domingo, 9 de octubre de 2011

Los Instintos y la moral

            «El hombre es el único animal que come sin tener hambre, bebe sin tener sed y habla sin tener nada que decir».– Mark Twain

            El título de este ensayo está bien escrito: los Instintos con mayúscula y en primera posición y, la moral, en minúscula y en segunda posición. ¿Por qué? Porque esa es la realidad, a muchas personas les gustaría creer que la moral nos rige pero, los hechos indican lo contrario, son los instintos lo que dan cauce a nuestra vida.

            A pesar de los milenios de evolución, a fin de cuentas, la humanidad es una raza dominada por sus instintos, como cualquier otro animal. La inteligencia, de la que tanto nos jactamos, sólo es un accesorio, un ingrediente o un adorno que los complementan pero nunca acabara de someterlos.

            La raza humana se percibe superior al resto de los animales por su autoproclamadas y vanagloriadas consciencia e inteligencia, es este mismo orgullo el que ciega a la humanidad de ver que no hay gran diferencia con el resto de la fauna y, digo resto porque, al final es lo que somos: un animal más.

            La pregunta que debo hacer es: ¿Hay una mejor vida si nos entregamos por completo a estos instintos? ¿Acaso los animales no sienten hambre, miedo, gozo, alegría, lujuria y demás sensaciones sin tener “consciencia”? ¿Para qué nos sirve la inteligencia? ¿Para avanzar? ¿A dónde? Sólo estamos encaminándonos hacia el fin del planeta y la existencia de la humanidad sobre su faz (y ojala se dé pronto).

            Lo irónico es que nuestra inteligencia nos permite vislumbrar ese destino pero, nuestros instintos (como el hambre y/o la ambición), son más fuertes y nos impiden actuar conscientemente porque, aunque sabemos que nos dirigimos hacia el fin, nuestros instintos nos dicen: “Tú sólo goza porque no es tu problema”.

            Aunque conocemos y reconocemos la consciencia e inteligencia, nos da pena admitir que no son nada frente a los omnipotentes instintos, ¿vale la pena pelear una batalla perdida?

            Los instintos dominan a la humanidad y ésta, tan arrogante, no acepta abiertamente que algo tan primario la somete. Cualquier individuo ambiciona algo y, cuando lo logra, de inmediato deja de ser atractivo y surge una nueva meta o víctima. Este tema ya lo trate en el ensayo de infidelidad: se tiene una mujer, en el caso del hombre, la cual no goza del mismo interés que cuando sólo era un prospecto, por lo que en automático se ambiciona a cualquier otra que no sea la propia, ya que ésta ya fue dominada y/o conquistada, por lo que ahora es inferior (a los ojos de su hombre) que cualquier otra fémina que falta por conquistar.

“Creo que los animales ven en el hombre un ser igual a ellos, que ha perdido de forma extraordinariamente peligrosa el sano intelecto animal, es decir, que ven en él al animal irracional, al animal que ríe, al animal que llora, al animal infeliz” – Friedrich Wilhelm Nietzsche

            Ejemplos del poder de los instintos en los humanos sobran en nuestro diario acontecer: la violencia al conducir, a pesar de que haya leyes establecidas; el deseo por mujeres ajenas, a pesar de tener una relación establecida; el comer algún postre o alimento nocivo, a pesar de que uno sabe que está a dieta o lo tiene prohibido; el comprarse algún producto; a pesar de saber que se carece de los fondos para pagarlo; el apropiarse de algo que uno desea; a pesar de saber que le pertenece legalmente a otra persona; multitudes enardecidas actuando como jaurías de animales, a pesar de vivir en una “civilización”, y demás ejemplos que abundan y que a todos nos pasan pero que nos apena admitir.

            La mayoría de las veces justificamos estos comportamientos con los más variados pretextos: “Es por hacer justicia” para disfrazar el deseo de sangre; “Es que mi mujer no me atiende”, para camuflar el deseo carnal por otra mujer; “Es sólo un antojito”, para justificar nuestra gula; “Es que maneja como un imbécil”, para argumentar nuestra ira; “Es que no lo veía desde hace tiempo”, para que no nos juzguen por emborracharnos; “Es que me preocupo por ti”, para darnos carta abierta para controlar al resto con nuestra territorialidad.

"Los libros que el mundo llama inmorales son libros que muestran al mundo su propia infamia" – El retrato de Dorian Grey (Oscar Wilde)

            Les pongo un ejemplo personal: regresaba de comer con la chica que me gusta, sobre la cual escribí hace un par de semanas, y venía muy feliz, lleno de sentimientos puros e inocentes; pero cuando regrese a la oficina, vi a una de mis compañeras vestidas provocativamente y, mientras se me dilataban las pupilas, un solo pensamiento ocupaba mi mente “¡Carne! ¡Carne!”. En ocasiones así, es una fortuna tener mis miedos y traumas, los cuales están disfrazados de valores y principios, para contenerme y no buscar algo más con una mujer ya ocupada; pero es un hecho de que, si no tuviera dichas restricciones tan poderosas, sin duda alguna buscaría algo con esa mujer que despierta deseos tan primitivos en mi ser.

            Nos rige ese instinto animal de territorialidad, de conquistar, de poseer, de luchar; el premio es lo menos importante, es la adrenalina de la lucha lo que nos hace sentirnos vivos y, ante esa emoción, la posible satisfacción del logro es secundaria y efímera y, en algunos casos, nula.

            Se les llama locos y/o desadaptados sociales a aquellos que siguen sus instintos, sin importar las reglas de la sociedad, ¿Quién está más loco? ¿Aquellos que son congruentes con sus deseos? O ¿Aquellos que tienen las mismas necesidades pero que se someten a la tortura de no satisfacerlos?

            El animal humano se cree consciente por no seguir sus instintos a plenitud, cuando es el más inconsciente por no hacerlo pero, a la larga, acaba sucumbiendo, porque esa necesidad primaria es más fuerte que su resistencia.

De la moral católica, me quedan reminiscencias de que la gente prolífica “están mal” y los que sufren “están bien”, por eso mismo aprendí que para obtener el bien es necesario un sufrimiento previo. Esas creencias inculcadas me han provocado muchos problemas en la vida, ya que me es difícil aceptar tan fácilmente todas mis cualidades (previas y actuales). Tal vez por eso mismo me hice ateo en su momento, para intentar liberarme de toda esa moralidad tan estúpidamente destructora.

Los humanos encontramos en lo racional, casi siempre, dignidad y/o admiración; en lo emotivo, casi siempre, hay vergüenza y dolor. Lo malo de todo esto es que olvidamos que lo racional no siempre es auténtico y lo emotivo siempre lo es.

"A excepción del humano, ningún otro animal se maravilla de su propia existencia"– Arthur Schopenhauer

            Mientras manejo me he encontrado con tramos en los que los semáforos son un estorbo para una buena circulación más que una promotora de la misma. Por las características de estos caminos, a los que hago mención, el tráfico fluye continuamente y, los semáforos, entorpecen la buena circulación que de por sí ya tienen estas vías. Algo parecido para con muchas de las restricciones que impone la moral, tal vez no todas sean dañinas pero, muchas, frenan más de lo que ayudan.

            Otro ejemplo, cuando corría con mis perras, invariablemente pasábamos frente a una casa con un Rottweiler encadenado, el cual nos ladraba con movimientos bastante feroces y amenazantes. Un día, al pasar por el mismo lugar, me dí cuenta que el can estaba libre y, para nuestra sorpresa, estaba muy tranquilo al vernos pasar frente a sus dominios. Lo mismo pasa con la raza humana: sólo basta que nos restrinjan algo para que reaccionemos de manera opuesta.

            La moral recibe más importancia de la que realmente tiene, y esta sobrevaloración actúa contra sí misma. Cuando la gente hace algo inmoral, en lugar de aceptarlo y aprender de ello, lo oculta e inconscientemente lo disfruta (porque lo prohibido es lo más valorado para la naturaleza humana).

            Irónicamente, si la moral no recibiera tanta importancia, el ser humano tendría un accionar más limpio, por la simple naturaleza humana que no reaccionaría a esta restricción. Una vez rotas las restricciones morales, no hay más reglas que seguir rompiendo. La moral misma es la principal creadora de pervertidos, así como la Iglesia es la principal creadora de Ateos (Tema del que escribiré pronto).

            Imponer leyes políticamente “correctas” es como cuando teníamos un tipo de cambio fijo entre dos divisas: no es natural, lo mejor es dejarlo fluctuar de acuerdo a los factores actuales. Es obvio que sin leyes morales habría un “boom” inicial por todas esas perversiones contenidas en cada individuo, pero paulatinamente se encontraría un equilibrio más sano y congruente, a diferencia de todas las atrocidades que se cometen en la actualidad con las restricciones moralistas que nos imponen.

            La pregunta es ¿está lista la humanidad para vivir sin gobierno? ¿Sin religión? ¿Sin moral? Honestamente es una apuesta tan arriesgada que nadie se atrevería a tomarla sin contar con que, los que pueden tomar esa decisión, son los mismos dirigentes de los círculos del poder que se verían afectados.

            Personalmente no creo que la humanidad tenga la madurez emocional, intelectual o espiritual para vivir sin alguna de estas restricciones.

            Hebert Gutiérrez Morales.

4 comentarios:

varelad1 dijo...

Hola Hebert,
Muy interesante tu ensayo y muy bien analizados los temas. Me gustó mucho y coincido con tus puntos de vista, especialmente en una ciudad como Puebla, en la que se supone que somos bien "mochos" y bien "religiosos", creo que más bien somos una bola de mustios, falsos, dos caras, etc.
A lo largo de mis 40 años en esta ciudad, he conocido a mucha gente que es más falsa que un billete de 15 pesos, que se escudan en la religión, en la universidad o en una asociación, para mostrar los peores comportamientos que puedas ver en este mundo, que por supuesto nada tienen que ver con los comportamientos instintivos de los animales, los cuales son naturales y justificados.
No puedo evitar ser misántropo cuando pienso en ese tipo de personas estúpidas.
Coincido contigo en que no está preparada la humanidad para vivir sin estas "reglas" y la realidad es que en general pienso que no estamos preparados para vivir sanamente en este mundo, ya que usamos nuestra inteligencia sin inteligencia y manipulamos nuestra "moral" de manera "inmoral". Muchos saludos y excelente semana.

Qcho dijo...

Mi Estimado Heberto:
Sin duda nos vemos atrapados en un círculo de complicaciones y contradicciones, no hay una definición correcta para establecer la moral y los instintos, los mensajes ocultos o implícitos nos doblegan a una realidad pintada de muchos años, con las escasas diferencias que la actualidad nos da.
Alejandro Dumas decía “No hace falta conocer el peligro para tener miedo; de hecho, los peligros desconocidos son los que inspiran más temor”. De ahí de saber ¿quién o qué es lo más loco en este planeta?
En realidad, el humano, persona, gente o individuo, se debe regir por algo, debe estar condicionado a ciertas características específicas, al final somos tan creativos como destructivos, de ahí también el saber si inclusive estamos listos para ser exterminados.
“Nos creemos libres cuando damos más órdenes de las que recibimos”. - Marcel Jullian.
Un abrazo mi Heberto, me gustaba más el otro estilo de tu blog, pero este es más fácil de usar, esto de la tecnología…

VENEZUELA dijo...

BIEN CHEVERE ESTE, LEYENDO RECORDE ALGO QUE ME DIJO MI AMADO, PARA QUE EL MAL TRIUNFE SOLO ES NECESARIO QUE LOS BUENOS NO HAGAN NADA, LO RECORDÉ EN LA PARTE QUE DICES QUE VAMOS RUMBO A LA DESAPARICIÓN DE NUESTRA RAZA PERO QUE IMPORTA IGUAL SEGUIMOS ADELANTE SIN IMPORTARNOS NADA (BUENO, ALGO ASI DIJISTE JAJAJA DISCULPA POR ALTERAR LA COSA)

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Creo que si no fuésemos tan mustios y fuéramos más congruentes, habría menos sufrimientos en la vida y menos desgracias por intentar aparentar algo que no somos pero que todos anhelamos. Sin embargo, como vivimos en el mundo de las apariencias y de lo que "debería" ser, pues tendremos que seguir aparentando que somos civilizados y ocultar esos omnipotentes instintos que guían nuestros destinos. Un abrazo.