lunes, 10 de junio de 2013

La Carta

            Uno se hace consciente de lo rápido que pasa el tiempo cuando no quieres que llegue una fecha, lo cual debería alarmarme más que el evento en sí, porque quiere decir que los días no esperan a que estés listo para nada.


            Desde que rechazó mi invitación para el Show de nieve, escribí la carta de despedida pero, como ya aclaré en su momento, recapacite y me di un par de semanas para tranquilizarme. La última vez que nos vimos, tenía claro que ya no tenía sentido seguir adelante, pero aún así me di otros quince días en las que no la iba a ver, para serenarme aún más y estar pleno al momento de partir. Tal vez no quiero enfrentar lo que sé que debo de enfrentar.

            En ese período de tiempo, trabaje mi soberbia y dignidad en Constelaciones familiares, sin embargo la idea en mi cabeza no cambiaba respecto a entregar mis escritos y pasar a la siguiente etapa.

            He leído y releído la carta a diario, agregándole cosas, quitándole otras, modificando palabras y barriendo redundancias. Invariablemente siguen saliendo las lágrimas, está mal que lo diga, pero creo que me está quedando muy bonita. Nunca había tenido la necesidad de que algo fuese tan perfecto como esta misiva, porque quiero que sea linda pero no empalagosa, quiero que ella perciba lo que me hizo sentir y que no se sienta agobiada, quiero que se sienta halagada, no acosada.

Retirarme es primordial, he cometido demasiados errores de manera continua y ya estoy desgastado y hasta traumatizado, de hecho tengo mucho miedo que cada movimiento que hago vaya a resultar en otro error. Con esa actitud ya no hay mucho que hacer aquí. La situación ya está muy viciada y he metido demasiado la pata.

Tal vez en un futuro nuestros caminos se vuelvan a cruzar (a Harumi la “reencontré” tres años después de haberla visto por primera vez), por lo mientras es sano apartarme de un sendero en el que tantas pifias he cometido.

Ya que mencione a mi primera novia, en su momento le escribí cantidad ingente de cartas y mails, las cuales borre en mi proceso de duelo, mismas que me encantaría leer ahora para ver cómo me sentía en aquellos años; por eso mismo estoy guardando todo lo que ahora escribo para consultarlo en el futuro y recordar lo que sentía.

A pesar de todo lo que le escribí a mi primera novia en su momento, creo que nunca tuve la última oportunidad para decirle lo importante que me resultó conocerla. De ahí lo vital de la carta final a la mujer que actualmente me quita el sueño, le he puesto tanta atención, no quiero que se quede nada fuera, quiero que sepa TODO lo que sentí ya que, es factible, sea nuestro último contacto. Aunque ella no comparte mi sentir, me es muy importante que sepa lo que provocó en mi interior.

Antes de conocerla, y convertir el blog en una novela de Corin Tellado, una de las criticas constantes que recibía por mis escritos era la intolerancia o falta de empatía, ya que muchos de los señalamientos venían desde mis fortalezas o virtudes para señalar las debilidades o vicios de los demás; al resultarme fácil tantas cosas, tomaba una postura de superioridad al tachar de inútiles a los que tenían problemas.

Esta experiencia me ha dado un poco de humildad. Para muchos ha de resultar más fácil, o fluido, lidiar con estas situaciones sentimentales, debido a su inteligencia emocional y/o experiencia. Creo que a mí me importa demasiado la situación o tal vez no estoy preparado por un amor tan grande que acabé abrumado y se me salió de control.

Antes veía todas esas frases de “Échale ganas”, “Lucha por tu amor”, “Vale la pena seguir” y me sentía como basura por las dudas que me acribillaban. Para muchos ha de ser fácil, pero para mí no lo es. No estoy diciendo que nunca vaya a poder, porque ya lo estamos trabajando en terapia, pero en este momento no me es fácil verla, ni fingir que no pasa nada ni aceptar una amistad llana o el simple rol de alumno y no volver a pretenderla. Simplemente no puedo regresar al status de antes.

            Algo que logré en este par de semanas fue recuperar un poco de mi vida social, la interacción con mis amistades me cayó muy bien. El Lunes pasado, tras un año de no vernos, me eché un café con mi amiga Patricia. Platicamos tan amenamente que me invito a acompañarla a Afrikam, porque este fin de semana que pasó le tocaba guardia, así podríamos continuar nuestra plática. Preferí aceptar su invitación para después, no este fin de semana porque, de alguna manera necesitaba “guardarme” este par de días. Ya que tenía planeado entregar mi carta hoy.

            Además del café que me tomé con Patty el Lunes, el Martes fui a una cena con unas amistades y el Jueves fui a ver “El Gran Gatsby” con Ivette, película que se quedó muy corta del libro, pero estuvo entretenida.

            Me sentí conmovido con “El Gran Gatsby” por rememorar el libro, en donde el protagonista anuló su existencia y enfocó todos sus esfuerzos en la mujer que amaba misma que, al final, no le correspondió de la misma manera. Dentro de todas las lágrimas que derrame en la historia, hubo un momento en dónde me dije “Es que sólo tengo una vida y, aunque la adore, si ella no siente lo mismo por mí, tampoco es justo conmigo desgastarme hasta la muerte”.

            Ahí está el origen de la despedida: necesito recuperar mi dignidad y vida. Sin saber si se cruzan nuestros caminos nuevamente, no es justo para nadie que uno anule su existencia por el otro. Nadie quiere una piltrafa a su lado, por lo mismo debo volver a ser lo que soy. Aunque sea el amor más grande que haya sentido, no puedo morirme de amor. ¿Cómo demonios puedo ofrecer algo digno si yo mismo no lo soy?

            He notado en estas dos semanas que es la decisión correcta, ¿por qué? Estoy más tranquilo, y ya no me flagelo cada tercer día. Me he lastimado demasiado en estos meses, por lo mismo, de nada sirve estar cerca de ella si no puedo estar en mi centro, si no estoy sereno, si no soy auténtico. Si no estoy en un lugar productivo a su lado ¿para qué estarlo? Ese es un tema que ya estoy trabajando, los boicots que me he aplicado, aunque no sé cuánto tiempo tarde en que mi inconsciente coopere al respecto.

            En estas semanas me he estado distrayendo al organizar mis vacaciones para el segundo semestre de este año, el cual va a resultar bastante movido, y creo que me va a hacer falta probar otros aires para despejarme.

            Los únicos momentos en que se me paraliza el corazón es cuando veo un inbox del Facebook, medio que hemos utilizado para comunicarnos. Siento una especie de alivio y decepción cuando veo que no es ella. El pasado Jueves me etiqueto en un foto, la cual fui a ver con anhelo, pero sólo era publicidad para los talleres de su maestro de baile. Cuando veo estas reacciones llenas de ansiedad, anhelo, angustia y demás, es cuando me repito que debo acabar con el dolor que yo mismo me provoco.

            Estoy un poco triste porque debo buscar otra escuela de baile, me va a romper el corazón el hacerlo, pero es algo que también debo hacer, no tengo una explicación clara en estos momentos por qué, considerando que ya no tengo un buen motivo para bailar, pero desde mis adentros creo que es productivo seguir bailando.

            Tengo miedo, de que no me quiera recibir, que no quiera aceptar mis escritos, que vaya a reaccionar mal a mi partida o que incluso le resulte indiferente, pero es de esas ocasiones en la que el sentido del deber es más grande que cualquier miedo que pueda sentir.

            Me aterra entregárselos porque eso va a marcar el fin de un capítulo importante y el inicio oficial de mi duelo pero, de alguna manera, también voy a encontrar algo de paz al acabar con el sufrimiento que me azotó en los últimos meses. Sé que mi tristeza va a ser profunda pero conocía el riesgo cuando decidí entregarme a este sentimiento, al cual me resistí desde un inicio, pero uno no le puede ganar a un corazón enamorado.

            Los humanos tendemos a confundir la paz con la felicidad, pero desde hace años corrobore en carne propia que uno puede estar triste pero en paz. Cuando mi exesposa dejó definitivamente la casa, me recuerdo solo en la sala, con pesar en el alma por todo el daño que nos habíamos hecho pero, tras meses de peleas, sentí paz en mi morada y en mi interior. Por primera vez experimente la paz sin tener que estar feliz.

Se dice que la energía de las constelaciones tarda entre 10 y 15 días en acomodarse. El Jueves soñé que no había entregado la carta, que la seguía viendo y siendo muy feliz, lo cual me hizo sentir muy miserable el Viernes y el desconcierto de preguntarme “¿Me estoy tratado de decir algo desde el inconsciente?”

            El segundo momento de duda se presentó el Sábado, como ya es costumbre había estado durmiendo mal en la semana (¡Vaya! En verdad extraño dormir bien de manera constante), por lo que el cansancio me venció y me eché una siesta de tres horas por la tarde. Al despertar me sentía pleno, optimista y lleno de energía, así que la euforia me hizo plantearme no entregar mi carta y seguir con la situación “¿Para qué?” Me interrogue a mí mismo “¿Qué caso tiene cuando estás en un punto muerto?”.

            A diferencia de las ocasiones anteriores en las que pretendí despedirme, había algo diferente en esta ocasión, los momentos de duda se desvanecían con relativa facilidad. Tal vez fue la fortaleza ganada tras dos semanas de no verla, y es que hace flaquear mi voluntad, por lo fácil que me pierdo en su maravillosa sonrisa. Sin embargo surge un pensamiento en mi interior “Ya me canse de llorar y sufrir” y eso me recuerda por qué estoy haciendo esto.

            Gracias a lo poco o mucho que he madurado, es que pude escribir la carta de despedida, por todo el sufrimiento que me he ocasionado. Tal vez no lo pueda controlar en estos momentos pero, por lo menos, aún tengo suficiente consciencia para detenerlo. Antes me hubiera entregado por completo al dolor hasta hartar a la mujer que pretendía y causarle aversión hacia mí.

            Por lo menos ahora hago algo distinto, tal vez no sea lo que TODO el mundo espera que haga, pero NADIE sabe lo que siento, veo, escucho y percibo, desde mi historia personal. No estoy diciendo que esté actuando “bien”, sólo actúo de la mejor manera posible con las herramientas a mi alcance, sobre la base de mis experiencias previas que han forjado una personalidad.

            El momento en que se acabó de acomodar la energía en mi ser fue de Sábado para Domingo: también dormí muy bien, y corrí con muchas ganas al estar descansado y ver que el clima estaba nublado. Durante mi feliz trayecto surgió una idea en mi mente que iba agarrando fuerza con cada zancada: “Ok, entrega tu carta pero ¿puedes esperar tres semanas?” ¿Cuál es la diferencia que hay en tres semanas? Mucha.

            Algo que he aprendido es que una misma acción puede tener distintos resultados de acuerdo al “timing” con el cual se realice. Este mes es importante para ella, tiene algunos talleres que le ocasionan estrés, un congreso de baile, la presentación de su obra de teatro y el entrenamiento intensivo con su maestro. Todo eso se acabará en tres semanas y ya estará más tranquila para recibir mi escrito.

            Si lo entrego hoy, sin importar su reacción, no creo que se sienta muy feliz de que la incomode al tener unos días muy intensos. No quiero importunarla, así que me empiezo a mentalizar para hacerme fuerte tres semanas.

            ¿Estoy siendo muy consciente o es un simple pretexto para verla más tiempo? No niego que tres semanas más me servirían para irme adaptando a la idea de ya no verla, aunque voy a tener que hacer de tripas corazón durante seis clases. Incluso, en una idea que me entristece mucho, tal vez hasta me adapte a verla de manera neutra.

            Tengo claro que ya es momento de partir, pero creo que la fecha puede influir mucho en cómo tome mi despedida.

            Como mencione al inicio de este texto, el tiempo se va sin rendir cuentas, así que las mentadas tres semanas se irán en un abrir y cerrar de ojos. Tal vez cambie algo, o tal vez me precipite y acabe entregando mis escritos a la primera oportunidad. No sé qué va a pasar pero, como comente en un ensayo anterior, nadie me corretea, sólo son los plazos que me impongo, así que voy a intentar ser tolerante conmigo y la situación y darme más tiempo.

            Actuaré como un simple alumno durante tres semanas y acostumbrarme a que mis anhelos deben permanecer muertos, evitar emocionarme y no pensar en proyectos que ella no le interesa compartir.

            Tres semanas más (A ver hasta dónde llego con este comportamiento de alcohólico con promesas a corto plazo).


            Hebert Gutiérrez Morales.

1 comentario:

Yoghurt McCloud dijo...

Te entiendo Yoghurt!
Ánimo