jueves, 22 de noviembre de 2012

Necesito ser inmortal

          “Las obras de los hombres y sus huesos son los únicos vestigios de su breve devenir” – tomado de la Canción “Primera Estrella de la Tarde” (Fernando Delgadillo)


            Le echo saldo a mi celular, mismo que dura dos meses, veo y digo “¡Uy!, se me caduca hasta Enero” Así que durante Noviembre y Diciembre vivo sin mayor preocupación. En un parpadeo llega Enero y tengo que recargar otra vez “¡Vaya! Me va a durar hasta Marzo”. Lo malo es que este ciclo pasa incesantemente, el cual atestiguo de manera tranquila y sin preocupaciones. De manera sigilosa pero implacable, el tiempo avanza, como un enemigo camuflado que acecha y actúa sin que te des cuenta pero ¿Qué crees? No está mimetizado, ya que actúa frente a tus narices.

            Cada año, pago por adelantado el servicio de Agua, de basura y el predial, y ahí me digo “¡Bueno! Hasta el otro año” pero, sin darme cuenta, pasa rápido y los tengo que volver a pagar. Sigo pagando de manera natural, ignorando el hecho de que ya pasaron 52 semanas más, tal vez cobardemente, pero opto por no preguntarme que hice los pasados 12 meses. Para todo lo que me cuestiono, nunca lo hago en fin de año.

            El mismo ciclo me pasa con la luz, la tarjeta de crédito, el gasto de mi madre, y sigue pasando el tiempo. Llegan las fiestas en la escuela de baile: Noche Mexicana, Noche de Brujas, La posada y ¡pum! Otra vez cambiamos de año. Sin darme cuenta ya voy a cumplir seis años en Rumba Mía. De hecho temo cerrar los ojos para no ver que sean siete, ocho o nueve.

            Lo mismo pasó en mi trabajo, entré en el 2000, después me dí cuenta que ya habían pasado tres años, luego habían pasado otros cinco y ya llevó más de 12 años laborando en esta maravillosa empresa, y tal vez pasen en un tris otros diez sin notarlo.

            Eso es lo cruel de la existencia. Simplemente te dedicas a navegar como si siempre hubiera un día más durante muchos años. Pasamos el tiempo como si tuviéramos pacto de inmortalidad, pero un día notas que ya te salió una arruga (afortunadamente aún no tengo), pero luego te salen un par de canas (de esas sí tengo), o cuando te das cuenta que ya no es tan fácil bajar de peso como antes.

“Los años nos roban poco a poco la vida. Uno no muere cuando le llega la hora. Uno va muriendo lentamente en su interior y, al final, se enfrenta a esa última liquidación. Nadie puede escapar. Todo el mundo debe de pagar por lo que recibe” – Haruki Murakami (1Q84)

Creo que de lo más triste es cuando notas que ya no perteneces a la generación joven, la que está de moda, la que está en boga. Te haces consciente de que ya tienes compañeros de trabajo que, cuando iniciaste en la vida laboral, estaban en primaria, y luego llegaran los que estaban en Kinder y, finalmente, los que aún no habían nacido.

Aunque todos sabemos esto, optamos por no cuestionarnos cómo llevamos nuestra existencia. ¿Esto es vida? ¿Realizar tu rutina diaria? ¿Tenemos otras opciones? ¿Por qué no las tomamos? ¿Por miedo a morir? ¿Por miedo al ridículo? No hay mayor ridículo que morir sin haber hecho nada. La rutina nos da la seguridad de tener una identidad, pero dicha seguridad tiene un precio alto. La rutina nos aletarga la facultad de pensar y cuestionarnos “Y si mañana me muero ¿De qué habrán servido todo este tiempo con una rutina?”

Pero no nos lo preguntamos, así que seguiremos pagando las mismas cuentas mes a mes, año a año, mediante una rutina incesante que sólo acaba cuando nos obligan o cuando nos morimos, ese será el único día que nos libremos de la rutina y seamos libres pero desconocemos hacia dónde vamos (si es que vamos a algún lado).

            Cuando uno es niño, y le cuentan TODO lo que uno puede hacer de grande, se anhela ser grande a la brevedad. De pronto te das cuenta que ya tienes cinco años y te parece una eternidad para cumplir seis. Ya ni mencionemos cuando cumplimos 10, porque pareciera que pasaron 50 años para llegar a cumplir la primera década.

            Sin darte cuenta empieza la montaña rusa emocional de la adolescencia y, aunque no eres consciente (Estás demasiado ocupado en irrelevancias para notarlo), el tiempo empieza a cobrar velocidad. Como todos nos la pasamos tan bien antes de los 20, pues ahora la adolescencia se ha prolongado hasta los 30.

            Casualmente a partir de los 20, ya ni mencionar los 30, uno empieza a notar que ya dejó de ser un niño y, peor aún, que ya está dejando de ser adolescente para convertirse en adulto (por lo menos fisiológicamente). Además te das cuenta de que los años que solían ser tan largos, ahora empiezan a acortarse; es como si alguien le quitara algunas semanas sin que nos diéramos cuenta. A partir de la tercer década ya parece que te quitan de a medio año, porque recién comienza uno y, en un simple parpadeo, ya se vive la psicosis navideña.

            Te haces consciente de que algo pasa para no tener noción del tiempo transcurrido.: En el concierto más reciente de U2 en México, le decía a mi amigo Luis: “¿Te acuerdas de la vez pasada? ¿Fue hace dos ó tres años, no?” cuando en realidad habían pasado cinco. Otro ejemplo, el año pasado le decía a mi amiga Lesly “Este año no fuimos al rafting, y ya pasaron dos años”, cuando en realidad habían pasado cuatro.

“La vida es lo que pasa mientras te la pasas haciendo planes” – John Lennon

            Cuando te acontecen estos casos, te preocupas y notas que cada año eres menos joven (por no decir más viejo). La neurosis llega a partir de los 30, cuando ves que esas ambiciones infantiles de crecer lo más pronto posible no eran tan buena idea después de todo “¿En qué demonios estaba pensando?” En nada, es simple naturaleza humana al estar constantemente inconforme con lo que se tiene en pro de lo que no se tiene.

            Este fenómeno nos pasa (o pasará) a todos, eventualmente nos damos cuenta de nuestra fecha de caducidad a través de la mortalidad, pero pocos nos hacemos conscientes de la gravedad del asunto. La vida se nos está yendo a través de nuestras manos y nosotros lo permitimos con una parsimoniosa tranquilidad y apatía, pensamos que aún nos queda mucho tiempo por delante cuando, tal vez, ya transcurrió más de la mitad de nuestra vida y ni siquiera llevamos el 10% de todos los planes que tenemos “para el futuro” (mismo que nunca llegará).

            Siempre vivimos en las expectativas futuras, pensando que lo mejor está por venir, que va a llegar el día en donde tendremos la felicidad absoluta, con tanta abundancia que sólo nos dedicaremos (ahora sí) a vivir, ya que tendremos todo el tiempo para pasar con los seres amados, para leer todos los libros que teníamos pendientes, conocer todos esos lugares maravillosos que veíamos a través de distintas pantallas, visitar a todos los que prometimos volver a ver y tener todas esas platicas pendientes para resolver malos entendidos.

            Como estamos en espera que lleguen esos “mejores días”, tenemos una actitud de reserva para esas épocas de bonanza “¿Para qué me desgasto? Mejor me espero a lo bueno” nos decimos de manera inconsciente.

            Poco a poco vamos muriendo, la vida se nos va como un reloj de arena, con un avanzar lento pero sin interrupción. Todos sabemos que vamos a fallecer “Pero no hoy” es la respuesta que nos damos, como si la vida tuviera una especie de pacto con nosotros para dejarnos realizar todos nuestros planes y ahora sí, cuando estemos viejitos y cansados, llevarnos a otro nivel existencial.

            Nadie acepta que estamos muriendo, por eso resulta tan impactante cuando alguien cercano parte de nuestro lado, aunque es obvio que todos tenemos que perecer, nadie espera que un ser cercano se vaya, eso les pasa a los demás, no a nosotros (aunque eso ya lo trate en este otro ensayo).

            No estoy descubriendo el hilo negro. Recientemente, mientras corría, me hice consciente de esta lenta muerte que estoy experimentando, porque los años se me están acabando y cada vez más rápido. Desde que empecé a escribir de manera constante, me dí cuenta que tengo tanto por redactar y cada vez dispongo de menos vida para hacerlo. Tengo demasiado por expresar y compartir de mi esencia al mundo.

“¿Quién se va a acordar en 100 años que esta mujer fue déspota conmigo? ¿Quién se va a acordar lo humillada que me sentí en un siglo? En ese tiempo nadie nos recordará siquiera a nosotras” – Douglas Kennedy (“El Momento en que todo cambió”)

            Por un lado pueden llamarlo egolatría, y tendrán razón, pero por otro lado es una necesidad (en mi caso) fisiológica, por lo básica y vital que me resulta. Todos los seres humanos tenemos la necesidad de transcender, aunque hay algunos que vienen meramente a sobrevivir y otro que sólo vienen a chingar.

            Hay un punto en donde debemos hacernos conscientes de lo efímera e insignificante de nuestra existencia, así que sólo nos queda el trascender. Muchos creen que la vida es tener mucho sexo, recolectar más dinero del que jamás podrán gastar, tener mucho poder para someter al prójimo, viajar por el mundo para conocer lugares, vivir al extremo a través de excesos y demás filosofías existenciales.

            Pareciera que todas esas actividades son una forma de pasar el tiempo en lo que nos llega la muerte. Tengo una conclusión muy personal: nuestro paso por el mundo no vale la pena si nadie te recuerda después de muerto, si no dejas una huella como evidencia de tu paso por este plano existencial. Mi propósito en la vida es trascender.

Muchos creen que la única forma de trascender es a través de los hijos, y no los culpo, porque son las expectativas que les heredaron. ¿Pero que tan lejos puedes llegar por este camino? Si bien te va, algún bisnieto mencionará alguna anécdota tuya, pero dudo que tu recuerdo pase a la siguiente generación. ¿Cuántos de nosotros saben siquiera cómo se llamaban sus tatarabuelos? ¿De dónde eran? ¿Cuál era su historia?

Dejar huella a través de tu árbol genealógico también tiene una fecha de caducidad porque, eventualmente, te van a olvidar. Obviamente viviste un poco más en el futuro, a través de parientes que, aunque no te conocieron, por respeto a sus antepasados, te mantuvieron vivo una generación más. En mi caso, tengo un par de recuerdos de mis bisabuelos maternos y, hasta eso, no son muy gratos; Si tengo hijos, dudo contarles algo de ellos. A mis abuelos los recuerdo perfectamente y, aunque los quise mucho, su existencia no me es vital hoy en día (casi todos ya están muertos), siendo generosos, recuerdo algo de ellos una vez cada cinco años.

¿A dónde voy con toda esta verborrea? No me quita el sueño tener o no estirpe, aunque no niego que me gustaría, tampoco es mi objetivo primordial. Tengo planes que debo seguir con o sin la llegada de engendros. Lo que sí necesito es escribir, quiero que la gente me ame o me odie, pero que no les sea indiferente. Debo sacar todo lo que sé, siento, pienso o he aprendido a lo largo de mi existencia. Todos esos puntos de vista que a veces me ganan simpatías y en otras me ganan odios, pero debo expresarlos TODOS (o por lo menos tantos como me sea posible).

Hay tantos temas sobre los cuales escribir, que dudo que me alcance el tiempo para abarcarlos todos, por eso debo aprovechar lo que me queda porque, al igual que los demás, no tengo la vida asegurada. No sé si mañana será mi último amanecer o atardecer, la última vez que vaya al trabajo, que lea un libro, que vea Fútbol americano, ver a mis padres, que vaya a correr, que entre al blog, ir a clase de Salsa, llegar a mi casa o dormir en mi cama. No sé cuándo serán las últimas veces de todo eso, pero van a pasar en algún momento. No se trata de pensar todo el tiempo en la muerte, porque la incertidumbre nos mataría y la inseguridad no nos dejaría vivir (irónicamente).

“ Recuérdeme, aunque sea en un rincón y a escondidas. No me dejes morir. Mientras se nos recuerda seguimos vivos” – Carlos Ruiz Zafón (“La Sombra del Viento”)

Por todo eso, necesito escribir, trascender, ser inmortal a través de mis líneas, mis ideas, de mis ensayos o, por lo menos, necesito intentarlo. No puedo morir como si nada. Tal vez alguien derramará lágrimas por mí, aunque eso ya no me va a importar, porque en realidad esos llantos serán por planes inconclusos con mi persona y también porque los dejo abandonados en este mundo que, tarde o temprano, también los verá partir. Mucha gente llora porque se les recuerda que también van a morir algún día, aunque lo disfrazan como llanto por el difunto.

Escribir es mi oportunidad de dejar huella, es factible que a través de algún libro (es una posibilidad a la que no me cierro). La faceta de ser escritor ya la venía desarrollando, de manera inconsciente, desde hace años. Por causas fortuitas, y por recomendación de mi amigo Alex Flores inicie con este blog, el cual se ha vuelto muy importante para mí.

Y, tocando el tema, quiero aclarar algo, el hecho de que me exprese a través de un blog no me hace en automático un “Blogger” o “bloggero”. No soy un Blogger aunque tenga un blog. Aunque sea novato, amateur o un simple aspirante, me considero a mí mismo un escritor, y para serlo no es necesario tener libros publicados, ser famoso o ganar toneladas de dinero. No escribo por nada de eso, nunca lo he hecho por dinero, porque mi fin es mayor, es parte de una realización: quiero ser inmortal.

Tengo un buen trabajo que me asegura una existencia digna y estable. Este blog representa mi boleto de lotería para la inmortalidad. Tal vez me muera y todo se olvide, tal vez me lo cierren y todo el esfuerzo habrá sido en vano, o tal vez nadie lo vuelva a visitar, porque reconozco que los estoy acosando vía mail y vía Facebook para que lo visiten y lean todas las insensateces que escribo. Creo que el blog es el mejor chance, en este momento de mi vida, para lograr lo que quiero.

Si llega el día en que no tenga nada más sobre qué escribir, será el día que me muera porque cada vez surgen más y más temas y, por lo mismo, me desespero “¡Maldita sea! ¡Son demasiados!”. Me encantaría acabarlos todos y publicarlos de una vez (en el momento de escribir esta línea tengo 37 ensayos en proceso más otros 33 de un proyecto alterno) y así morir en paz si mañana me toca “colgar los tenis”.

            Necesito escribir todo lo que pueda lo más rápido posible, me he dado cuenta que, con el paso de los años, mi memoria y mi sagacidad mental no son lo que solían ser. Se me empiezan a olvidar las cosas, ya no recuerdo datos, hechos o nombres que antes mencionaba de inmediato. He notado también que he hecho cosas que luego olvido. Eso es una señal de urgencia para mí, porque no sé hasta dónde me vaya a alcanzar la vida o la memoria para hacerlo entonces, el tiempo para hacerlo es AHORA que aún gozo de la plenitud de mis facultades.

Intento ser disciplinado en mis tiempos libres, esto con el afán de acabar tantos ensayos como me sean posibles, aunque normalmente me da tiempo para finalizar dos por semana (uno para este blog y uno más para mi otro proyecto).

“Now I’m racing down a road I don’t recognize. I realize I’ve forgotten my way home 
Forgotten everything that I know 
Every day a false Start 
And It burns my heart” 
- Keane, from the Song “Black Burning Heart”



Esta necesidad se ha vuelto inherente a mi esencia, por lo mismo necesita un cauce de desahogo. No sé si logre mi objetivo de ser inmortal, aunque eso nadie lo ha de saber al momento de su muerte, ya que la inmortalidad inicia cuando lo terrenal termina.

Sólo espero que mucho tiempo después de mi partida, alguien lea estas líneas, que alguien se enoje con mis escritos, que otro por ahí se conmueva, sacar alguna sonrisa o que alguien diga “¡Qué interesante!” o “¡Cuánta razón tenía” o, en su defecto, “¡Qué tipo más loco!”. Lo que quieran se los acepto, menos la indiferencia o el olvido. Espero que después de mi muerte pueda seguir causando reacciones y sentimientos en personas que jamás conoceré y que, tal vez, aún no han nacido y, a pesar de ello, es factible que ellos me conozcan a través de mis escritos aún después de la muerte.

Ciertamente se nos enseña que la vida es nacer, crecer, procrear, envejecer y morir. Creo que soy bastante pretencioso por intentar que sea distinto, pero me niego a creer que el ciclo arriba mencionado es a lo máximo que aspiramos, por lo menos no en mi caso. No me resigno a morir y dejar de existir. Tal vez sea olvidado en 20 años, tal vez en 10 o a lo mejor un año después de mi fallecimiento nadie me recuerde, pero eso depende de cada cual, de las acciones propias y las expectativas que uno se proponga alcanzar. Existe la responsabilidad individual de hacer algo para vivir en la memoria o corazones de los que tuvieron algún contacto con nosotros.

"La inmortalidad es el recuerdo que uno deja".- Napoleón Bonaparte


¿Qué día es hoy? En realidad no importa demasiado, no interesa el día o la fecha actual, porque es un eslabón más en esa cadena monótona de días irrelevantes que nos conduce a una muerte segura.

Hebert Gutiérrez Morales

3 comentarios:

varelad1 dijo...

Hola Hebert, concuerdo con tus reflexiones, y muestra de ello es el mensaje que escribí el fin de año pasado, en el que hablo del inexorable paso del tiempo y de la importancia de vivir la vida a plenitud.
Por tus escritos y reflexiones, tengo claro que tú estás mucho más cerca que la gran mayoría de las personas en lograr la trascendencia.
Es muy fácil salir del molde común, pero a la vez es increíble darse cuenta de que muy pocas personas abren nuevos caminos; la gran mayoría solamente los siguen (o los seguimos)como borregos.
Mucho éxito con tus proyectos y escritos.
Un abrazo
Daniel

VENEZUELA dijo...

“¡Qué interesante!” “¡Cuánta razón tiene” “¡Qué tipo más loco!”. de pana que he dicho todo esto, he llegado a pensar tantas cosas con cada escrito tuyo que leo, me has hecho dudar, reir, enojarme, entristecer, pero lo mas importante es que me has hecho pensar, yo conozco pocas personas a mi alrededor capaces de ver mas alla de lo comun por eso mi interes en leerte, yo tambien quisiera trasceder como humano, no darme a conocer, pero si poder desarrollarme como humano pleno, conciente, despierto, por eso leo tus locuras, porq concuerdas con muchas cosas que pasan por mi mente y con otras que ni me he atrevido a echarle coco! aqui descubri porq te llena q me interese en tus ensayos ;) quizas mas adelante me anime a trascender, segun tu manera de describirlo aqui, tengo muchos dones, vere si me animo a explotarlos y dejar una huella, felicitaciones por no ser un humano mas

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Muchas Gracias Venezuela, ahora ves por qué te agradezco cada vez que me lees. No sé, tal vez al no haber llevado la vida que me programaron llevar (Casarme y tener hijos en los cuales enajenarme) es que pude alcanzar esta visión de trascendencia. ¿Lo lograré? No lo sé pero ciertamente lo intentaré. Y aunque opines que no soy un “humano más”, al final, si no hago algo para que me recuerden, acabaré siendo uno más del montón, sin importar cuánto lo haya intentado. Por cierto, me halagas con todas esas emociones que me regalas en cada escrito, por lo menos algo de mi esfuerzo se ve recompensado en hacerte sentir o pensar algo distinto o algo que habías percibido antes. Y espero, de todo corazón que también te animes a trascender, mucha suerte en ello. :-)