sábado, 31 de marzo de 2012

La Sombra del Viento

“Un libro es un espejo, sólo podemos encontrar en él lo que ya llevamos dentro, al leer ponemos mente y alma, y esos bienes son cada día más escasos” – Beatriz (“La Sombra del Viento” de Carlos Ruiz Zafón)

Cuando mi gurú literaria (y una de mis amigas más queridas y admiradas) Lesly me dice: “Hebert, ¡debes leer este libro!” Es que hay algo valioso a la vista. Sin embargo, nunca pensé que me iba encontrar con algo estupendo, una muestra de magnífica y enviciante literatura como “La Sombra del Viento” de Carlos Ruiz Zafón (CRZ a partir de este momento).

                Parte de mi neurosis literaria consiste en leer la obra integra (sin incluir las cuestiones legales o los datos de impresión), así que me chuté todas las reseñas recopiladas al inicio de la publicación, de hecho, gracias a tantos comentarios tan desbordados, la odie antes de empezar a leer con el pensamiento “¡Pinche libro! Donde me salgas que no eres tan bueno ¡te voy a desechar de inmediato!”, afortunadamente merece todos esas alabanzas y aún más, ya que está entre los tres mejores que he leído en mi vida.

                Te encuentras con un estilo muy agradable y cómodo, el cual resulta sencillo y, al mismo tiempo, muy elegante. Desde el mismísimo inicio ya vas experimentando ese toque de melancólica nostalgia, misma que te van a ir dosificando a lo largo de la obra y que es de lo que más agradeces: esos momentos en que te conmueves y sueltas un “¡¡¡¡Aahhh!!!” acompañado con alguna lagrimilla, y es que CRZ es un genio auténtico para transmitir esos sentimientos que todos hemos experimentado, pero pocos saben cómo expresarlos y aún son menos los que lo pueden plasmar de forma tan magistral en una obra.

“A veces creemos que la gente son billetes de lotería: que están ahí para hacer realidad nuestras ilusiones absurdas” – Isaac Monfort (“La Sombra del Viento” de Carlos Ruiz Zafón)

La manera de manejar la historia es soberbia, poco a poco van ingresando los personajes, los vas saboreando y te los vas imaginando, cada cual con su singular personalidad que resulta cautivadora. Del mismo modo se va armando la historia alrededor de este desmenuzamiento de caracteres. Es como si encontraras un hilito suelto y lo empiezas a jalar de a poco, y cada vez hay más y empieza a cambiar de color y textura. 

Esta historia es camaleónica y muy versátil, ya que encuentras de todo: misterio, amor, crueldad, amistad, suspenso, terror, venganza, honor, asco, frustración, desesperanza, tranquilidad, melancolía, ternura, comedia y demás. Imposible mantenerse indiferente ante superlativa obra. Un buen libro se califica por los intangibles que te proporciona, independientemente de la publicación física en sí, y de las ideas plasmadas en la obra, agradezco todos esos momentos que me hacían cerrar de golpe el libro, así me tomaba un momento para meditar lo ocurrido y retomaba la aventura.

Las historias de Julián Carax y Daniel Sempere son las principales que, sin darse uno cuenta, se van transformando en una sola, a través de coincidencias que resultan la delicia de todo lector. Sin embargo, hay decenas de historias que se van desarrollando a lo largo de las páginas, mismas que van complementando toda esa magia que este libro te regala: es como si fueras en un gran pasillo con un montón de puertas y, conforme vas avanzando, vas entrando a cada una, la recorres y regresas al corredor principal con un poco más de experiencia.

“Lo bese en la frente, como si creyera que con aquel beso podría engañar al tiempo y convencerle de que pasara de largo, de que volviese otro día, otra vida” – Daniel Sempere (“La Sombra del Viento” de Carlos Ruiz Zafón)

                A esta altura voy a aclarar que no les voy a destripar NADA relevante dela obra, porque todos merecemos disfrutarla sin que algún imbécil nos diga qué pasa y, aún con ese detalle, las sensaciones y reflexiones que me provocaron bastan y sobran para este ensayo.

                Al inicio me fui identificando con todas las tonterías que cometió Daniel Sempere, y me sentía muy molesto, porque compartía esas estupideces que uno hace en nombre del amor (o lo que uno confunde con amor) y por las cuales uno empieza a recibir sus primeros maltratos sentimentales.

                Una cosa es tener talento para plasmar una historia de forma genial, pero algo muy distinto es tener la brillante inteligencia que demuestra CRZ a lo largo del texto: ¡es un filósofo moderno!, toda la historia está plagada de sabiduría de vida, de frases que rayan en lo soberbio. Gracias a todas esas ideas me tarde más en la lectura (hecho del cual no me quejo), primero al releerlas, segundo al saborearlas y tercero al transcribirlas para mis Frases del día.

“Lo difícil no es ganar dinero, lo difícil es ganarlo haciendo algo a lo que valga la pena dedicarle la vida” – Miquel Moliner (“La Sombra del Viento” de Carlos Ruiz Zafón)

                Si hacemos memoria, muchas de nuestras relaciones más importantes se han dado por maquinaciones del destino, esas personas con las cuales no pensaríamos que algún día tendríamos tan estrecha relación y que hoy nos resultan vitales. De igual forma, en esta historia, unos se van conectando con otros que, en circunstancias normales, jamás se hubieran cruzado. Lo mágico de este libro es que expresa lo ordinario de forma extraordinaria, no hay ningún personaje inverosímil, todos son humanos de carne y hueso, pero brillantemente delineados y planteados que parecerían los mejores de cualquier novela (y probablemente lo sean).

                Para escribir este ensayo, he tenido que releer alguna partes del libro y, felizmente, me doy cuenta, que lo voy a tener que volver a leer en su totalidad, y es que los diálogos y situaciones toman un sentido totalmente distinto a la primera vez que los vives. Al ser una obra tan indescifrable, uno le va dando ciertos matices a algunas situaciones, cuando en realidad tenían otros distintos. Ese es otro hecho que agradecer a CRZ: te regala dos lecturas diferentes del mismo libro, algo que muy pocos tienen el talento para lograr.

                Nunca he estado en España, por lo tanto no conozco Barcelona, los que han estado ahí me dicen que es una ciudad mágica, llena de arte, con un saborcillo muy bohemio y agradable. Gracias a CRZ, me quedaron unas ganas inmensas de conocerla, por la forma en que describe su esencia, sus calles, sus plazas, sus cafés, sus lugares emblemáticos. Antes de este libro nunca había tenido a Barcelona en la mira de mis sitios a conocer, después de leerlo, está en la parte alta de la lista.

“Esa lucidez firme y tajante de los locos que se han librado de la hipocresía de atenerse a una realidad que no cuadra” – Nuria Monfort sobre Miquel Moliner (“La Sombra del Viento” de Carlos Ruiz Zafón)

                Aunque TODOS los personajes son soberbios, incluidos los “malos”, tengo predilección por tres: Fermín Romero de Torres es una delicia de esta obra, creo que me la puedo imaginar sin cualquier otro carácter menos él, ese desparpajo para expresarse, esa leal malicia para maquinar sus planes, esa picardía para actuar, creo que no ha de haber lector que no se haya enamorado de tan carismático personaje y sus inseparables Sugus de limón. Miquel Moliner me regaló varios momentos de amistad, de gallardía, de lealtad, de integridad y de humanidad, es la personificación del amigo por excelencia, que te apoya en tus sueños e ideales y que es capaz de darte hasta la vida para que logres tus metas, y no es que sea alguien con poco amor propio, es que tiene un interior tan rico, basado en sus necesidades profundas (y baratas), que tiene mucho que darte si encuentra otra alma igual de excelsa a la suya.

Finalmente, aunque no menos importante, Nuria Monfort, la melancólica elegancia en el alma de esta mujer hace imposible que no te enamores de ella o, por lo menos, de sus valores e ideales. Su carta a Daniel me brindó varios momentos conmovedores, me hizo vibrar en otras tantas ocasiones y acabe lamentando su destino. Al ver a personajes como estos uno se pregunta “¿Dónde están las Nurias Monfort, los Miquels Moliner o los Fermínes Romero de Torres del mundo? ¿Acaso nuestra prostitución ha llegado a tal grado que ya no hay personas valiosas y auténticas en esta sociedad de mierda? ¿Ya no hay valores reales (y no poses moralistas) que respalden su existencia?”

Hay un dicho que dice que no dejamos de jugar porque envejecemos, sino que envejecemos porque dejamos de jugar, yo adaptaría esta frase y diría que envejecemos porque dejamos de emocionarnos. La lectura te va atrapando, en cada nuevo pasaje, cada nuevo personaje, cada nuevo pedazo de historia que vas descubriendo, cómo se va desmarañando la vida del enigmático  Julián Carax, experimentas una ansiedad bastante rica por saber “Y ahora ¿qué va a pasar?”, es muy contradictorio: por un lado quieres terminar tan pronto como sea posible pero, por el otro, quieres que tan maravillosa aventura sea eterna, todo por esa necesidad neurótica de mantener las cosas que nos gustan por el resto de los tiempos (Cuando TODO en esta vida tiene fecha de caducidad).

“El tiempo pasa más aprisa cuando más vacío está (uno). Las vidas sin significado pasan de largo como trenes que no paran en tu estación” – Nuria Monfort (“La Sombra del Viento” de Carlos Ruiz Zafón)

Algo que comparte CRZ con mis autores favoritos es esa manera de describirte los ámbitos en que se desarrolla la acción, esa elegante forma de degustar una escena, las expresiones de esa gente sin nombre ni injerencia en la historia, las apariencias de los lugares en que cruzan los protagonistas, el clima que priva y las sensaciones que despiertan a quienes lo experimentan. Es como la vida misma, no se trata de estar lleno de momentos extraordinarios para que sea buena, sino encontrar lo maravilloso que cada momento rutinario de nuestra existencia tiene y que nos hemos vuelto ciegos para percibirlos o saborearlos.

                La historia, que a veces se torna de amor, en otras de suspenso, en otras de comedia y al final hasta parece telenovela de Telerisa, es ordinaria. Sin embargo, es la forma de contarla lo que la hace extraordinaria, son todos esos finos detalles que te van nutriendo y te hacen pedir más, esos matices que va adquiriendo una historia sencilla que la convierten en una historia sofisticada mas nunca pedante, porque la elegancia no es exclusiva de libros incomprensibles e inaccesibles al lector común. Me siento abrumado por lo virtuoso del autor para hacer una obra tan perfecta, que lo tiene todo, en donde no sobra ningún detalle ni tampoco echas de menos algo. Te da esa sensación de agradecimiento que alguien haya tenido ese genio para escribir algo así y también sentirte afortunado de leerlo.

                Culturalmente, por lo menos en Occidente, estamos acostumbrados a los finales felices (que nos predisponen a buscarlos mágicamente en nuestra propia existencia y eso nos torna infelices, pero ése es tema de otro ensayo). Ciertamente la obra tiene un final feliz pero no sé si yo estoy feliz con el mismo (que me supo algo comercial); como mencione más arriba parecía capítulo final de telenovela mexicana, en donde súbitamente todos son felices para siempre. Creo que es un buen final, aunque no a la altura del 99% de la obra, sin embargo no desmerece ni hace menos a tan fenomenal libro. Sin embargo, sí me fui con un sabor de boca súper dulce con la última escena, que es una calca de la primera y no hizo más que sacarme lágrimas de una nostálgica felicidad de haber vivido tan grata aventura y es que me sentí vinculado a todos estos maravillosos personajes que hicieron mi existencia muy dichosa a lo largo de 569 páginas.

“Recuérdame, aunque sea en un rincón y a escondidas. No me dejes morir. Mientras se nos recuerda seguimos vivos” – Nuria Monfort a Daniel Sempere (“La Sombra del Viento” de Carlos Ruiz Zafón)

                Cuando leo grandes obras como ésta, les soy sincero, me siento ridículo con mis ensayos, veo a esta gente con talento tan dotado y me llego a preguntar “¿A qué estás jugando?”, afortunadamente no recibo dinero alguno, porque ahí sí me sentiría mal. Por lo mismo siempre agradezco a los que me leen y comentan porque soy un escritor amateur y me regalan algo de su tiempo. Pero también recibo una inspiración extraordinaria de estos genios de la literatura para, algún día, emularlos: ser capaz de despertar emociones tan intensas como las que ellos me regalan y por eso me esfuerzo para mejorar en mi estilo, autenticidad y contenido (si lo logro o no, eso no me corresponde a mí calificarlo).

                Al terminar de leer esta fenomenal obra me encontré en la disyuntiva sobre si quería seguir leyendo a CRZ: por un lado tenía esa ansiosa necesidad de conocer más de sus escritos pero, por el otro, temía llevarme una desilusión al ver que había disfrutado de su obra maestra y nunca volver a experimentar algo igual. Obviamente vi lo ridículo de este dilema y ahora estoy encaminado a conocer más libros de este talentoso autor, aún sin importarme que no vuelva a alcanzar el nivel de “La Sombra del Viento”, y es que una publicación así sólo se encuentra una vez en la vida.

                Hebert Gutiérrez Morales

4 comentarios:

angelis dijo...

sin duda, parece un libro interesante, y me has provocado un deseo grande de leerlo, asi que lo primero que haré en estos días que salga será sin duda buscar esta obra, gracias por compartir la con nosotros.

varelad1 dijo...

Hola Hebert,
También despertaste mí un gran interés en leer este libro de este jóven y afamado escritor español.
Además de tu ensayo, leí un poco de su biografía y del gran revuelo internacional que causó su obra: "La Sombra del Viento", así que será mi próximo libro a leer y después lo comentamos.
Un abrazo.
Daniel

Qcho dijo...

Mí estimado Heberto:
Pues sin duda parece un excelente libro que te puede cautivar desde su primera hasta su última página, pero como dicen por ahí, no me puedo esperar ¿a que la saquen en película?
La verdad, no me hubiese gustado leerlo en estos momentos donde el tiempo que dispongo es por una razón mayor a la que quisiera, pero lo voy a buscar.
Sobre lo que escribes me recordó mucho a varias películas… la prima fue Media noche en París el encontrarte en tu tiempo adecuado, pensar quién eres el momento que habitas y no buscar tu edad de oro y ya apegado a la cuestión de novela la de ONE DAY, que aunque no tiene un final feliz como muchos lo hubiésemos querido, resulta firmemente en hecho de que el amor cuando es verdadero no importa el momento o el lugar, siempre estará ahí.

Anónimo dijo...

Tal fue la manera que me atrapó la lectura del libro que hay un par de capítulos en la Barcelona antigua donde llueve... y llueve... y llueve, que por la mañana me levanté algo carrereado (por haber dedicado un poco más de tiempo a la lectura del libro) y sin pensarlo tomé del guardarropa camisa negra de manga larga y salí al trabajo... con 24 grados por la mañana de un día soleado y ya en el camino pensé ... "ah no pos si sta gueno el libro".

Un saludo y gracias por las recomendaciones literarias.
EL POKEMON