martes, 17 de diciembre de 2013

La importancia de llorar

            Sé que debo escribir de otro tema y, créanme, en verdad lo estoy intentando, el problema es que no fluyen los escritos. Tengo un montón de ensayos que sólo esperan que los descargue en el teclado, pero no puedo. ¿Por qué? Porque de pronto escribir me parece algo estúpido y sin sentido, algo inútil que sólo me hace perder el tiempo.

Sé que mi meta es ser inmortal, que me recuerden en el futuro personas que nunca conoceré pero ¿Saben qué? Por el momento esa meta ha dejado de ser importante. Es curioso ¿Cómo cambian las prioridades de uno con el amor? Precisamente por eso no quería enamorarme pero ¿acaso a alguien le preguntan? En fin, como sólo hay un tema que me provoca escribir, debo aprovechar el envión emocional.

            Estoy un poco frustrado y, al mismo tiempo, orgulloso. Ambas reacciones se deben al mismo motivo: no había podido llorar con soltura, el desahogo no se ha hecho presente con toda la potencia o intensidad de la que sé que soy capaz. He trabajado tantos años en terapia para conseguirlo, y es que antes era muy fácil ponerme en plan de víctima y lamentarme por mi “desafortunado” destino, me era fácil ver lo injusto de mi existencia y lo generosa que era la de los demás. Felizmente esos tiempos han pasado.

            Pero ese también es el problema: no puedo llorar a mis anchas. En cuanto encuentro un momento, de inmediato entra mi cerebro con argumentos que, eficazmente, controlan ese instinto de autoconmiseración y me hace tomar una postura madura y adulta pero ¿Acaso las personas maduras no lloran? Al parecer es una estupidez que mi inconsciente se ha tatuado.

            El problema de no desahogar mi tristeza de manera generosa, es que sigue en mi interior en un gran porcentaje y, mientras más tiempo pasa ahí, se va gestando un mal aún mayor: la depresión.

            Lo “bueno” del asunto es que es una depresión “funcional”, ya que realizo mis actividades de manera normal, pero más como una rutina establecida que me da soporte que por una intención real de mi parte, porque en realidad no hago algo con verdadero ánimo en estos días.

            Creo que la única que se ha dado cuenta de ello es Lesly. ¿Cómo me doy cuenta? Porque me dedica tiempo para platicar, me toma en cuenta para sus planes, me va a acompañar a mi primera clase de Yoga e incluso, a pesar de que ya vi “El Hobbit 2”, me ha invitado junto con su esposo para que la veamos en 4DX. Creo que quiere distraerme para que se me pase más rápido el dolor o simplemente, quiere que piense en otra cosa.

            Ayer tuvimos una junta y, mientras platicábamos, note que traía la pulsera que le regale, esa misma que era para mi Musa. Me hice consciente que la ha traído puesta desde el día que se la di, lo cual me conmovió bastante, se lo iba a hacer notar pero, de haberlo hecho, no hubiera podido contener las lágrimas y la oficina no es un lugar en donde me plazca berrear como María Magdalena.

            Sin embargo, con el paso de los días el anhelo va decreciendo junto con el dolor. Ya no espero que se comunique conmigo la mujer que me cambio la existencia aunque, sin quererlo, se aparece de imprevisto.

            Ayer mismo salí a comer con los de mi departamento. De alguna manera la plática se centró en mi “Grinchez” dándome ejemplos de las fechas que desprecio abiertamente por inducir al consumismo y actitudes estúpidas: Navidad, Año nuevo, 15 de Septiembre, el buen Fin y demás. Cuando llegaron al 14 de Febrero, me quede callado. Por más argumentos que esgrimía en el pasado para atacar dicha fecha con todo mi odio y rencor, ya no puedo hacerlo: fue el día que conocí a la mujer más maravillosa que se ha atravesado por mi vida y, por ese motivo, ya nunca más podré atacar el famoso día de San Valentín.

            Mis compañeros notaron, y se extrañaron, de que no atacara el 14 de Febrero así que, amablemente, les pedí que cambiaran el tema de conversación. Creo que percibieron mi tristeza porque lo hicieron sin chistar y se los agradecí muy profundamente.

            Hoy en la oficina fui un día tranquilo. La última semana laboral del año suele ser así, muchos salen de vacaciones y los que nos quedamos alcanzamos una tregua silenciosa para hacernos la vida fácil y cerrar el año de manera tranquila. Es por eso que hasta tiempo de organizar una dinámica de “Amigo secreto” hemos hecho, y ha resultado muy divertida. Esos momentos de alegría me tuvieron distraído todo el día y así evite pensar en ella, en mi Musa, o por lo menos así fue de día.

            En la tarde me puse a ver “Abraham Lincoln: Cazador de Vampiros”, misma que no había visto porque me dijeron que estaba muy mala pero, a mí parecer, está entretenida, muy palomera y comercial, nada del otro mundo, pero me la pase muy bien, esto mientras me ejercitaba en mi bicicleta fija.

            Después de la película, mientras estiraba y enfriaba, estaba tan emocionado que me dije a mí mismo “Esto es lo que necesito, distraerme con mucha adrenalina y alejarme de cualquier cosa que huela a romanticismo, así evitaré pensar en ella”, cuando sonó el tono que indica mensaje del Whatssapp.

Me escribió mi amiga Moni, con algunas dudas del cierre del “Amigo secreto”. No es la primera vez que escribo por Whatssapp desde que me despedí de mi amada, mismo medio que era nuestra principal vía de comunicación. Sin embargo, tenía mucho tiempo que no me comunicaba con Moni por esta vía y, sin esperarlo, me di cuenta que redacta de manera similar a mi Musa, incluso usa los mismos emoticones y algunas formas de expresión de ella, y eso fue lo único que bastó para desbaratarme.

Aunque seguía chateando con Moni, me puse a llorar. Por un momento sentí que volvía a platicar con mi Musa, que teníamos una de esas largas conversaciones que sosteníamos varias veces al día durante varios días seguidos. Recordé lo feliz que fui, todo lo que me ilusione, todo lo que soñé. Moni no se daba cuenta, y seguía usando esas expresiones y emoticones que me exprimían lágrimas a más no poder.

Mientras escribía también pensaba y decía a la distancia “Perdóname Na. Ni. En verdad nunca quise enamorarme de ti, nunca quise que todo esto pasara, nunca quise volverme a enamorar”. Ya hubo un punto en que no podía sostener la conversación y, simplemente, le agradecí a Moni todo lo que me había ayudado, aunque hubiera sido involuntario. Obviamente no sabía de qué demonios estaba hablando, pero aceptó mis agradecimientos cuando le dije que, tal vez, algún día le iba a contar en qué consistió su ayuda.

A veces no sabemos cómo nuestras acciones van a repercutir en los demás, a veces un simple “Hola”, un “Buenos días Jarocho” o una manera de escribir le reconfortan el alma a alguien que ni sabemos que lo necesitaba.

Todavía tengo mucho por desahogar, pero hoy saque muchas lágrimas que, aunque lo hubiese intentado, no se iban a detener en un rato. Y me alegro porque me siento más tranquilo.

Ya mero salgo de vacaciones, dos semanas en las que no me gustaría ver a nadie pero, aunque me encantaría, sé que eventualmente debo tener contacto con otros homínidos.

Debo seguir desahogando.


Hebert Gutiérrez Morales.

4 comentarios:

VENEZUELA dijo...

esta cosa me elimino el comentario, aaaaah que rabia, tratare de redactarlo igual. te decia que el masoquismo en nosotros es impresionante, hoy amaneci furiosa, todo me irrita, mi raza me molesta, pero quien soy yo para sentirme superior? hoy desperte con ese cuestionamiento... por otra parte te comentaba que desde que tengo uso de razon lloro por cualquier motivo, alegria, emocion, tristeza, dolor, poooor todo lloro como gafa, pero estos dias precisamente siento un gran dolor, esos dolores verdaderos que se viven y se sufren en silencio para no darle explicacion a nadie, ya que siempre pensamos que nadie va a entendernos y solo preguntaran cosas cuando lo que nosotros necesitamos es "acompañame a estar solo" te hablaba del masoquismo porque mi dolorcito esta lli vivo, muy presente y en vez de buscar cosas que me hagan olvidarlo o minimizarlo, mira lo que me propuse leer "la importancia de llorar" esto es cierto, no existe otra forma de dejar ir el dolor si no es a traves de lagrimas, esa tranquilidad que vas sientiendo no te la brindara ninguna otra accion; por otra parte te felicitaba, veo que has superado un poco tu dolor, bravo por ti, tus escritos no son los mismo q hacen tres meses, estas mas tranquilo por lo menos eso es lo que muestras en lo que he leido... no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Hola Venezuela, yo por eso redacto todos mis comentarios en word y así, si el blogger no me los publica, simplmente lo copio y lo vuelvo a intentar.
A veces hay días así, en los cuales uno no se soporta, en que encuentra al mundo y su existencia rídicula y donde no quisieras ver a nadie, mucho menos a tí mism@
Y también es comprensible no querer compartir tus enojos con los demás, ya que pocos son los que te escuchan con auténtico interés, sin morobo o sin querer arreglarte la vida, por eso prefieres tragarte tu sufrimiento y lidiar sólo contigo y no con la compasión (y sea cierta o fingida) de los demás.
Pues este escrito fue en mi segundo duelo, la segunda vez que nos despedimos, una semana después de ese escrito, nos volvimos a contactar y todo reinició.
Ahora estoy en otro duelo, en el verdadero, el defintivo y el que me ha resultado más difícil y, sin embargo, estoy avanzando. Cada vez me acostumbro más a la idea de no volverla a ver, duele mucho, pero es algo necesario si quiero avanzar.
Como siempre, muchas gracias por tu tiempo y por compartirme tus sentimientos y pensamientos con lo que escribí tiempo atrás.

VENEZUELA dijo...

bueno nosotros hemos experimentado esas cosas tambien, no creo que no te haya pasado nunca que alguien te cuente sus cosaaaaaas y no te intereses o te aburras, asi que eso lo piensa uno tambien cuando quiere destaparse y contar el sufrimiento que lleva dentro, a parte de lo que comentas, te cuestionan

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Lo ideal sería la honestidad, si te importa la persona, preguntar y si no, dejarla en paz.
Ya si nos toca escuchar, limitarnos a estar ahí para la persona, escuchar y comprender, no intentar resolver su vida. A veces lo único que necestiamos es que nos escuchen, no que nos den soluciones.