domingo, 24 de junio de 2012

Las programaciones sociales


            Hasta el día de hoy no he conocido a una mexicana que no quiera una gran boda, en una Iglesia esplendorosa, con el vestido más caro posible al igual que los anillos (tanto de compromiso como de matrimonio) y una suntuosa fiesta. Como la mayoría no somos ricos, esto se realiza en contra del sentido común que dictaría “Oye, ¿podríamos hacer una celebración más pequeña e íntima? Con ese dinero podríamos dar el deposito de una casa o arreglar la que tenemos”. Al contrario, porque las personas más limitadas económicamente son las que más se endeudan para tener su fiestota, la cual va a durar un día, pero las deudas los pueden llevar a una prolongada precariedad económica.

Muchos me dicen que así es la zona centro del país (en la cual vivo), en donde el ambiente es más denso, estresante y falso a comparación del norte o del sur. Y es que aquí se les educa a las mujeres que el día de su boda es el más importante de su vida, como si a partir de ese momento estuvieran habilitadas para ser felices.

Esto viene de otra programación social, como lo es el tener pareja, si careces de una eres una especie de bicho raro. He sido tachado de gay, asocial, cobarde y tantas cosas por no tener una mujer a mi lado; ciertamente tengo miedo de relacionarme, pero no hay nada de malo al estar solo. Aunque exprese que la soledad me acomoda bien, la gente no entiende e insiste en el tema, porque DEBO tener una relación. Ahora la presión que recibo es nada a comparación de la que sufren las féminas en este país.

A partir de la adolescencia de las chicas, si no tienen novio, son presionadas y criticadas. Si pasados los 25 años no hay un esbozo de matrimonio futuro, son censuradas y agobiadas con preguntas. Aún estando casadas, si no tienen hijos, los cuestionamientos son incesantes y, peor aún, no pueden decidir quedarse con sólo un engendro, porque la sociedad les exige tener, al menos, otro más.

Esto no se acaba con los hijos, continúa con la educación de los mismos, la forma de vestir de la familia, los lugares y amistades que frecuentan, la manera de pasar su tiempo libre y demás. Pareciera que sólo hay una manera única y correcta de hacer las cosas, la cual es universal y sin posibilidad de buscar las alternativas que a uno mejor le acomoden. Inconscientemente la gran mayoría trata de adaptarse a estas reglas.

Es factible que uno esté mal en su accionar, no lo niego, pero ¿dónde queda el respeto al libre albedrío, a la personalidad y a la individualidad? Creo que, mientras no se dañe a terceros, uno es libre de proceder como mejor le parezca. Todos hacen como que respetan, porque es la postura correcta ante la sociedad, en realidad casi nadie respeta al prójimo en su proceder.

Perpetuamos comportamientos sociales que nos fastidiaron a nosotros y ahora fastidiamos a los de atrás. “¿Cuándo te vas a casar?” “¿Por qué no tienen hijos?” “¿Por qué sólo uno?” “¿Acaso hay algo mal contigo?” “¿Quién va a ver por ti en tu vejez?” y demás estupideces de sobra conocidas. No podemos tener un comportamiento leal, tal vez a nosotros nos aplicaron este “terrorismo moral”, pero no hay necesidad de mantenerlo y, sin embargo, lo seguimos haciendo.

Hace tiempo, platicando con mi madre, se puso a criticar a una chica de nuestra familia, argumentando que tenía una relación con un hombre diez años mayor, y ahí empezó la discusión. Ese prejuicio materno heredado lo he desterrado desde hace tiempo, pero hubo una época en la que me sentí culpable por tener una novia cuatro años menor. Hoy en día he salido con mujeres trece años más jóvenes sin ningún problema, cuando antes ni lo hubiera considerado. Es obvio que mi madre, como gran parte de su generación, ve con malos ojos tanta diferencia de edad, ya que considera que las divergencias son muchas e insalvables, para mí es muy práctico que la mujer sea menor que yo, ya que ellas tienden a madurar antes que el varón.

Hay programaciones para lo que debes pensar, decir, sentir, hacer, expresar, vestir y demás. Si dices algo contrario a esto, que se considera políticamente incorrecto, serás tachado de escoria social. Si no compartes sus creencias también eres tachado de ignorante y hereje. Si no tienes costumbres parecidas a lo común, hay algo mal contigo. Si no te gusta lo que a la mayoría sí, entonces vives en el error automáticamente. Si te sales del libreto, hay algo mal en tu cabeza.

La sociedad nos asigna roles como que el hombre siempre debe abordar a la mujer porque, si ella se atreve a hacerlo, será tachada de mujer fácil, ya que no se está dando a respetar. Al final la mayoría somos cuadrados y simplemente desempeñamos el rol asignado, así que renunciamos a ser lo que queremos o a expresar lo que sentimos.

Un ejemplo del inconsciente colectivo: cuando comemos fuera de la empresa, generalmente las mujeres en automático se van a la parte de atrás del auto y los hombres al frente, sin ninguna negociación previa. Este insignificante hecho aún es muestra del machismo presente en la sociedad actual y, como ya escribí en otra ocasión, las mujeres mismas son las principales promotoras.

El catorce de Febrero es un ejemplo clásico de las obligaciones sociales asignadas. Muchos “tienen” que comprar algún regalo, además de llevar a cenar (a un buen lugar, no los taquitos de la esquina) a su pareja el famoso día de San Valentín ya que, de no hacerlo, quiere decir que no la aman. Es factible que sea un amargado, y no lo refuto, o tal vez el resto están perfectamente adoctrinados porque esa fecha es una más de todas esas conmemoraciones creadas por la mercadotecnia y el consumismo.

Si las personas fueran conscientes de que aproximándose esa fecha todo se encarece y los restaurantes están a reventar, en lugar de pasarse un buen rato, se estresan por los tumultos y los precios exorbitantes, perfectamente podrían hablar con su pareja y decirle: “Mi amor, ¡Te quiero mucho! Pero, para centrarme en ti y no en las molestias, ¿Qué te parece que te invite a cenar el 15 de Febrero?” y esa cena especial también puede ser el 20 de Marzo, 17 de Abril o cualquier otra fecha, porque cada día es bueno para honrar el amor, a la madre, al maestro, a la patria y demás celebraciones que se han fijado en el inconsciente colectivo con que sólo hay una ocasión única para festejar.

Creo que somos capaces de razonar, ojalá alguien se detuviera a analizar lo ridículo del comportamiento masivo debido a una fecha impuesta por el mundo comercial. A pesar de que no festejo la Navidad, sí le compro ropa a mi madre y hermana, pero esperamos hasta Enero; entonces andamos tranquilamente en la tienda, ellas compran más prendas (ya que están de rebaja) y nos la pasamos muy bien, y la diferencia son un par de semanas.

En el caso de las Bodas, primera comunión, bautizos, XV años o cualquier otro evento, no me opongo que la gente celebre lo que considera importante. Pero ¿Por qué los involucrados no razonan el motivo de dicha celebración? ¿Qué tiene de malo reunirse con la gente realmente importante? Aquellos que en verdad se alegran de nuestro acontecimiento, ¿Por qué es necesario “inflar” las fiestas con una cantidad ingente de invitados? Esos mismos con los que compartimos un sentimiento mutuo de importancia relativa.

En el caso específico del matrimonio, ¿Qué impide hacer una ceremonia pequeña e íntima? Así el resto del dinero puede ser usado para arrancar la vida en pareja, con tanto por invertir para el futuro. ¿Por qué esa necesidad de apantallar a los que no nos importan con los recursos que no tenemos? Si quieren gastar, mejor hacerlo en una Luna de Miel inolvidable en donde se invierte en los dos durante unos días, en vez de con un montón de gente sin importancia en una fiesta.

Si las celebraciones fuesen más pequeñas, se disfrutarían más. Cuando me case, a pesar de ser menos de 100 invitados, no disfrutamos plenamente la fiesta: nos preocupaba la gente que no llegaba, la música, la comida, quién se sentó con quién, el programa del evento y demás tonterías que eran simples accesorios del festejo principal. Una reunión pequeña es mejor, porque tienes la oportunidad de convivir con los que realmente quieres, en un mejor ambiente, con un gasto menor y tener lo suficiente para iniciar la vida marital. Se imponen intereses que no son los propios en vez de privilegiar el sentido común y lo que realmente quieren, o pueden pagar, los individuos.

            Tocando temas climáticos, tal vez porque me bañe con agua fría, o probablemente porque intento alejarme de la opinión generalizada, pero si verifican la información histórica, queda demostrado que la temperatura global ha ido aumentando en los últimos años, por lo que los inviernos ya no son tan fríos como solían serlo.

            A pesar de esta información, de acuerdo a la generalidad, siempre que llega el invierno salen con el clásico comentario “¡Este invierno hace más frío que el anterior!”. Recuerdo que en mi niñez y adolescencia el frío era mayor al de la actualidad, tanto que tiene bastante años que no uso una chamarra. Es factible que mi observación también sea subjetiva pero al bañarme con agua fría durante todo el año, les aseguro que, cada invierno me resulta más fácil que el anterior. Puede ser la costumbre de dos décadas o que en realidad la temperatura se está incrementando año con año. A fin de cuentas, como todo el mundo repite que el presente año hace más frío que el anterior, todos se lo acaban creyendo, aunque no sea cierto

            "62400 repeticiones hacen una verdad" - Aldous Huxley (Un Mundo Feliz)

            A pesar de que me encantan las cosas dulces, en mi niñez nunca acostumbramos postre después de los alimentos, es más la sopa era una aberración que algún depravado creó sin sentido alguno (Mafalda hubiese sido feliz en mi familia). De hecho optábamos por doble o triple guisado. La sopa y el postre entraron a mi vida al mismo tiempo que VW, ya que en los comedores nos dan sopa, guisado, guarniciones y postre; fue cuando aprendí a ingerir algo más que plato fuerte; comer sopa no me agradaba, pero nunca me ha gustado desperdiciar la comida.

            Sin embargo, en mi viaje a Alemania, hubo un punto en el cual anhelaba la sopa, y hasta me extrañe “¿En qué momento se volvió importante para mí?” y lo mismo pasa con el postre, en la actualidad necesito algo dulce para cerrar mi comida, lo cual sirve de señal a mi organismo de que ya acabé. Para ser alguien que vivió más de dos décadas sin postre ni sopa, sólo bastaron unos cuantos años para reprogramarme (aunque sospecho que ya lo estaba desde el primero). No cabe duda que los humanos somos animales altamente amaestrables.

            Como lo mencionado en ”Mis Vecinos”, en las culturas latinas recibimos una fuerte educación que nos inculca que sólo existe una deseable meta que se nos obliga a perseguir: casarse, tener hijos, poseer una bonita casa, coches, jardín, perro, un buen y respetable trabajo que te dé un existencia estable y/o digna (estos son los requisitos mínimos). Como es el único camino a una vida perfecta, todo lo demás es descalificado. Tampoco lo son las opciones “incompletas” de esa versión de felicidad: es necesario el matrimonio, la pareja heterosexual, los hijos (en plural), la casa o el trabajo.

            Obviamente hay muchas personas que han conseguido esa vida “perfecta” y no cuestiono su potencial felicidad, sólo digo que es estúpido establecer, dogmáticamente, que sólo hay una sola felicidad. Y a pesar de todo, sin importar que me indigna esa postura social, por mi propia programación, también anhelo ese tipo de vida, lo cual me enfurece.

            Hace un par de meses pase nueve días continuos sin trabajar, durante los cuales el contacto con otros homínidos fue casi nulo. Me levantaba sin tener noción de la fecha o el día que era, al no tener mi rutina establecida me resultaba difícil recordar el día en qué vivía, esto aunado a que todo lo que hice (leer, escribir, nadar, correr, ir al cine o bailar) eran actividades lúdicas que no me representan ningún estrés. Es más, un día hasta me asuste porque pensé que se me había pasado la fecha de regreso al trabajo.

            La experiencia fue maravillosa, estaba feliz de cada día vivido, y no porque fuera Miércoles, Domingo o Viernes. Simplemente amanecía y estaba feliz de no estar programado a reaccionar de tal o cual manera sólo porque es Lunes o es Sábado. Hasta en eso tenemos programaciones, estoy seguro que la mayoría odia los Lunes, por tener que ir a la escuela o al trabajo y, al mismo tiempo, aman los Sábados, por no tener que ir. Y eso nos limita ¿Por qué no podemos ser felices en Lunes? ¿Por qué debemos serlo en fines de semana forzosamente? ¿Por qué deprimirnos si el día está nublado? ¿Un día soleado nos garantiza la felicidad? ¿Por qué no disfrutar el día por lo que es, no por cómo se llama? Es maravilloso vivir un día más, algo que no todos pueden decir.

            ¿Por qué necesitamos una bandera, un signo zodiacal, un logotipo, un escudo, un rol, una religión, una ideología política, un adjetivo y demás límites que nos definan? Tal vez, el humano actual, enloquecería sin ellos. Son tantas las posibilidades que perderíamos la cordura o, tal vez, viviríamos en ese mundo anhelado en el que podemos ser nosotros mismos y dejar a los demás serlo.

Los círculos de poder (religiones, corporaciones, gobiernos, medios de comunicación  y demás) nos han impuesto ese cuadradito en el cual podemos movernos “y no más de eso”. ¿Por qué? Supongo que todo esto nació con la propiedad  privada y se fortaleció con el capitalismo. Me parece que esos paradigmas fueron establecidos hace tanto tiempo que ya nadie los cuestiona y, sin embargo, continuamos perpetuándolos sin importar lo miserable que haga nuestra existencia.

            Hemos nacido dentro de esas limitaciones y programaciones. Creo que somos capaces de desprogramarnos y vivir como queramos pero, al mismo tiempo, creo que nadie se atrevería a hacerlo para no ser el “inadaptado social”, sin importar que eso signifique una auténtica felicidad.

            Hebert Gutiérrez Morales

10 comentarios:

varelad1 dijo...

Hola Hebert, muy interesantes tus reflexiones y coincido en varias de ellas. Personalmente me gusta mucho la cultura fiestera de los mexicanos y particularmente la generosidad de los menos favorecidos económicamente. Las fiestas en las que mejor me he sentido son precisamente en las más "modestas" pero a la vez son las más completas.
Coincido contigo en la gran cantidad de paradigmas y programaciones sociales que padecemos generación tras generación en nuestro país. Espero que algún día seamos tan maduros socialmente que no sea necesario fijarse o juzgar si un comportamiento es adecuado o no, simplemente respetarlo y celebrar lo que significa una valiosísima diversidad. Un abrazo, Daniel

Qcho dijo...

Mi estimado Heberto:
“El que no quiere razonar es un fanático; el que no sabe razonar es un necio; el que no se atreve a razonar es un esclavo - William Drumond”.
Hay que aceptarlo todos tenemos algo de fanáticos en este mundo, incluso cuando tratas de revelarte contra él, tarde o temprano terminamos por ocupar un espacio dentro de esas filas a las que tanto nos revelamos, tampoco hablo que tratemos de ser conformistas con el asunto, en esencia debemos mantenernos firmes con lo que somos, con lo que queremos y que planeamos hacer.
Como en todos tus escritos vamos de un punto al otro pero siempre manejando lo definido, en este caso nos fuimos desde las mujeres y el matrimonio hasta porque odiamos los lunes, del primero puedo decir que en cierto puntos es un reflejo de los padres y como dices tú, de las condiciones sociales que se pintan siempre, el hecho principal es que sus princesas siempre sean tratadas como reinas, de ahí que los quince años de una mujer sea un evento de lo más esperado dentro las familias latinoamericanas, en este sentido, recuerdo a varias amigas que en lugar de eso decidieron un viaje y salir de la ciudad y no disfrutar del jolgorio, lo cierto es que hasta no experimentarlo no lo sabremos, es decir, con nuestros propios hijos.
Mientras tanto hay que seguir revelándonos contra el sistema, continuemos con este intento de entender lo inentendible, aunque lo más común sea unirnos a ellos, no para ser diferentes, no para ser parte de algo.
“Un paso más allá del entusiasmo, y se cae en el fanatismo; otro paso más, y se llega a la locura - Jean B. F. Descuret”.

VENEZUELA dijo...

las programaciones "esto es el deber ser porque tenemos toda nuestra existencia haciendolo de esta forma" "esta es la manera correcta de comportarnos porque asi lo hemos hecho a lo largo de nuestra existencia todos los humanos" es una cosa loca, esto tambien me ha pasado, todo me lo cuestionan, antes acostumbraba mucho a salir y lo cuestionaban ahora casi no salgo, solo lo necesario y tambien lo cuestionan, pero si te pones a observar ese tipo de cosas, fiestas, costumbres, celebraciones, han ido quedando un poco atras, la euforia ha bajado notablemente, en mi pais pasa esto, he notado navidad tras navidad que la alegria, el derroche, la apariencia ha bajo muchisimo, no se si es porque a medida que vas creciendo ya nada lo ves igual, pero todo es mas triste, vacio y por mas que apuesten al derroche el final de toda celebracion es el mismo, cansancio, inconformidad, bancarrota y chisme, que ironia no? he notado tambien q la gente se alegra mas y disfruta mas del reencuentro familiar o de amistades en los funerales que en las fiestas, mas loco aun pero asi es, lloran al lado del muerto 5 minutos pero el resto del dia joden, rien, recuerdan y hasta lloran de alegria :s (los funerales son otra cosa que no comparto de las costumbres impuestas, para mi son una aberracion) pero en conclusion, vivimos para llenarle los ojos a la gente que no nos importa y a los que tampoco le importamos

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Esos tontos lineamientos bajo los cuales todos nos califican pero que casi nadie es feliz, o dicen estar felices porque para eso están condicionados. Es como cuando te preguntan “¿Cómo estás?” y en automático respondes “Bien”, cuando en realidad te está llevando el Demonio. ¿Por qué contestamos “Bien” en automático? Porque es lo que se supone debemos responder “Estás bien porque estás vivo” dirá alguien por ahí, ¿Acaso no tenemos derecho a sentirnos mal? Un día responde “Mal” y verás la cara que ponen los otros, no porque se preocupen de tu bienestar, sino porque te saliste del libreto establecido. De la Navidad tengo un escrito aparte, así que me espero a que lo leas (Se llama “La navidad prostituida”). Por cierto, MUY interesante tu observación sobre los funerales, algo que no había notado porque es muy raro que vaya a uno (En verdad MUY raro), pero lo ejemplificaste de manera magistral.

VENEZUELA dijo...

ya desordene la parranda otra vez, leo de aqui y de alla, buscando por meses hay unos titulos que me llaman mucho la atencion, esa respuesta "mal" jajajaja mataria a mas de uno de la curiosidad si no le das explicacion alguna y no porque el aprecio q t tienen, si no para destruirte luego a lengua jajajaja, eso me parece una "buena maldad" para hacersela a las malas personas q viven pendiente de los demas. con respecto a los funerales escribiria pagina y paginas de lo q he observado y de loq no me gusta, me gusta participar en eso, por la persona que sufre, si es de mi agrado y estima me duele verla sufrir y no saber como darle consuelo, me molesta que los demas critiquen como reacciona y como debe sobreponerse al dolor, es estupido pensar q mientras mas duro llores y mas forrado de negro vas mayor es tu sufrimiento, otra cosa que no soporto es que exhiban al muerto, alli se regodea el que te amo, el que te ama, el que te hizo sufrir y hasta el que te causo la muerte, es una cosa espantosa para mi y ni hablarte de como celebran aqui el aniversario de la muerte, jajajaja diras que soy una disociada, pero esto es de las cosas que menos soporto en la vida...

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

La muerte es un tema complejo (ya sé que parezco comercial pero también escribí de ello en "Mis Brackets"). Muchas personas aprovechan el marco del funeral para demostrarles a los demás lo mucho que amaban al difunto, porque no pudieron demostrarselo en vida o para quedar bien ante alguien. También me parece de mal gusto ver el cuerpo, pero es parte de esa necesidad del humano moderno de explotar el Morbo (del cual obviamente también ya escribí un ensayo homonimo). Al final es un evento que da muchos comportamientos antropológicos muy interesantes.

VENEZUELA dijo...

ese tambien lo lei, me gusto la parte donde expresas el por que lloramos a los muertos, por remordimiento mas que por tristeza, te voy a contar algo que me paso recientemente, hace poco murio una tia, nuestro dolor fue muy grande por el cariño que le tenemos a mis primos, 3 jovencitos q quedaron si la guia y apoyo de su madre, uno de mis primos queria incinerar a su mama, no queria q la gente la viera despues de muerta y menos tenerla en un lugar donde todos llegaran a llorarla con hipocresia, toooooda la familia se opuso porque eso era una practica diabolica, no era cristiano quemar su cuerpo, yo pregunte, a caso es muy cristiano permitir que al cadaver de tu madre lo desnuden, lo abran en dos, le saquen todos su organos, lo exhiban, lo sometan a la burla, a la critica y a la hipocresia? DIOS vera eso con buenos ojos? y vuelvo a coincidir contigo la muerte es algo complejo y nadie cambiara la manera de verla en el comun de los humanos, quizas sea yo la loca, uno nunca sabe

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Me parece que la postura de tu primo era lo correcta, para mí cremar el cuerpo (donando antes los órganos) es de las prácticas más dignas que puede haber en nuestros días sin embargo, como bien mencionas, muchas personas se oponen a esta práctica por ir en contra de las “buenas costumbres”, sin importar que éstas vayan en contra del sentido común y la dignidad. En fin, mientras a mí me toque decidir, siempre optaré por la cremación de mis seres queridos que se me adelanten.

VENEZUELA dijo...

nos toca respetar la ultima voluntad del que muera

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Amén