domingo, 21 de abril de 2013

La única hazaña de Los Vampiros


Nunca he sido bueno para los deportes, y mucho menos para los de conjunto. Sin embargo, en Prepa fuimos campeones de Basketball en el tercer año (con un equipo llamado “Naranja Mecánica”) y eso fue importante para mí. Pero mis recuerdos más valiosos del Basketball preparatoriano fueron en segundo año, cuando mi equipo era una auténtica vergüenza.

Mi grupo de primer año fue  separado en el segundo, por lo que todos mis amigos quedaron en los otros dos grupos, y me quede con un bonche de “gente extraña” en el segundo año grupo B. Para mi desgracia me tocó el más mediocre de los tres segundos, a pesar de ello, era una tradición escolar que cada grupo tuviera un representante de Basketball. Más por obligación que por voluntad, nos metimos al torneo, naciendo así “Los Vampiros”

No era un grupo del cual sentirse orgulloso, de hecho fui nombrado capitán, no por mis habilidades deportivas, sino porque alguien tenía que serlo. Además de que, como buen ñoño, siempre estaba al tanto de las juntas de capitanes y me preocupaba por recolectar el dinero de los arbitrajes, que siempre acababa poniendo de más por lo irresponsables que eran mis compañeros.

Éramos una victoria segura para el resto de segundos y todos los de tercero, y batallamos para que no nos ganaran los de primero, aunque nos llegaron a arrancar alguna victoria. Recuerdo que en la segunda vuelta del torneo, nos tocaba uno de los terceros más fuertes, lo que significaba otra derrota cantada. Durante la semana previa se nos acercó su capitán y nos dijo “Si nos regalan un cartón de chelas y un kilo de carnitas, nos dejamos ganar”

La propuesta nos tomó por sorpresa, aunque era lógica, ellos iban muy adelantados y una derrota no les hacía mella. En realidad nosotros estábamos buscando el octavo y último boleto para la postemporada (y no es que fuésemos buenos, es que pasaban 8 de 12 equipos). Lo platiqué con el resto del equipo pero la respuesta fue negativa, y no por cuestión de principios, en realidad éramos unos tacaños de primera (apenas y completábamos lo del arbitraje).

Nuestros condiscípulos superiores se enojaron y nos amenazaron con que nos iban a apalear otra vez (en la primera vuelta nos habían ganado por más de 30 puntos), y nos recordaron que en su partido anterior le habían metido 100 puntos al peor equipo de primero (estamos hablando que casi ningún equipo llegaba a anotar 40 puntos en un partido).

Llego el Sábado, día del juego, para nosotros no significaba gran cosa, estábamos resignados y simplemente jugábamos por dignidad (honestamente pensé que nadie se iba a presentar para perder por default), pero en aquella ocasión nos completamos los cinco exactos.

Hay ocasiones en que las estrellas se alinean, en que la tierra empieza a girar al revés y que la lógica pierde todo sentido. Como muestra de burla, ellos metieron a toda su banca para que se foguearan contra nosotros. Avanzaba el juego y metimos la primera canasta (2-0), luego metimos otras dos (6-0) y así llegamos hasta la friolera del 12-0.

Nadie en realidad estaba tomando en cuenta nuestro partido, que era el primero de la jornada, todo el mundo sabía que ese equipo podía meter una ráfaga de puntos en cualquier momento, ellos lo sabían y nosotros también.

Cuando metimos el 14-0, su capitán mandó un cambio múltiple y entraron todos los titulares, y empezaron a remontar. Obviamente recortaron la diferencia en un santiamén . . . . . . pero nunca nos rebasaron. Por alguna causa empezamos a jugar buena defensa o ellos venían crudos porque estaban fallando demasiado.

Así avanzó el tiempo y nos la empezamos a creer, nos sentíamos motivados y empezamos a jugar el mejor partido de toda nuestra temporada (si no es que de nuestra vida). Ellos encestaban y nosotros también, lo más que llegaron a hacer fue empatarnos. Es más, yo casi nunca anotaba y en aquella ocasión acerté un triple y un doble. El más impactante fue el de tres puntos, porque fue en el minuto final y con ello no separamos a cinco puntos.

Al final les entró la desesperación y empezaron a insultar a los árbitros, por lo que les marcaron algunas faltas técnicas y su capitán fue expulsado, y ése fue su fin, porque todavía les encestamos dos puntos más y acabamos ganando 27-20 (aún recuerdo el marcador como si hubiese sido ayer).

Para mí fue muy especial, porque durante los últimos minutos del partido, ya habían llegado mis amigos de los otros segundos, más otros equipos de tercero. Nadie daba crédito de lo que estaban viendo sus ojos: Los patéticos Vampiros le estaban ganando a uno de los trabucos de tercero.

Al sonar el silbato final, gritamos de la emoción, hasta lágrimas salieron porque ni nosotros lo creíamos ¡habíamos ganado! Fue nuestra única victoria contra un equipo de segundo o tercer grado en todo el año, nosotros que habíamos sido avergonzados al perder con un equipo de primer grado. Era un momento glorioso y que siempre anidaré en mis recuerdos.

Al terminar el partido, los más gandayas del otro equipo llegaron a cobrarnos “¡Bueno ya! ¡Nos dejamos perder! ¡Ahora paguen!” Nosotros nos los quedamos viendo extrañados y antes de que empezara la violencia, vino su capitán a estrecharme la mano y decirme “¡Bien ganado!”

Creo que ese “¡Bien ganado!” fue lo que más me llegó al alma, porque al final hubo humildad de su parte y reconocimiento a nuestro esfuerzo. Todos sabían que habíamos tenido suerte, que si jugáramos 100 partidos entre nosotros, ellos iban a ganar 99 de ellos. Para nuestra fortuna nos tocó la suerte de ese 1% y ganamos de manera heroica.

"Todo el mundo debería tener derecho a quince minutos de gloria." – Andy Warhol

Toda la semana siguiente, fuimos las celebridades de la escuela, por una vez en la vida me sentía como una atleta realizado “¡Viste como mi Hebert se echó ese triple!” e imitaban el tiro que había hecho. Todos los recesos me los pasaba con mis amigos de los otros grupos, así que me tocó el reconocimiento de aquella ocasión, además de que en el salón todos estaban orgullosos que, por una vez, su equipo de Basketball hacía algo bien: “Los Vampiros” de 2º B habían ganado sorpresivamente.

A la siguiente semana le ganamos con trabajos, fieles a nuestra costumbre, a unos de primero y pasamos a la postemporada, en donde fuimos masacrados por mis amigos de otro de los segundos. Aquel año ni mis amigos ni el equipo de tercero al que le ganamos ni, obviamente, nosotros, fuimos campeones, ya que otro equipo de tercero se alzó con el título.

Al pasar a tercer año, me re-encontré con mis amigos de primero y reintegramos a “La Naranja Mecánica”. Antes de ello “Los Vampiros” se me acercaron y me dijeron que si quería a volver a ser su capitán, a lo que contesté que no. Obviamente la anécdota arriba mencionada es bonita, pero en realidad fue un año muy desgastante al convivir con un grupo tan desobligado. Por lo mismo, prefería ser banca en un equipo campeón que capitán de un equipo mediocre (típico comportamiento egoísta adolescente).

Ese tercer año fue inolvidable también, nos divertimos bastante y fuimos campeones con relativa facilidad. Ya no me tenía estresar por ir a juntas de capitanes, por pagar el arbitraje o acarrear gente para completar el equipo. Simplemente me subí como un pasajero más y disfrute el viaje hasta la victoria.

Pero no puedo negar que, siempre que podía, apoyaba a “Los Vampiros”, veía sus juegos y les echaba porras, el hecho de que ya no quisiera jugar con ellos no quería decir que los había dejado de apreciar. De hecho esos fueron los únicos dos partidos en los que no jugué ni un minuto, porque le dije al capitán que no quería participar en dicha masacre (y así fueron ambos partidos). Tal vez no fueran mis amigos, pero habían sido parte de una de mis más gratas experiencias.

No siempre los recuerdos más brillantes son los que uno alberga en su corazón, por lo menos para mí, la victoria sorpresiva de un equipo mediocre y remendado siempre será más valiosa que el campeonato de un equipo poderoso y bien armado.

Muchas gracias “Vampiros”, siempre tendrán un lugar en mi corazón y en mis recuerdos.

Hebert Gutiérrez Morales.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué buena historia Hebert!
la disfruté con mi cafecito!
Mau

Leo C dijo...

Deberias hacerte una pelicula como la de los pequeños gigantes =)

Esta muy padre tu anecdota....

miguel cañedo dijo...

Anécdotas siempre frescas, por eso no leéo todo lo que tienes; únicamente en la secundaria jugué voleibol, pero como era bajo de estatura no era considerado para los eventos escolares, solamente en los recreativos, así que me dedique a las niñas y otras no tan niñas...