miércoles, 10 de abril de 2013

¡Qué horrible es enamorarse!


            El título está bastante claro. No me quejo del amor ni me quejo de la hermosa mujer que me hace sentir así. Lo que me molesta ampliamente es este estado de estupidez en el cual me encuentro, algo que he criticado agriamente en los últimos años y ahora soy presa de mis emociones y anhelos.

            Eso es lo que más me duele: la tranquilidad espiritual perdida. Hasta hace dos meses tenía todo bajo control, podía analizar cada situación problemática que se me presentara y resolverla con relativa facilidad.

Ahora la incertidumbre ha hecho presa de mí, soy prisionero de mis sentimientos. Por más que trato de recuperar mi tranquilidad, siempre hay algo que me hace pensar en ella y, de inmediato, pierdo el control sobre mí mismo.

Veo con intranquilidad que mis prioridades han empezado a cambiar. No me preocupa cambiar por ella, sí me ocupa que mi naturaleza es así por alguna razón, por lo que debería ser suficientemente maduro y firme para mostrarme seguro en mis decisiones sin ser intransigente.

Lo que es en verdad chocante es la sensibilidad extrema, ¡Demonios! No ha habido día en el que no haya llorado en el último mes. Manejo llorando, me voy a dormir llorando, me levanto llorando. Todo provocado por alguna canción, algún recuerdo, algún texto, algún pensamiento. Lloro por la alegría de haberla encontrado y también por la  tristeza de que aún no seamos pareja. Sea cual sea la razón, mis sentimientos han estado bastante ajetreados.

Algo que es terrible de esta situación es mi credibilidad como escritor. Tengo algunos textos que tratan temas de pareja, de espiritualidad, de madurez y demás características humanas de las cuales, desde hace dos meses, ya no tengo la calidad moral para criticar. Suelo ser muy cínico a la hora de escribir, pero hasta yo tengo algo de sentido común, y no me atrevo a publicar algo que critico cuando lo padezco (a menos que evidencie que lo adolezco del tema).

Es horrible esa sensación de que tu vida no vale nada sin ella, esa maldita incertidumbre de no conocer lo que siente hacia ti, si te ve con los mismos ojos que tú a ella. Eso de no saber si te va a hacer caso o no, simplemente espeluznante.

Afortunadamente, cuando estoy a su lado, soy lo más natural posible. Desconozco cómo demonios estoy lográndolo, considerando el torbellino de emociones que me devasta cada vez que está ausente.

Esto de tratar de agradarle sin agobiarla es una tarea titánica. Me muero por decirle todo lo que me hace sentir, todos los proyectos que me gustaría compartir con ella, quiero ser parte de sus planes y que ella sea parte de los míos. Sin embargo, debo medirle el agua a los frijoles y hacerle saber que me agrada sin ser tan obvio (espero que mi cara de estúpido al verla no me delate)

Cuando la veo, me doy cuenta que todos los planes que tenía en mi vida han pasado a segundo término, es más TODO ha pasado a segundo término. Sólo me importa ella, y eso es algo muy peligroso, porque no me debo anular si quiero tenerla a mi lado, debo ser suficientemente inteligente para contenerme y presentarme de una manera digna, de lo contrario nunca será realmente atractivo a sus ojos.

            Aunque me cuido mucho de no alucinar, parece una tarea imposible, a veces me encuentro fantaseando con hijos y a veces me veo en depresión total al visualizarme sin ella. A veces me permito tocar el cielo para pasar al infierno unos instantes después.

            Toda esta montaña rusa de emociones me ha desgastado bastante. Me cuesta trabajo dormir y me la paso mucho tiempo disperso. De hecho no me nace convivir con nadie más, a veces quisiera encerrarme en mi caparazón y no convivir con nadie más, en un mundo dónde sólo ella tenga cabida.

            Soy consciente de todas las tonterías que estoy escribiendo, de los peligros de desbordarse, de no darte tu lugar y privilegiar su existencia. Aunque soy consciente de ello, no lo puedo evitar.

Lo peor de todo esto, y es lo que en verdad me tiene indignado, es que el único responsable de todo este sufrimiento soy yo mismo. Me he autoinfligido mucho dolor por una mujer excelente, misma que no ha hecho nada a propósito para que esté así.

En verdad estoy muy cansado, pero espero que todo esto valga la pena. Voy a pelear por mi felicidad, voy a pelear por ella.

Hebert Gutiérrez Morales.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

He llegado a este post buscando como afecta el enamoramiento en los entrenos! Aunque no hayas especificado esta parte, comparto al 100% todo lo que has dicho porque a mi me está pasando lo mismo, estoy sufriendo un montón, tengo tanto sueño y tan poca hambre que no ni ganas de correr no tengo, si me obligo no puedo ni trotar más de 10 minutos seguidos porque mi cuerpo no aguanta, no puedo preparar ninguna carrera! Joder estoy fatal jajajaja espero que se me pase pronto!

Y como bien dices, lo peor es no saber si la otra persona siente lo mismo.

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Bueno, yo ya ha pasado por otras altas y otras bajas en este intento de lograr una relación importante para mí. Espero puedas concentrarte y lograr correr, porque el ejercicio me ha ayudado bastante a tranquilizarme y volver a enfocarme en el objetivo: lograr conquistarla. Mucha suerte colega anónimo, espero que se aclare tu situación pronto.