miércoles, 10 de abril de 2013

Réquiem por la Salsa


            Esto no es ninguna sorpresa, como mencione en su momento en la segunda parte de “El amor acaba”, mi pasión por este ritmo que tantas felicidades me dio (y aún me sigue dando), había menguado bastante. Pero ahora es oficial: la Salsa murió en mi ser, a pesar de que la sigo bailando.

            Todo comenzó cuando en Rumba Mía me quitaron el nivel avanzado, pensaba que era un chico sencillo que se podía adaptar al intermedio pero, ¡oh triste desilusión!, no fue así y tome esa decisión que sabía que un día iba a llegar: abandonar al que fue mi hogar salsero por seis años.

            En teoría iba a visitar algunas otras escuelas para no echar a la basura un sexenio de aprendizaje, no tanto por amor al baile. La primer semana me hice menso porque, en realidad, no tenía gran voluntad de iniciar de nuevo en algún otro lugar, y no por el nivel, sino por el ambiente tan familiar que priva en Rumba Mía.

            Fuí a una escuela reconocida y muy popular, pero no me sentí a gusto, de hecho me sentía un poco “sucio” de bailar con la competencia. Honestamente ya no iba a buscar, pero un contacto salsero que recién había añadido en el Facebook me estuvo insiste e insiste con que “si ya había visitado academias” “Qué si ya había visitado tal lugar” y, finalmente, me invito a unirme a un grupo privado del cual formaba parte.

            Fui con la esperanza de no hallarme en ningún lugar, así habría ido a todas sus opciones y, al final, podría renunciar a la Salsa y entrar a clases de zumba. Cuando fui a visitarlos en el grupo independiente, ignoraba que mi vida iba a dar un vuelco.

            ¿En qué momento murió la Salsa en mí? En el momento que vi unos preciosos ojos oscuros que me fulminaron hasta el fondo del alma. No lo sabía, pero ella había matado definitivamente mi amor por el baile.

            ¿Por qué afirmó tan categóricamente que ella mató la Salsa en definitiva? Porque a partir de que la conocí, la Salsa dejó de ser un ente vivo en mi ser y pasó a ser un simple medio, un vil pretexto para estar al lado de mi amada.

            Es chistoso, desde que tomo clase con ella, repaso mis pasos, me esfuerzo en que me salgan bien (aunque no siempre lo logro), fui a verla a una coreografía (la cual vi con gusto porque, normalmente, ver coreografías me resulta chocante y aburrido) y hasta a bailar a antros he salido, cosa que no hacía desde hace años.

            Lo admito, ya no bailo por gusto, sólo lo hago por estar cerca de ella. Para ella es importante y, por ende, también lo es para mí. Pero no es amor por la salsa lo que yo siento, es el amor de ella que me hace aplicarme en algo que alguna vez me fue importante por sí sólo.

            El ir a clase es un boleto para mi felicidad, porque siempre está latente la posibilidad de darle un ride a su casa y platicar hasta media noche estacionados frente a su entrada. Compartir esos breves momentos a su lado, hacen que el bailar un ritmo que ya no me importa y sacrificar algunas horas de sueño, sea un precio regalado por el placer infinito que siento al perderme en sus hermosos ojos e inigualable sonrisa.
 
            Este ensayo breve es para agradecer a la Salsa todo ese gozo que me dio, todas esas ocasiones en las que sude y quedaba mi cara a rebosar por una sonrisa. Todas esas personas que conocí, las amistades que logré y las experiencias de las cuales aprendí.

            Le agradezco a la Salsa que me hizo alguien más seguro, me enseño a quererme y a sentirme especial al bailar mejor que el resto de mortales, sin la necesidad de ser profesional.

            Finalmente, también le ofrezco una disculpa a la Salsa, por prostituirla, por utilizarla egoístamente para mis fines amorosos. Aunque creo que es algo que hará gustosa por todo ese amor que le dedique por algunos años.

            Me encantaría seguir salseando el resto de mi vida, porque eso significaría que seguiré al lado de mi amada hasta el fin de los tiempos. Así que espero no dejar nunca la salsa, aunque la nuestra sea una relación por conveniencia, al final resulta ser una relación basada en el amor.

            Gracias por todo Salsa, espero que nos concedamos ese último regalo de estar juntos para siempre, aunque ya no te ame. Soy cínico, pero por amor, soy capaz de todo.

            Hebert Gutiérrez Morales.

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