miércoles, 15 de mayo de 2013

Incertidumbre


            Siempre lo he dicho, la sensación que más odio en la vida es la incertidumbre aunque, tal vez, en esta ocasión esté visualizándola para no ver una certeza que me da pavor aceptar.

            Ayer se cumplieron tres meses de que ella entró en mi vida. Me sorprende cómo ha cambiado todo mi mundo en tres simples meses, todas mis prioridades y maneras de ver la vida son totalmente distintas a las que tenía hasta ese 14 de Febrero.

            Hoy recibí un mensaje de ella que podría indicar que mi vida está por cambiar aún más, aunque no en el sentido que me hubiese gustado. Pero vayamos por partes.

            Tras varios días sin verla, llegue muy tranquilo a la clase de ayer, eso me hacía sentir bien, porque no llegaba ansioso ni expectante. Claro que la quería ver pero, considero, llegue con una actitud muy madura y tranquila, lo cual me hizo sentir orgulloso de mí mismo: “¡Bien Hebert! Ya estás aprendiendo a controlarte”

            Desde hace unos días ya le había comprado su regalo del día del maestro, todo estaba perfectamente planeado (típico de mí): No la iba a llevar a casa en Martes, para honrar mi promesa de no llevarla seguido a casa (misma que rompí la semana pasada, con su complicidad), así que el Jueves la iba a llevar, le iba a dar su regalo, sabría cuál iba a ser su reacción respecto al Show de Nieve, pero iba a tener  un tiempo a solas para explicarle, suavizarla y convencerla, todo mientras nos echábamos un cafecito.

El plan era perfecto, no tenía pierde. Dentro de mi egolatría se me olvido que la vida te acaba dando sorpresas. Antes de salir de la casa tuve un presentimiento y, por las “cochinas” dudas, subí el regalo al coche, no estaba de más.

            Llegue a clase y pasó algo que no me esperaba: trajeron un pastel para festejarla. No me molestaba que lo hicieran, porque se lo merece más que nadie, de hecho no podía explicar el por qué no me agradaba el asunto pero, más adelante, lo averiguaría.

            Durante clase la sentí un poco distante conmigo pero, a diferencia de la semana anterior, no me preocupe tanto porque lo mismo había pasado la vez pasada y después platicamos maravillosamente.

            Al terminar la clase dijo algo que modificó el panorama: “El Jueves no hay clase” ¡Madres! Eso cambiaba todo y, admito, entré en desesperación. Mi primera petición fue pedirle romper mi promesa y llevarla esa noche a casa, algo a lo que no accedió (obvio “ayudó” el hecho que la había llevado las últimas dos ocasiones).

            Me dijo que me esperara hasta la siguiente semana, pero quería darle su regalo ya, no hasta la otra semana. Sé que suena tonto, porque así lo es, pero quería que viera que había pensado en ella desde antes, y no que había “reaccionado” y comprado su regalo después (¡maldito mundo de apariencias!)

            Tal vez, si en realidad hubiera estado maduro, me hubiera esperado hasta la otra semana y no hubiese precipitado nada pero ¿Para qué es excelente el señor Hebert? ¡Para ser imprudente!

            Le pedí salir junto al coche y le dí su regalo: un detalle de Kitty, una invitación impresa para tomar un café y un vale por un boleto para ver el Show de Nieve que habíamos acordado ver. ¿Demasiado? Al parecer sí, y eso que me contuve para no agobiarla al ofrecerle mi ayuda para enseñarle a manejar, eso tendría que esperar un par de semanas.

            Su reacción me impactó, noté algo en sus gestos que no me gustó. Ahora que lo pienso creo que estaba incómoda o desconcertada, me dijo “Hebert, habíamos quedado en algo” Hoy no me queda claro si se refería a que no la debía acosar como pretendiente o que habíamos quedado que ella compraba su boleto (opte por la segunda opción).

            Me agradeció los regalos pero regresó a clase algo incómoda y molesta (se notaba en su lenguaje corporal). Por mi lado, decidí  irme sin despedirme del resto (sé que fui grosero, pero ya no tenía ganas de ver a nadie más).

Ya tranquilo pienso que hubiera sido mejor decirle “Oye, te iba a dar tu regalo el Jueves ¿No te afecta que te lo dé hasta el siguiente Martes?” Muchas personas remarcan mi inteligencia, pero a veces la pongo en tela de juicio, ¿Por qué no recordé que mi plan estaba basado en que estuviéramos solos para convencerla? En esos momentos de íntima amistad que había logrado alcanzar a su lado ¿Por qué me sigo haciendo esto?

            Al llegar a casa tenía una sensación muy extraña en el pecho y me pregunte “¿Qué es esto?” En verdad me sentía muy incómodo, creí que era la falta de alegría en su reacción pero, en realidad, sabía que algo se había roto y empecé a sentir miedo.

            Me engañe un rato diciéndome: “Esto es un punto de quiebre, o me manda a la goma o va a empezar a ceder”. Tarde en tranquilizarme, porque mi cerebro se va fácilmente a ambos extremos “Tranquilo” me decía “Ni empieces a pensar en el nombre de los hijos ni tampoco a imaginar una vida carente de sentido. Espera a ver cómo se desarrollan las cosas” y con este acuerdo pude conciliar en algo el sueño.

            A las 4 me levante al baño y la mente, que ha sido mi enemiga a últimas fechas, se puso a cavilar pendejada y media (aunque tenían su razón de ser); lo peor es que no podía detenerme. Algo que mi terapeuta utiliza para tranquilizarme es EFT así que, recordando cómo lo hace, me apliqué la técnica, logre relajarme y conciliar el sueño nuevamente.

            Cheque el Facebook temprano y ahí estaba su mensaje escrito la noche anterior, en el cual me agradecía el detalle de Kitty, pero no aceptaba mi invitación al Show (ahí se me rompió el alma). También me dijo que la semana pasada se había excedido y que me había abierto espacio de más, porque claramente me había dicho que sólo éramos amigos. El mensaje estaba escrito totalmente en mayúsculas, algo que ella no hacía conmigo; cuando veo un texto escrito en puras mayúsculas es como si alguien lo estuviera gritando (perdón por mi neurosis ortográfica de escritor).

            Estaba devastado, lo malo es que ya estaba en la oficina y los Miércoles son mis días más pesados, así que no podía huir como la vez anterior. La ventaja de estar en el trabajo es que me puedo distraer con política interna, incrementos de capacidades, rines, platicas irrelevantes con mis amistades y demás tonterías pero, en cuanto tenía un momento a solas, debía contenerme para no deshacerme en lágrimas. Así que sólo me digo “¡Respira Hebert! ¡Respira! ¡Aguanta Hebert! ¡Aguanta! En la oficina ¡no!” y logre contenerme.

            Como me hizo falta Lesly, que está de vacaciones, la única en la oficina con la que he decidido compartir mis penas respecto a este tema. Afortunadamente mis “chicas” de mi antiguo lugar hoy estuvieron muy platicadoras y amables conmigo, hasta pastel me regalaron. No fue necesario decirles que me sentía mal, creo que ellas lo intuyeron con su sexto sentido femenino y, sin más, me apapacharon en una actitud que les agradecí mucho sin que supieran qué demonios pasaba en mi interior.

            Le contesté su mensaje de la manera más natural posible y fingiendo algo de demencia. Le ofrecí una disculpa por lo excesivo de mis atenciones, que no veía nada de malo en la bonita semana que pasamos y que, respetando el acuerdo original, podíamos ir aún al show si ella pagaba su boleto.

            ¿Por qué el título de este escrito es incertidumbre? Porque a los humanos nos gusta mentirnos para negar lo inevitable. Desde ayer sabía que lo había echado todo a perder, pero me gustaba disfrazar este sentimiento de incertidumbre. A pesar de leer su mensaje, me gusta titular este escrito incertidumbre, con la ilusión que ella conteste y diga “Sí Hebert, si yo pago lo mío, podemos ir al Show” pero reconozco el tono lapidario en el cual escribió su mensaje.

            Por la tarde hable con ella, para felicitarla por el día del maestro, trate de decirle las palabras más bonitas que se me ocurrieron, porque es lo menos que merecía por hacerme tan feliz estos tres meses. En realidad no quería que me dijera nada, con el simple hecho que me escuchara era más que suficiente para mí ¿Qué va a contestar a mi propuesta de ir al Show? No lo sé, corrijo, en realidad sí lo sé, pero quiero ser (por una vez en la vida) como el resto de la gente y tener una pequeña esperanza que todo puede mejorar en el último momento.

            Sé que he cometido errores (¡vaya que los he cometido!) pero también he hecho buenas cosas. Creo que ya me ha conocido y puede darse una idea de la persona que soy.  ¿Llegue en el momento equivocado? No lo sé. ¿Ella es la mujer indicada? De eso no me queda duda ¿Qué piensa y, sobretodo, siente ella por mí? Mataría por saberlo.

            Estoy un poco frustrado, el Smartphone ya me lo compre, y ni siquiera sé si volveré a tener contacto con ella. Sé que me recriminó por decir que me lo iba a comprar debido a ella pero, la verdad, es que sí me lo compre por ella, y no me apena decirlo.

            Es un poco frustrante ver cómo puedes pasar del cielo (ida al cine) al infierno (primera metida de pata) para regresar de nuevo al cielo (el tour de los Oxxo’s) y regresar de nuevo al infierno (mi desbordamiento de ayer). Admito que es algo desgastante esta ruleta rusa sentimental.

            Pero con gusto tomo esos altibajos sentimentales porque, es la persona que más me ha interesado en lo que llevo de existencia, además de que nunca sentí un amor tan potente como el que siento por ella (incluso superó a mi primer amor). El que seamos pareja es el más grande sueño que jamás haya tenido, que tengamos una vida productiva, en donde ella sea mejor gracias a mí y que yo sea mejor gracias a ella (como de hecho ya soy). Claro que no la quiero a cualquier costo, porque quiero que sea feliz estando a mi lado, quiero que esté conmigo por convencimiento no por obligación. Y ahora que escribo esta línea, tal vez, debería de estar leyendo con más atención las señales que me está mandando, por el amor tan grande que le tengo.

            Mientras elaboro este ensayo, pasan muchas mujeres atractivas por mi lugar (ventajas de estar junto al pasillo). A nivel cognitivo puedo decir si una fémina es atractiva o no, antes podía verlas con toda la lascivia posible pero, desde hace un par de meses, ya no me provocan nada, aunque sepa que están guapas. Y es que a mi amada la veo, no sé cómo explicarlo, con un sentimiento mezclado de ternura, anhelo, protección y un deseo pero no sucio, sino muy íntimo. Supongo que eso es a lo que llaman amor.

            Hace tres meses, cuando la conocí, no me imaginaba que mi vida iba a ser tan distinta el día de hoy ¿Cómo será dentro de otros tres meses? ¿Dentro de tres años o dentro de tres décadas? No lo sé y me gustaría saberlo.

            La llame para felicitarla, no pensé que me fuera a contestar pero lo hizo y, pareciera, que tengo una ligera esperanza pero, tal vez, ya no debo atenerme a esperanzas; Ya no sé qué pensar y mis sentimientos estás hechos un relajo. ¿Cómo será mi siguiente ensayo para ella? ¿Regresaré al cielo o me acabaré por quedar en el infierno?

            Hebert Gutiérrez Morales.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=IGK2KprU-To
Interesante vista cientifica de lo qu te sucede.

Anónimo dijo...

mi estimado, no había tenido tiempo para analizar lo que escribiste, o quede tan impresionado con ello, casi aturdido ( selecciona el argumento que gustes), la verdad es que a mis 60 años, he vivido tu experiencia ya 4 veces y resulta que solo para esta situación, las experiencias no son del todo suficientes para sobreponerte de manera más fácil o poder aconsejar con mas tino, el tema es mas difícil de lo que uno quisiera- ya que se trata de situaciones que revisten un alto nivel de emotividad sin embargo creo que tengo algunas soluciones que podrían mitigar- por lo menos- tu pesar -yo no le puedo llamar de otra forma- haber que día hablamos esto no se puede involucrar en palabra escritas tan fácilmente por tiempo y por espacio, haber que día nos vemos.

Anónimo dijo...

atte el pitirijas