jueves, 9 de febrero de 2012

Gracias por todo Disposición

“No se puede vivir siempre igual, como si el tiempo no pudiera hacernos daño, como si la vida no cambiara por si sola, como si el mundo no se nos fuera a venir encima de un momento a otro” - Atlas de Geografía humana (Almudena Grandes)

            ¿Es posible estar feliz y triste al mismo tiempo? Las últimas semanas he comprobado que sí se puede, algo extraño y desgastante de experimentar. La situación es más intensa si la razón de ambos sentimientos es la misma. Es muy raro estar de fiesta por un lado y de luto por el otro, todo porque haces lo necesario para crecer como individuo aunque dejes atrás algo que también te hace feliz. Creo que todos aspiramos a madurar, pero irremediablemente hay un precio alto a pagar. Sé que estoy haciendo lo correcto pero no por ello la nostalgia de dejar tu casa atrás debe desaparecer.

            El Seis de Junio del año 2000 siempre será una parteaguas en mi existencia, entonces inicie un viaje que nunca creí que iba a ser tan largo ni tan trascendental, y estoy muy agradecido por ello. Mi llegada a la Disposición Logística de Volkswagen fue meramente circunstancial, porque nunca había sido mi sueño trabajar aquí, sin embargo dudo haber sido más feliz de haber acabado en otro lugar, por lo maravilloso que ha sido para mí laborar en este departamento.

Tras once años y ocho meses, hoy llega a su final esta etapa de mi viaje y, al mismo tiempo inicio otra, del cual desconozco su duración o intensidad, pero sé que voy a seguir dando lo mejor que tenga, tanto por mí como por mi primera casa en VW: La Disposición. Sin importar en donde estuviese, mi prerrogativa es dar mi mejor esfuerzo, ya que honro la educación que recibí y mi propia esencia. A partir de hoy no sólo voy a honrar la formación que me brindó mi familia sanguínea, sino que ahora voy a respetar, honrar o preservar el profesionalismo que aprendí de mi familia laboral, con todo lo que ahí viví (siempre en el mejor de los ambientes).

            La vida funciona de forma peculiar, durante cuatro años intente cambiarme a mi nueva área, pero nunca se pudo por distintas circunstancias. Hace unos meses, cuando deje de ser disponente, cese de buscar algún cambio ya que, suponía, iba a pasar un par de años en mis nuevas funciones. Dicen que cuando dejas de buscar las cosas llegan por sí solas. Me levante un Lunes cualquiera y visualizaba una semana común y corriente pero, tres días después, mi traspaso ya estaba acordado, todo fue resultado de pequeñas coincidencias que se fueron conjuntando y desembocaron en el cambio que ahora vivo.

“La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida” – de la Canción “Pedro Navaja” de Rubén Blades.

            No creo caracterizarme por ser alguien egoísta, sin embargo, así fue como me comporte con este cambio, lo cual me causó malestar con mi ahora exjefe, sobretodo por el compromiso que recibí de su parte y, tras sólo cinco meses, me iba a otra área. Mi educación y valores me hicieron pasar un mal rato, ya que se me enseñó a ser reciproco con la gente y sabía que no lo estaba siendo con él. A pesar de todo, fue muy comprensivo y generoso conmigo, ya que me permitió seguir adelante, lo cual constata su estatus de gran ser humano y de un muy buen amigo, ya que perfectamente pudo haber bloqueado mi cambio y no lo hizo.

Ya había aceptado la idea, pero la premura del cambio, me resultó impactante. Aunque iba a seguir viendo a mis amigos, me entristeció el saber que ya no íbamos a estar en el mismo lugar físico; en ese momento, me quede observando a las Lorenzas que se sientan frente a mí, a las mujeres con las que más convivo y quiero mucho. Estaban platicando alegremente, de esas cosas que califico como tonterías, aunque ellas también me dicen mis verdades y, por lo mismo, nos queremos mucho. Al verlas tan entretenidas, se me escapó una lágrima, porque no quería decirles que me iba.

De ser posible, me hubiera gustado guardar el secreto y dejarme de presentar un día de forma natural, como si me hubiera ido de vacaciones, y no escuchar lo que tuvieran que decir, simplemente dejando la vida fluir, sin palabras, sin despedidas ni procesos de adaptación, pero las aperturas y cierres de ciclos son partes inseparables de la vida. Cuando les dije a mis amigas, reaccionaron muy tranquilas, lo cual fue muy reconfortante para mí pero, conforme pasaron los días me fueron dando muestras vedadas de afecto, de manera particular, algún comentario, alguna señal, algún mensaje, cada cual me fue regalando muestras de cariño con sus propios estilos y, por ser de manera dosificada, pude resistirlos y no sentirme melancólico de golpe.

Debo reconocer la especial paciencia de mi amiga Lesly, ya que debió alucinarme las últimas semanas, mismas en las que estuve insoportablemente nostálgico (por no decir “chipil”) debido al apego hacia la Dispo que estaba experimentado y que no quería soltar. Quería seguir vigente en el departamento, seguir siendo parte de sus vidas y que fueran parte de la mía. Me negaba a aceptar mi baja en mi amada Disposición, quería mantener mi Status Quo y, al mismo tiempo, iniciar mi proceso de adaptación a Central de Pedidos.

“La costumbre es el enemigo del hombre, renovarse es el secreto de una vida plena” – Wilhelm Stekel

No es posible estar en dos lugares simultáneamente, puedes visitar uno con frecuencia pero, a fin de cuentas, todos necesitamos una base sobre la cual movernos. Ese apego fue disminuyendo cuando empecé a intercalar medios días entre ambas Gerencias, con un poco de resignación pero también de alivio, mi angustia bajó al ir conociendo mis nuevas funciones, lo cual me ayudó a dar este paso y aceptar mi partida de la Disposición, ya que era necesario aniquilar el sufrimiento de la resistencia y abrir los brazos al cambio.

            Hubo un par de féminas que me dijeron “Es que ya no nos vamos a saludar a diario”, esos rituales cotidianos te dan identidad: entrar por la misma puerta, recorrer el mismo pasillo y saludar a las mismas personas para iniciar la acostumbrada rutina de trabajo. Esas mismas vivencias que compartes con otros en un mismo punto, ya sea laboral, de juego o de amistad. Todos esas dinámicas que uno fomenta durante años y que, ahora se van a ir diluyendo con el tiempo, mientras que empiezo a crear otros lazos en mi nueva área.

            Partir de la Disposición me da miedo pero, por otro lado, también tengo altas expectativas de mi nuevo departamento y funciones. Estoy feliz por mi cambio, pero no se pueden negar los sentimientos que uno tiene por un lugar tan importante en su vida. No se puede apagar el corazón a voluntad, almacenar recuerdos y experiencias, para irme tan campante. Aunque tardé, asimile la idea y así ha crecido mi alegría por llegar a un lugar que, espero pronto, llamar mi nuevo hogar en VW.

Deje de ser Trabajópata hace unos años, pero sigo reconociendo este lugar como mi hogar: aquel en donde uno es feliz por lo que hace y por las personas con las cuales convive, mismas con las que se crean recuerdos profundos e inolvidables, a pesar de no tener una relación sanguínea, se crea un vínculo más poderoso que el laboral que originalmente los relacionó, debido a los lazos emotivos forjados en el proceso.

“Cuando aprendas a aceptar en vez de esperar, te llevarás menos decepciones” – Robert Fisher (“El Caballero de la Armadura oxidada”).

Cuando experimentas una partida tan trascendental, del mismo calibre que mudarse del hogar familiar, sabes que estás dejando un lugar especial. El día que partí del lecho materno me sentí muy feliz, porque iba a ser la primera vez que iba a vivir solo. Supongo que tenía algo de miedo, después de 25 años viviendo en familia, pero ni cuenta me dí por la egoísta emoción que me invadía al “ser grande”. Más que asustado, en esa ocasión, estaba rebosante de felicidad.

            Mi clase de japonés la disfrute cabalmente durante ocho años, ahí me rodee de una familia muy importante para mí. Sin embargo, el día que partí, no tenía ningún remordimiento porque abandonaba el idioma nipón para dedicarme a la Salsa como mi principal pasatiempo, así que tampoco mire atrás mientras iba felizmente hacia ese baile tan rico, mismo en el cual acabo de cumplir cinco años el pasado fin de semana.

            Cuando deje mi primer trabajo no me sentí mal, porque ése era mi plan: conseguir un año de experiencia y después irme (sin planearlo) a VW. Sólo experimente algo de nostálgica melancolía cuando salía de mis respectivas escuelas, al igual que la experimente al mudarme de casas, pero nada comparado a lo de esta ocasión.

            Una querida amiga me ayudó a clarificar mi sentir, además del sentido de pertenencia que tengo en la Dispo, hay algo más que dejo atrás: autenticidad. Al pasar tantos años en ese lugar, las máscaras o poses que utilizo son las mínimas, ya que me he ganado el respeto y/o tolerancia a mis formas de expresión, ya sean ridículas, cómicas, grotescas, ególatras, groseras, cursis y demás partes de mi personalidad que ya no era necesario cuidar, por toda la confianza que priva en el ambiente que hoy dejo. Eso no quiere decir que vaya a ser falso en mi nueva área, pero no voy a aullar de buenas a primeras como estaba acostumbrado en la Disposición.

“Nadie puede ser esclavo de su identidad: si surge una posibilidad de cambio, hay que cambiar” – Elliot Gould

            Como nunca he tenido hijos, ciertamente ignoro el dolor de ver partir a uno (aunque sentí algo parecido cuando mis perras se apartaron de mi lado). Cuando veía partir a amistades queridas al extranjero, los notaba tristes pero convencidos de lo que debían hacer. Hoy entiendo un poco más a todas esas madres que lloran cuando sus hijos dejan la casa o la tristeza de mis amigos que parten a forjarse un futuro mejor. Ambas situaciones pueden ser tristes, pero son positivas y necesarias en el ciclo de vida.

Cada año muchos se van del departamento, incluso de la empresa. Dentro de esas personas, he visto partir a cinco queridas amistades. Aún recuerdo los respectivos momentos en que me informaron que se iban, con solemnidad y algo de tristeza. En mi infinito egoísmo no alcanzaba a comprender su sentir y les decía con una facilidad pasmosa “¡Vamos! ¡Qué no se acaba el mundo!”, no veía que su existencia en el camino en que nos conocimos sí acababa., pero no lo entendía porque seguía en este lugar que ellos abandonaban, con mi misma vida, con mi mundo casi intacto. Ahora, que soy el que se va, comprendo cabalmente el sentimiento con el cual me informaron su decisión, porque era como morir (por lo menos en la Disposición). Felizmente sigo en estrecho contacto con cada uno de ellos, sin importarme que sean olvidados paulatinamente por aquellos con los cuales convivieron en este lugar.

            Sé que es tonto de mi parte, ya que sólo me mudo al departamento de al lado pero uno no puede dejar atrás doce años de su vida (sólo me faltaron cuatro meses para completarlos) y no sentirse triste por dicho suceso. Es chistoso como 30 metros pueden ser tan largos como un océano, pero resulta un sentimiento natural cuando dejas a tantas personas importantes al otro lado. Voy a seguir viendo a mis amigos todos los días, pero no es la distancia física la que me preocupa, sino la emocional, ya que ellos van a seguir creando recuerdos positivos y no positivos, pero ya no estaré ahí para compartirlos.

             Aunque nos vamos a seguir queriendo, cuando alguien deja un departamento, todos sabemos que ya no es igual que antes. Obviamente me voy a seguir llevando excelentemente con mis mejores amigos y amigas, pero el resto de la Gerencia ira pasando a otro plano, a uno más cordial y de menos confianza, pero es el ciclo de la vida que nadie puede evitar. De ahí mi proceso de luto por mi tiempo en la Dispo y por mí mismo que muero en ese lugar para renacer en otro. Es necesario un proceso de “muerte” en la Dispo para poder iniciar limpio de apegos en Central de Pedidos (mi nuevo hogar laboral), pero seguiré visitando mi antigua casa.

“Todo fluye, todo cambia, nada permanece. No podemos bañarnos dos veces en el mismo río” – Heráclito de Efeso.

A pesar de todo lo escrito, estoy feliz con mi decisión, porque voy a otro gran departamento, diferente y conocido, ya que tengo la fortuna de llevarme bien con la mayoría y es un muy buen lugar para trabajar. Ahora voy a formar parte de otra familia. Crecer se trata de tomar las decisiones correctas para tu vida, para actuar como adulto al elegir lo mejor para uno.

Había ocasiones en la que afrontaba los problemas típicos de la Dispo y expresaba abiertamente “¡Ya no quiero lidiar con esto!” o “¡Ya me tienen harto estas tonterías!” o un honesto “¡Aaarrrggghhh!!!” o un “¡Aaaaauuuúúúúú´!”. Ahora sí, ya no voy a lidiar con eso que me estresaba en mayor o menor medida. Lo irónico del asunto es que hasta cierto afecto les tengo a esas problemáticas que dejo atrás, aunque no por mucho tiempo, porque ahora enfrentaré situaciones nuevas y sé que también aprenderé a lidiar con ellas.

Vivir es un cambio constante, de retos nuevos, lo cual nos hace encontrar nuevas soluciones y mejorar como humanos. Si se tratara de permanecer en lugares en donde te sientes cómodo y feliz, nadie saldría de la casa de sus padres, de su país y ni siquiera cambiaríamos de trabajo, no nos casaríamos, ni tendríamos hijos y mantendríamos una vida estable y redundante. El tener nuevo retos y aprender nuevas actividades es parte del crecimiento. Hoy mismo me sentí feliz ya que, tras una junta en mi nueva área, empecé a vislumbrar algunas ideas que tengo para desarrollar y la ganas de iniciar cuanto antes ya que quiero seguir siendo productivo para esta gran empresa que amo.

Este escrito es meramente catártico, sirve para desahogar todo eso que tengo por decir y que se lo debo a una gran Gerencia. Me quiero ir “limpio” mediante un homenaje a lo que vivimos juntos, porque también es humano tener miedo e incertidumbre ante las nuevas etapas de la vida. Ahora sólo me queda ir hacia delante, lo cual no significa que vaya a olvidar todos los gratos y bellos recuerdos que experimente en mi primer hogar en VW y, por lo mismo, reconozco toda la felicidad que ahí experimente tras casi doce años.

“Agua que no fluye, se estanca” - Confucio

Muchas gracias por todo Disposición. Gracias por las risas, por las lágrimas, por los viajes, por los abrazos, por las fiestas, por las bromas, por los aullidos, por el escándalo, por el aprendizaje, gracias por su compañerismo y por su gran amistad. Estoy muy agradecido por todas esas horas de diversión que hicieron mi trabajo una auténtica delicia. Con los dedos de una mano cuento las veces que no fui feliz de venir a trabajar, rodeado de todos ustedes.

Fui muy afortunado de trabajar tantos años al lado de tanta gente valiosa, con un grupo impresionante y sui géneris, con sus respectivos defectos pero con cualidades o virtudes que los sobrepasaron por mucho los aspectos no positivos. Muchas gracias por todos los recuerdos, por hacerme madurar, por todas esas experiencias inolvidables y que han ayudado a forjar mi carácter, me hicieron crecer al aprender tanto de la vida.

Debido a todo lo que experimente fui capaz de librarme de muchas cargas que traía, y es que cada uno de ustedes habrá aportado algo de lo que soy en la actualidad. No me imagino quién sería hoy de no haber trabajado en este maravillosa Gerencia. Estas líneas son una pequeña muestra de todo lo que han significado para mí y, a pesar de ello, creo que nunca podré pagar todo lo que recibí de este gran lugar, y es que aprendí, crecí y madure como nunca antes. En verdad estoy muy orgulloso por haber trabajado con cada uno de ustedes y haber intercambiado sonrisas, bromas, albures, comida, apoyo y demás muestras de camaradería.
 
            Ahora sigo mi camino, este punto en el cual separo mi andar del de ustedes, un día que nunca pensé que llegaría pero nada es para siempre. El hecho de que los siga viendo es un bálsamo para mi alma y corazón, seguiré de cerca su evolución, a pesar de ya no formar parte de su maravilloso departamento.

“No deberíamos intentar frenar la piedra que ha empezado a rodar cuesta abajo; lo mejor es empujarla aún más” – Friedrich Wilhelm Nietzsche

Aquel mes de Junio del 2000 entro un joven inmaduro e inexperto de 23 años, a un departamento que, de primera impresión, le pareció muy agresivo y, por lo mismo, intimidante. Muchas personas han cambiado a lo largo de los años pero la esencia divertida y sarcástica del lugar sigue vigente, debido a la naturaleza de las funciones. Hoy que salgo como un hombre de 35 años, y un poco menos inmaduro, tengo que reconocer que estos doce años de mi existencia han sido los más importantes que he vivido hasta el momento y me alegro que así haya sido.

Gracias por todo Disposición, ¡jamás los olvidaré!.

Hebert Gutiérrez Morales.

1 comentario:

Qcho dijo...

Heberto:
“Cuando uno comienza a preguntarse si es hora de irse, es que ya se pasó la hora de irse. Willam Rotsler.”
Es complicado alejarse de tantos y buenos recuerdos, en tu pasado escrito compartíamos acerca de ese proceso de los amigos que en realidad solo son compañeros laborales, de escuela o de rutina, pero que al final del día transforman de alguna manera directa o indirecta tú vida. Dicho proceso lo viví cuando me mude por trabajo, fue raro despedirse de un lugar en cual como trabajopata me era meramente necesario, como pase los primeros meses mantenerme al pendiente de los sucesos de lo que ocurría en mi antigua casa, lentamente por tiempo y las actividades se diluyeron las ganas como los compañeros-amigos.
Allá encontré gente muy buena, con la que forme una nueva familia, mientras la de aquí se diluía por la falta de tiempo, incluso la relación amorosa igual se complicó, de hecho mantengo más contacto con amigos que deje en la sierra que con los que tenía en mi trabajo aquí.
Y bueno, como dice Espinoza Paz - Me hare pasar por un hombre normal, que pueda estar sin ti, que no se siente mal y voy a sonreír, para que pase desapercibida mi tristeza, claro, es una canción de desamor, pero en esencia viene siendo lo mismo, mantener tranquilo pensando que las cosas deben seguir su tradicional curso.
Lo curioso o chistoso es que varios amigos los cuales se fueron en el proceso de mi crecimiento laboral, son los que ahora me cobijan en este nuevo proyecto de vida.
Suerte mi estimado Heberto. Que la fuerza te acompañe jejeje