de mi madre, encontré una colección de revistas hentai que eran de propiedad compartida entre mi hermano y yo. Casi suelto el grito al encontrarlas tan a la vista, ¿las habría visto mi madre? ¡Claro! Con lo metiches que son las madres en este país, sin duda las vio, lo que me intrigo es que no dijera nada y que las dejara en su lugar (tan a la vista). Como ambos ya habíamos dejado el nido hace mucho años, le mande un SMS a mi hermano para avisarle que ese “tesoro de la adolescencia” iba a ser donado a alguien más y él acepto. No tengo que mencionar que el “alma necesitada” (mayor de edad, aclaro) a quien se lo regale se sintió muy agradecido con tan valioso obsequio.

Lo que me llamo la atención de este episodio fue la actitud de respeto de mi madre, al ser material pornográfico, no lo tiro y lo dejo en su lugar (ojalá también hubiera respetado mis figuras de acción de los Transformers en vez de regalarlas). ¿Será que las mujeres en general aceptan que ver porno es parte del entretenimiento masculino? Entonces ¿por qué se molestan cuando la vemos? ¿Es algo similar cuando nos dicen que “no” cuando sus acciones dicen que “sí”? ¿Es el pudor que les impide decir que sí a la primera o que les impide aceptar que veamos pornografía?

En fin, al igual que yo, todos los hombres tienen sus anécdotas con la pornografía, así que ¡ya dejen de juzgarme como pervertido sexual! De igual manera que las religiones son las principales fomentadoras de Ateos, las promotoras de las buenas costumbres (casi todas ellas personas mustias), son las principales promotoras de la pornografía. El problema no es que exista este tipo de “Arte”, sí lo es la cantidad industrial que se produce y consume. Si dejáramos al lado nuestras poses de “gente decente” (que para mí ese concepto es mucho más profundo que ver o no cuerpos desnudos) y fuésemos más congruentes con nuestros deseos y necesidades, revistas como Playboy o Penthouse no serían tan populares como lo son. La censura no es el camino para resolver este “problema”, sí lo es la comunicación.

No estoy diciendo que se quiten las clasificaciones, pero si pido ecuanimidad y algo de criterio cuando a un niño se le encuentra una revista para adultos ya que, en vez de hablar con él al respecto, se le castiga con saña y esa actitud no resuelve nada. La censura no es el camino, la comunicación, confianza y el sentido común ofrecerían más frutos y provocarían menores heridas morales, traumas y, definitivamente, se disminuiría el morbo ocasionado de hacer algo prohibido.

Hebert Gutiérrez Morales.

5 comentarios:

Mariana Cossío dijo...

por que corredor solitario? un día te acompañare :)

VENEZUELA dijo...

las mujeres tambien vemos pornografia, pero es mas fascinante leerla, como madre te digo que es muy dificil tratar el tema, evitar con tus palabras que ellos entiendan "exploren, son libres para eso" pero es cierto, a mayor censura mayor grado de atractivo para todo y para todos

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Creo que las mujeres no son tan visuales que los hombres, por eso no necesitan una pornografía tan explícita. De niño alcance a leer alguna de las novelas de mi madre (Corin Tellado) y eran bien sucias (aunque con un lenguaje más sutil). Aunque obviamente los hombres no leemos eso (como más simples) así que normalmente no tenemos idea de lo que las mujeres pueden consumir en ese tipo de lecturas.

VENEZUELA dijo...

Eso me hace pensar otra vez en una cosa que no se que tan cierta es, las mujeres antes, la mayoria, por lo menos las de mi familia, leian mucho esas novelitas "romanticas" mucho erotismo, pero a la vez eran muuuuy recatada, hasta con los esposos, al punto de que te hacian creer que quizas solo tenian relaciones sexuales para procrear, pero si una mujer lee ese tipo de cosas no las pondria en practica con su pareja nunca? quizas pudieran haber sido mas aberradas las mujeres de antes que las de ahora, ahora nos encargamos mas de lo que damos a conocer, como me ve el sexo opuesto, que me vean como una diabla, que me deseen, creo que eso pasa por la mente de muchas mujeres si ves detenidamente su forma de vestir, de actuar, de mirar, pero en realidad seran eso? en realidad llenaran al hombre en la cama como me imagino lo hacian las mujeres antes porque a pesar de que el hombre tenia varias mujeres igual que ahora no dejaban nunca a su esposa, ahora si se atreven a irse con otra, aun en contra de la voluntad de la esposa que por siglos ha permanecido sumisa ante el ESPOSO aguantando cualquier tipo de vainas

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Eso tiene que ver mucho con la educación machista: permisiva e indulgente con los hombre y restrictiva y condenatoria para las mujeres.
Como hombre tienes derecho a más libertades sociales que la mujer, lo cuale s triste porque la mujer tiene el mismo derecho que el hombre a ejercer su sexualidad.
Es por eso que si una mujer tiene una aventurilla tiende a ser tachada de "puta", mientras que un hombre con diversas aventuras es todo un "don Juan", misma acción pero distinta reacción de acuerdo a quién la cometió.
El tema del machismo lo toque ampliamente en "Las promotoras del machismo" así como en "Feministas y Feminazis". El tema de la infidelidad lo trate amplimanete en "Infidelidad por naturaleza" en donde llego a la conclusión que la fidelidad no es la regla, sino la excepción.