sábado, 20 de abril de 2013

Identidad, amor y clanes.


            Me muevo en distintos círculos: el mundo Volkswagen, el de corredores, el familiar, el mundo salsero y algunos ocasionales como el de constelaciones familiares.

            El ambiente laboral en donde más tiempo paso, y estoy plenamente adaptado a las reglas no escritas pero por todos aceptadas, con algunas características que no son de mi agrado pero así funciona la gente en la empresa y sé moverme entre ellos.

            Muchos son hipócritas, y lo tengo muy claro, por lo que no quiero que me contaminen ni que me vuelvan alguien mamador o pedante (más de lo que ya podría ser). Siempre me ha fastidiado esa actitud de “perdonavidas” que tienen muchos por laborar en una empresa de clase mundial. Espero nunca tener que sentirme divino por el simple hecho de trabajar ahí.

            Pasando al mundo salsero. No quiero volverme uno de esos sujetos que es promiscuo, banal, vacío, que se desvela, se emborracha y se droga. También puedo moverme en el ambiente salsero sin tener que sumergirme por completo, porque no me interesa ser como ellos, ni sentirme demasiado importante sólo por el hecho que bailar mejor que la mayoría de la población.

            El correr, como ya explique en otro escrito, lo hago por mero placer, estoy ajeno a tiempos, entrenamientos, carreras y demás. No lo hago por ser mejor que ningún otro, ni siquiera que mí mismo. Evito hacerlo en parques públicos o unidades deportivas donde me vea mucha gente. Corro en la calle, tratando de encontrar horas en donde no haya mucha gente, porque no corro para que me vean, lo hago para mí. Es para pensar, desestresarme y mantenerme en forma, lo cual no impide que tenga amigos corredores y que, ocasionalmente vamos juntos, pero no como competencia, sino como convivencia.

            Algo similar pasa con los clanes Gutiérrez y Morales. Cada uno de ellos tiene su propio estilo, sus propias características, lealtades, vicios, virtudes, males y creencias tatuadas en el inconsciente colectivo. Al verlos, sé que comparto la sangre y los orígenes pero, a lo largo de los años, he aprendido a tomar una distancia sana para no verme contaminado de lo que no me gusta de ellos.

            Aunque pertenezco a distintos mundos, no quiero que ninguno me absorba, no quiero ver contaminada mi esencia individual por creencias colectivas, por lo mismo deje la religión hace dos décadas. No quiero padecer esos males orgánicos que sufren mis círculos al estar enajenados por la “manada”.

            En la adolescencia fue cuando estalló esa necesidad de acompañarme en mi soledad, fue cuando surgió la meta existencial de poder ser tan independiente como fuese posible, de no abandonarme en brazos de nadie, porque de esa forma evitaría muchas decepciones cuando no cumplieran con mis expectativas. De ahí viene esa precaución, por eso cuido tanto de no pertenecer a ningún círculo (aunque me mueva con facilidad en ellos).

Recientemente me surgió una necesidad, y empecé a desear un círculo mío, diseñado a mi forma de ser y no a lo que los demás quieren que sea. Habrá quien lo vea como una familia, para algunos con la pareja adecuada será suficiente, hay quién tiene una comunión perfecta con los amigos que hasta forman hermandades. Tal vez por esa necesidad de pertenecer es que se crearon los clanes desde el inicio de la humanidad.

            Tengo muy buenas amistades, muy valiosas, con las cuales puedo compartir mucho tiempo y los más íntimos sentimientos. Sin embargo, también mantengo una sana distancia, ya que no somos esos amigos que están pegados para ir a todos lados. Se podría decir que voy administrando mis tiempos de calidad con diversas amistades, lo cual encuentro más productivo que monopolizarme con una sola.

            Nunca había sentido la necesidad de ser un patriarca, un guía o un líder. Ahora tengo el anhelo de formar una célula social basada en valores auténticos, no en la falsa moral social. Va a haber inteligencia (cognitiva y emocional), donde prive la expresión de sentimientos, donde haya decencia, sentido común y honestidad, pero sin fanatismos ni dogmas irracionales establecidos que no puedan ser cuestionados.

            He vivido solo durante muchos años, al grado que he aprendido a vivir en paz con mi espacio y tiempo, he aprendido a valerme por mí mismo sin depender de nadie en exceso, sólo la interacción necesaria. El problema de esa postura es la dificultad que tengo de abrir las puertas de mi casa (tanto la física como la espiritual).

Un día conocí a alguien que lo cambió todo, que me hizo cuestionarme si lo hecho hasta el momento era lo correcto. La esencia de dicha fémina ha venido a cambiar todas mis prioridades, y es que la amo como nunca volví creer hacerlo en mi vida.

            Cuando noto que antes de ella no conocía lo que era la felicidad, es cuando me doy cuenta que ya estoy perdido. Ni si quiera somos novios y ya estoy sumergido en las mieles del enamoramiento. Simplemente al platicar con ella, verla a los ojos y disfrutar de las sonrisas que me dedica, comprendo que la felicidad existe y que los momentos perfectos que me regala son lo más preciado que he recibido en mi vida.

            Tanto me cuide a lo largo de los años para no dejarme absorber por ninguna persona o algún grupo y, de pronto, esta hermosa mujer me hace perderme en sus ojos, y me hace anhelar el sumergirme en su mundo y conocer todo de ella, sin importar mi esencia ni mi individualidad, ¡y ahí es donde me detengo!

            Ya una vez me enamore profundamente, y lo eche todo a perder por desbordarme sin límite alguno. Uno piensa que por estar profundamente enamorado, la otra parte debe sentir la misma intensidad, y muchas veces no es así. También llega uno a creer que “el poder del amor todo lo puede”, y que ella se verá “contagiada” por toda la intensidad que siento. Ya pasó una vez y cometí otras estupideces para mitigar el dolor e intentar sobrevivir.

En esta ocasión tengo la plena convicción de quedarme a su lado, por lo que no la voy a ahuyentar. Aunque tengo la necesidad de desbordarme y hacer todo lo que pueda por ella, la quiero tanto que me obligo a ser inteligente y llevar el asunto de manera productiva.

Me estoy cuidando de no perder la cabeza y de ahogarme en las aguas del amor. Es muy bonito marearse y embriagarse del enamoramiento, sentir esa felicidad estúpida e irracional debe ser el mejor sentimiento de la vida. “Si pierdes la cabeza, pierdes a la chica” es lo que me repito constantemente, ya que no la quiero agobiar ni asustar, pero sí estoy mostrando mi interés.

Por más que me cuide, va a haber un punto en donde me voy a tener que sumergir por completo, donde voy a tener que entregarme y bajar todas las defensas. Hoy en día le estoy mostrando todo lo que soy, sin falsos adornos y sin vergüenzas innecesarias; me estoy mostrando con toda la dignidad posible, ya que si no me quiero ni me respeto, no puedo esperar que ella aprenda a quererme ni respetarme.

Me da miedo sumergirme por completo, porque es un punto de no retorno, y nadie me asegura que las cosas salgan bien o salgan mal. Si me entrego y no soy correspondido, honestamente no me puedo imaginar las consecuencias, no es una opción que haya considerado, por lo que no es una aceptable. Si entro y me acepta, tampoco tengo forma de expresar lo que sentiría, ya que en mi vida nunca he sido aceptado de manera auténtica (sin importar que sea divorciado), y el hecho de que una mujer que me roba el sueño me llegue a aceptar, es algo que va más allá de mi raciocinio, no puedo imaginarme tan tremenda felicidad.

El caso es que cuando suelte las amarras en espera de ser aceptado, ya no habrá vuelta de hoja ni retorno posible. Esta seguridad y tranquilidad mental que he alcanzado ya no será la misma, sólo puede potenciarse o desaparecer. Los cambios siempre nos han asustado a los humanos, pero cuando te enfrentas a la opción de crecer o desaparecer, el pavor es horrendo, aunque la expectativa también es grande.

Me he cuidado mucho tiempo de no ser lastimado, así que había olvidado lo que era abrir mi corazón. Dice Ruiz Zafón que el corazón sólo se puede romper una vez, y que el resto son rasguños, pero no estoy tan seguro de ello. Una vez me lo rompieron y, ciertamente, el resto fueron viles rasguños a comparación del gran dolor que experimente y que me llevo a casarme por despecho con otra mujer.

Me siento bastante estúpido e infantil por tener un miedo tan grande de que me lo vuelvan a romper, pero es un miedo real. Pero otra vez surge esa posibilidad de ser el hombre más feliz sobre la faz de la tierra, ésa que te brinda el enamoramiento.

Al ritmo que llevamos, creo que me voy a tener que sumergir pronto, porque estoy percibiendo una buena recepción de su parte ¿o acaso es lo que quiero ver? Este escrito sirve de evidencia para constatar que estaba consciente de mi decisión y sus consecuencias, para librarla de cualquier responsabilidad, porque me ganaré lo que reciba de su parte. Tomo responsabilidad de mi vida y decisiones, para estar orgulloso de ellas o apechugar las consecuencias.

Se dice que el humano requiere la esperanza para vivir, siempre me he opuesto a esa idea, porque me he ido educando que todos somos responsables de lo que pasa con nuestras vidas. Sé que voy por buen camino, pero vigilo mis pensamientos para no empezar a volar y  buscar el nombre para los hipotéticos bebés. Me niego a tener esperanza, prefiero construir sobre mis acciones.

Sé que esa pose se genera dentro de mi tonto orgullo, mi estúpido ego y el sentido de autosuficiencia que he alcanzado, que me hace sentirme más fuerte e independiente que la mayoría, sobretodo en el aspecto emocional. De una manera pretenciosa quiero demostrar que uno puede vivir sin esperanzas y, al parecer, me están tumbando esa hipótesis.

Creo que sí se puede dar la relación pero, aunque no se diera, hay algo que ya no va a cambiar: el lugar en mi corazón y mis recuerdos que se ha ganado esta maravillosa mujer. Cuando siento la felicidad que me provoca el verla, sin necesidad alguna de contacto, me siento afortunado. El escuchar su hermosa voz, el verle los ojos, el disfrutar de su sonrisa son de los regalos más preciados que tengo, ya ni mencionar la descarga que siento en mi alma cuando la llego a tocar o cuando nos saludamos de beso.

Su dulzura me hace inmensamente feliz, algo que ya se me había olvidado tras once largos años y, por esas mismas sensaciones, vale la pena arriesgarlo todo por un simple chance de estar a su lado.

            Aunque es muy bonito, me fastidia sentirme como un adolescente estupidizado por el amor. Creo que lo que más odio en la vida es la incertidumbre, en cualquier situación sobre todo cuando se trata de una sensación tan vital como la que ella me hace sentir. Y parece que ahí está mi gran prueba: paciencia. La esencia de mi amada es muy serena, está muy en paz, y voy a tener que emularla si quiero llegar a su corazón. Debo aprender a ser paciente pero constante.

            Durante los últimos años me había enfocado en convertirme en un robot para carecer de sentimientos. De pronto, al agradecer su existencia, me alegro de no ser una máquina, porque puedo sentir la intensidad en mi pecho de algo tan maravilloso, sin importar su duración. Me alegro de no ser un robot.

            Debido a mi naturaleza, siempre he optado por aislarme y hacer las cosas a mi modo. Muy pocos entienden mi forma de pensar por eso, en lugar de convencerlos, optó por llevar a cabo mis planes de manera aislada. Obviamente, más por las circunstancias que por voluntad propia, he acabado siendo líder en algunas situaciones y, creo, lo hago bien, aunque no es algo que me quite el sueño.

            Tampoco me interesa ser el seguidor o patiño de alguien. En la secundaria y en la Prepa siempre fui patiño de alguien más, por lo que tuve suficiente y desde la Universidad siempre fui solitario. De hecho, pueden preguntar a mi alrededor y nunca me verán mucho tiempo con la misma persona, porque tiendo a ser muy independiente y sin la necesidad de buscar a alguien que justifique mi día.

            Estoy en muchos círculos, convivo con mucha gente, pero no me he atado a nadie en todos estos años. Creo que anule esa necesidad de ser “algo” para los demás: llámenlo líder, seguidor, patiño, bárbero, amo, etc.

            A pesar de todos los escritos que he generado sobre el amor, desde hace muchos años he aprendido a mantener una sana distancia. No sé si sea la edad o sea la locura temporal que significa estar enamorado, misma que te hace ver y sentir cosas que no había experimentado en mucho tiempo.

            Por primera vez siento la necesidad de generar algo, ser la base que soporte un gran proyecto de vida social, de lo cual sí quiero ser líder. No quiero ser el “dueño” en realidad quiero ser la fuente, el generador, el origen de todo. Obviamente estoy hablando de hacerla mi mujer, engendrar hijos y forjar un nuevo clan Gutiérrez, pero rompiendo lealtades con la rama de la cual provengo, y estableciendo nuevas reglas que nos lleven a otro nivel.

            Igual y suena mamón, pero quiero instaurar un clan Gutiérrez más evolucionado. A mi familia es obvio que no les gustará leer esto, pero no estoy redactando para que les guste o no; en realidad estoy tratando de averiguar qué demonios es lo que me pasa. Sólo estoy expresando lo que siento, y es una necesidad endémica del humano, así como el anhelo de engendrar.

            Tal vez por una sola vez, quiero encajar perfectamente en un lugar, sentir que pertenezco plenamente a un sitio, sentirme a gusto y orgulloso de estar ahí. Como aún no lo he encontrado, creo que yo mismo debo formarlo.

            Como ya escribí en otro ensayo, siempre he tenido pavor de relacionarme. Basado en ese miedo se podría decir que me estoy resistiendo a entregarme a esta mujer, a pesar de que desconozco si me va a aceptar. Lo que resulta muy curioso, es que en las únicas dos ocasiones en las que no sentí miedo, han sido aquellas en donde el amor es tan potente que me obliga a superar los temores, ya que me resulta vital estar al lado de quien en realidad amo.

            Por eso me atrevo a decir que esta es la segunda ocasión en la que me enamoro de manera real, de manera auténtica, porque el amor es inmenso, tanto que ni siquiera yo puedo bloquearlo con mis miedos. Tal vez es cuando más miedo y pánico debería sentir pero me siento orgulloso que es cuando más seguro y decidido me muestro. Hace unos meses me hubiera sentido sucio de escribir lo siguiente, pero no tengo otra explicación más que achacarle al poder del amor mi inusitada valentía.

            Desde hace tiempo he “construido” mi nido de Águilas (haciendo referencia a Juego de Tronos), este nicho que he planeado para tener una familia. Me he dedicado a poner las bases para una familia, ahora me hace falta ir por ella.

            El matrimonio es un concepto que prostituye esta necesidad de amar del ser humano; es un concepto artificial diseñado para mantener la propiedad privada, el cobro de impuestos, el capitalismo, la explotación de los trabajadores y el control de la población. A pesar de la consciencia que tengo de la situación, de mil amores me casaría con ella sin chistar.

A veces, mi cabeza, me dice que estoy pendejo por rendirme totalmente a ella, pero no porque no sea la indicada (de eso está convencida cada célula de mi ser). La razón de la recriminación es que no puedo perder la cordura si es que quiero mantenerla a mi lado. Si me anulo y la agobio, es una fórmula perfecta para alejarla, y no puedo permitir eso. Si se aleja algún día, yo no seré el motivo de ello.

Sin importar el resultado, debo aventarme . . . . y lo voy a hacer.

            Hebert Gutiérrez Morales.

1 comentario:

Karla dijo...

esto lo habias puesto en abril? q paso por fin?? lei tmb la parte de la pulsera y el hobbit 4dx.... O genki desu ka?