martes, 18 de marzo de 2014

La mustia apariencia del Nito



            Ya me da hueva hacer estas advertencias pero, debido a la naturaleza del tema a tratar, es necesaria.
Advertencia: Este escrito es meramente mi opinión, en base a lo que he visto en mi país en comparación con otros lugares, también basándome en lo que he leído, visto, experimentado y demás. Esto no es un medio de comunicación respetado o masivo, es un simple blog, créame que intentaré ser objetivo, pero tal vez no lo logre. Puede ser que usted interprete este escrito como racista, elitista, excluyente, xenofóbico y demás sandeces pero, si sabe leer entre líneas y tiene un poco de seso, se podrá dar cuenta que este ensayo es totalmente contrario a eso.

            Los Estados Unidos tienen una influencia cultural muy fuerte alrededor del mundo, por lo que no es de extrañar que en México estemos altamente contaminados por ellos. A pesar de ello, creo que nunca habíamos adoptado algo con lo que no estuviéramos de acuerdo, por esa razón nunca ha tenido éxito un Taco Bell, ni vemos la NHL, ni celebramos Thanksgiving, ni construimos casas de madera, entre otros aspectos muy comunes en el gabacho.

            Uno de esos aspectos era el racismo o, mejor dicho, fingir una postura civilizada contra el racismo. El Racismo es algo que está presente en todo el mundo, lo cual no quiere decir que sea correcto: Los japoneses ven con desprecio al resto de asiáticos, a los alemanes no les agradan los turcos, en España hay constantes insultos racistas contra los africanos, en Costa Rica no son bien vistos los nicaragüenses y demás ejemplos encontrados en cada esquina del planeta.

            En México el racismo/elitismo histórico ha sido contra los indígenas y/o la gente de pocos recursos, en donde se demuestra que el comportamiento del mexicano estándar se torna grosero y bastante desleal. Cada país tiene sus traumas, sus enseñanzas, sus defectos, sus miedos, etc. Si algo NO habíamos heredado de los gringos eran sus prejuicios raciales . . . . hasta ahora.

            Tenía mucho tiempo que no comía un “Negrito” (pastelillo relleno y cubierto de chocolate de la marca Bimbo), el cual consumía desde mi más tierna infancia (o sea, hace unos 30 años) y nunca había tenido alguna connotación negativa, es más, el nombre era lógico al ser un pan relleno de chocolate y estar muy sabroso (aduciendo al sabor que normalmente encontramos en la cultura negra). Por alguna razón, alguien con mucho tiempo libre, y cochambre en la mente, encontró el nombre inapropiado y decidieron renombrarlo como “Nito”.

            Mi primera reacción fue de extrañeza “¿Eh? ¿Qué clase de tontería es esta?”, después vino el enojo “¿A quién se le ocurrió cambiar un nombre icónico? ¿Están estúpidos?” luego de incredulidad “¡No puede ser! ¿En verdad lo cambiaron por lo que pienso que lo están cambiando?” Ahora resulta que comerse dicho pastelillo era racista “Me voy a echar un negrito”, como si hubiera ramas mexicanas del Kukuxklan, una idea tan absurda como el cambio de nombre a “Nito”, para quedar bien con los escasos negros del país. Luego decidí desahogar todo lo que pensé y sentí en estas líneas, mismas que sé que no van a resolver nada pero, por lo menos, me dejan el alma en paz al expresar lo que veo en este tema.

            México debe ser uno de los países más racistas, sin embargo, contra los negros es casi imperceptible ¡porque no  tenemos! Sólo el 0.4% de nuestra población es negra (incluidos algunos de mis ancestros), lo cual no quiere decir que no sean importantes o tengan menos derechos pero, dicho sin pelos en la lengua, no son un grupo tan representativo como para discriminarlos. De hecho, cuando te llegas a encontrar con uno en la calle, más que ocasionarte un sentimiento de animadversión, te causa uno de curiosidad “¡Mira! ¡Un negrito! ¡Tómame una foto con él!”. Tal vez no sea lo óptimo pero, por lo menos, la reacción es de cariño, curiosidad y hasta amistosa.

            Uno de los aspectos que nos han heredado los gabachos es su status de belleza, sólo basta ver los comerciales: gente con facciones anglosajonas, güeritos, con ojo y cabello claro. Las personas con esas características no son abundantes en este país, sin embargo, es el ideal de belleza que se ha instalado en nuestro inconsciente gracias al bombardeo mediático de nuestro vecino del norte. Pero ello no significaba que tuviéramos algún problema contra la gente de raza negra.

La realidad mexicana en una imagen
            Esto está tan tatuado en el inconsciente que si uno observa con atención, en México es difícil encontrar a una persona con facciones europeas en algún puesto poco deseable y viceversa, es difícil encontrar a alguien con facciones indígenas en algún rol de importancia relevante. La regla general es que la gente guapa, blanca y facciones occidentales es privilegiada mientras que los de facciones autóctonas son víctimas de prejuicios vedados en el trato. Pero, a pesar de este hecho recalco, eso no afectaba a la escasa población negra del país.


“En México casi todos los burgueses son blancos y casi todos los blancos son burgueses” – Carlos Monsiváis.

            Es más, vayamos más allá, en México hay una especie de odio vedado endémico hacia los estadounidenses (por ello los llamamos despectivamente gringos) pero, por lo que he visto, ese rechazo es principalmente contra el caucásico, ya que al ver a un gabacho de raza negra, pesa más nuestra reacción curiosa hacia esa raza que el desagrado por su nacionalidad.

            Aclaro, no quiero decir que en México no hay racismo contra los negros. Recalco que hemos de ser uno de los países más racistas del mundo, en donde discriminamos a todo lo que se mueve, donde somos buenos para quejarnos del trato que nuestros inmigrantes reciben en Estados Unidos cuando nosotros somos aún más crueles con los centroamericanos. Lo que quiero decir es que el racismo contra los negros es considerablemente menor del que experimentan indígenas, gringos, españoles, centroamericanos, argentinos, gays, nacos y demás grupos sociales. En este país es casi imposible que no recibas, por lo menos alguna vez, una muestra de discriminación (y recalco, no es que esté bien, pero es un hecho irrefutable).


            Una actitud tonta de la humanidad es arreglar algo que no está roto. Hasta donde sé, nadie se sentía ofendido por el nombre del ex “Negrito” aunque claro, como casi no hay “afromexicanos”, pues no había muchos a quienes preguntar. Les aseguro que nadie había visto nada malo en el nombre “Negrito” pero, ahora que lo cambiaron, han demostrado que algo hicieron mal y que se arrepienten tras tantos años, algo totalmente tonto, además dicen que no hagas cosas buenas que parezcan malas.

“Los mexicanos hacen trabajos que ni siquiera los negros quieren hacer” fue una frase desafortunada que el expresidente Vicente Fox dijo en Estados Unidos, y fue acribillado mediáticamente por ello en dicho país, pero acá no causó el mismo furor, tal vez porque no vimos nada malo en sus palabras, sólo una verdad. Tal vez estamos tan cegados que no vimos la connotación negativa de “ni siquiera los negros” llevaba, tal vez porque se puso a nuestros paisanos en un escalón debajo de los Afroamericanos, y nadie se ofendió aquí por ello (o somos más tolerantes o estamos más acostumbrados al maltrato)

            Siguiendo esta tendencia del “Nito”, al rato van a hacer que Memín Pingüin sea güero. Recuerdo perfectamente cuando los gabachos acusaron de comic racista a “Memin Pigüin” todo porque el protagonista era negro y pasaba muchas vicisitudes, ¿Acaso no lo era la Familia Burrón? ¿Lágrimas y risas? ¿El Pantera? ¿El Santos contra la tetona Mendoza? Todos ellos son historietas en donde los protagonistas se las ven negras ;-) pero sólo que quejan de Pingüin por ser negro, ignorando los aspectos positivos que llegaba a exaltar y sólo tomando los negativos (como si en la vida sólo hubiera seres humanos con aspectos positivos).


            Pero en fin, nunca vimos a Memín Pingüin como un Cómic racista, hasta que los gringos se quejaron de ello, pero sólo era su perspectiva, no la nuestra; sin embargo, la opinión gabacha nos pega mucho. Desde nuestra perspectiva Memín Pingüin era el clásico héroe mexicano que, a pesar de las adversidades, salía adelante. ¿Qué de racista tiene ello? ¿Acaso los negros no tienen problemas?

            Bajo esa visión, entonces ningún caucásico, latino, asiático, indígena y ningún humano en general va a desempeñar un papel “inferior”, porque de inmediato será tachado de racista o elitista y vamos a acabar en que nadie interprete ningún papel “negativo” para no afectar a alguien. Ya no va a haber malos, víctimas, secuaces y demás, no vaya a ser que unos se sientan agredidos y, en automático, la contraparte se va a sentir superior. O tal vez hacer a todos los involucrados (buenos y malos) de una misma raza para que nadie se vea afectado pero, al final, también sería tachada de racista porque no incluye a las otras etnias. ¡No mamen! Ahora resulta que el mundo es un lugar ideal para plasmarlo así en las series.

            Esas acciones sólo demuestran una postura tipo “Vamos a demostrar que todos somos iguales, aunque no lo creamos, a través de acciones que no aportan nada pero que hacen parecer que somos más civilizados y tolerantes”.

            Aunque esta idea la compartí en este otro ensayo, vale la pena repetirla porque vine muy al caso. Lou Marinoff explica muy bien la diferencia entre vergüenza y culpa y nos da dos ejemplos culturales muy interesantes.

            En los Estados Unidos les dan privilegios y dádivas a las minorías (Sobre todo a los negros) por el sentimiento de culpa que les ocasiona el haberlos esclavizado. Lo toman como una deuda que los atormenta y por ello intentan enmendar “su” falta a través de becas especiales, escuelas exclusivas, programas de apoyo y demás ventajas para los negros.

            Sin embargo, los beneficiados no se sienten agradecidos al respecto, ya que toman esto como limosna, no con un sentimiento auténtico, y lo insulta. Los negros están resentidos con los blancos porque sus muestras de “compensación” lo hacen desde un lugar de superioridad como diciendo  “Somos blancos generosos que les damos a ustedes los negros que tienen poco”. Y de ahí el por qué lo negros no son tan abiertos para aceptar a los blancos en sus círculos exclusivos.

            Ahora, tomemos a los teutones. A pesar de la masacre judía realizada en la segunda guerra mundial por parte de los Nazis, no vemos que haya ayudas especiales, universidades exclusivas o leyes que privilegien a los judíos en Alemania. Obvio los germanos se sienten muy mal respecto a lo que pasó pero sólo sienten vergüenza mas no culpa, porque ellos entienden que fue otra época y no tienen una necesidad de insultar a los semitas con dádivas que no va a resarcir lo acontecido.

            Esa actitud es la que se debe tomar: “Estoy consciente de lo malo que pasó y te respeto tanto que te voy a tratar con la justicia que mereces, no insultando tu dignidad al intentar compensarte por algo que jamás podrá ser resuelto de manera retroactiva”.

            Y ya que toque el régimen Nazi, recientemente me compré “Mi Lucha” (Mein Kampf) de Adolf Hitler, misma que no estaba en librerías grandes, así que la tuve que conseguir en lugares alternativos. Resulta que cuando caminaba con él por la calle, la gente me miraba feo ¿Acaso no ven el color del cual soy? ¿Será que con el juego de luz mi piel morena se ve güera, mi cabello rizado se ve rubio y mis ojos cafés se tornan azules?

            ¿Por qué lo compre? Porque si se quitan la cuestión racista, resulta que las ideas de Hitler eran muy progresistas y una alternativa viable al capitalismo obsceno que nos consume en la actualidad. También quiero saber por qué los alemanes que vivieron bajo su mandato le tienen buena estima por haber impulsado el desarrollo germano antes de la guerra. Y también quiero conocer lo que pensaba porque el que no conoce su historia se arriesga a repetirla ¿Creen que por ocultar las ideas hitlerianas van a desaparecer por completo? Al contrario, entre más secretismo haya al respecto, mayor será la curiosidad de la gente por conocerlas y, no duden, que sea más factible que alguna célula de neonazismo empiece a desarrollarse nuevamente (como de hecho ya existen alrededor del mundo), y su devoción va a ser mayor al tomarlo como un culto que está siendo prohibido.

            Ahora, antes de que una señora gorda y amargada me salga con que ando promoviendo las ideas Nazis, no me malentiendan, no digo que haya que promover las ideas del Tercer Reich, pero tampoco habría que esconderlas porque resulta contraproducente.

            Pero regresemos al acoso. Creo que la oficina en la que trabajo es un buen parámetro del ambiente laboral que se vive en México. Todo el tiempo estamos haciendo chistes de negros, flacos, chaparros, gays, gordos, alemanes, gringos, españoles, mujeres, hombres y, la mayoría de las veces, unos de otros. Sin embargo, no llevan dolo, lo hacemos para reírnos en el momento, sin el afán de afectar a nadie presente y, si lo hacemos, es porque así de pesado nos llevamos, en ningún momento nuestra intención es lastimar a alguien. Sabemos quiénes son susceptibles, y los respetamos, no nos metemos con ellos y evitamos las bromas que les puedan molestar.

            Esto me lleva al famoso Bullying (En la escuela) o Mobbing (en el trabajo), ya he escrito tres ensayos al respecto pero hubo un caso que recientemente llamó mi atención. En Octubre pasado aconteció todo un escándalo en la NFL en particular, y para mi tristeza, en el vestidor de los Delfines de Miami.
Para mí, el contexto de este mensaje es normal entre amigos.

            Jonathan Martin (un mastodonte de 1.95mts y 145 kilos) huyó del equipo argumentando acoso por parte de sus compañeros de equipo (otros mastodontes de igual envergadura). Esta historia atrajo la atención de todos los medios, pero no porque estuvieran preocupados por el Tackle ofensivo, sino por ese afán de explotar el morbo y vender. La NFL hasta puso a un investigador independiente, mientras el equipo suspendía al principal sospechoso e instigador (Richie Incognito).

            Durante la investigación salió a la luz que le hacían bromas sexuales sobre su hermana y su madre, además de que se utilizaba la “palabra con N”. ¿La palabra con “N”? ¿Cuál? ¿Nigger? ¿Negro? ¿Negrito? ¿Nito? ¡No me chinguen! Lo que descubrió la famosa investigación no es el hilo negro, y todo el mundo lo sabe: Desde nivel aficionado hasta el profesional, en todos los equipos deportivos masculinos (y supongo que en algunos femeninos) esas bromas pesadas, esos insultos, esos chistes, esos tratos son comunes. Ahora resulta que el vestidor de mis amados Dolphins es único en el mundo en ello, y es el peor de la historia.

            Esa misma actitud mustia hizo que se magnificara el tema ¿Bullying a un mastodonte de 145 kilos? ¡Por Dios! ¡Qué le suelte un madrazo y verán si lo siguen acosando! Yo mismo sufrí Bullying ¡pero en secundaria! Y cuando empecé con los golpes, se acabó el acoso. Y sobre que le digan “nigger” ¿En serio? ¿Alguien regula la comunicación entre hombres? ¿Saben cuántas veces nos mentamos la madre, nos insultamos, hacemos bromas sexuales que involucran familia, o sobre nuestras preferencias? Ahora resulta que le dijeron negro y se ofendió, cuando entre los negros todo el tiempo se andan diciendo “Nigger”; esto es tan estúpido que al rato van a prohibir que dejen de decirse “Niggers” entre ellos mismos y hasta de racistas los van a tachar ¬_¬U.
El Chivo expiatorio de una investigación mustia

            Y esa mamada de “Es que usaban la palabra con ‘N’ para referirse a él” ¿Es broma? ¿La palabra con ‘N’? ¿Acaso estamos en la Inquisición para prohibir palabras? ¿El hecho de que no la mencionen quiere decir que va a desaparecer? ¿Acaso todos la vamos a olvidar? ¿Qué sigue? ¿La palabra con ‘P’? ¿Para pendejo o para puto? ¿Eso nos hace mejores? ¿El pensarlo pero no decirlo?

            Pero vamos a analizar el Bullying actual desde otra perspectiva. Hace unas semanas estaba escuchando “Heaven” de Bryan Adams y al experimentar esa cálida nostalgia en el pecho le dije a Hans, mi vecino de cubículo: “Con esta canción ¿no te da la impresión de que nuestra época era más tranquila? Como que la sociedad no estaba tan corrupta ni tan violenta. Como que en los 80’s había más inocencia, respeto y lealtad entre nosotros” con lo que estuvo de acuerdo.

            Según esta opinión, hace 30 años el mundo era más inocente, iba a una velocidad más lenta, como que tenías el tiempo para hacer las cosas con calma y  relacionarte de manera profunda. No existía esa impaciencia actual de conseguir la mayor cantidad posible en el menor tiempo, algo que determina a estos días en donde todo corre a una velocidad vertiginosa (y cada vez más).

            No me quejo, de hecho lo disfruto, pero me llama la atención que vídeos musicales actuales de Shakira, Rihanna o Beyoncé, en mi infancia fácilmente hubieran sido considerados pornográficos, y ahora no sólo los pasan a cualquier hora, sino que los puedes ver las veces que quieras en Internet.

            Sé que ya estoy hablando como esos viejitos cascarrabias que idealizan el pasado en detrimento del presente pero, considero, aún no estoy tan viejo como para caer en dicha práctica, y creo que mi visión aún es relativamente objetiva al respecto. En el mundo actual hay más violencia, más sexo, más entretenimiento, más diversión, más posibilidades y más de todo, un exceso que acaba por enloquecernos al anhelarlas todas o, por lo menos, mucho más de lo que podemos tener.

            Ese mismo vértigo aplica al acoso, el Bullying siempre ha existido y (aunque intentemos acciones mustias y superficiales) siempre existirá. La diferencia es que los niños de ahora son más inquietos, más movidos, más igualados, más agresivos, más ingeniosos y tienen un mayor número de herramientas y libertades a su alcance con la cual interactuar con el prójimo . . . .tanto positiva como negativamente.

            En mi infancia, el Bullying iniciaba propiamente en Secundaria, hoy en día inicia desde kínder. Antes la broma se quedaba en la intimidad del salón, ahora la graban y humillan al afectado en las redes sociales, incrementando el mal hecho a la víctima de manera exponencial, por lo que ahora es más violento y desleal.

            Pero algo no ha cambiado, la única forma de acabar con el bullying es defenderse, tardé en aprenderlo pero una vez que empecé a responder (Tanto palabras como golpes) deje de sufrir el acoso. Es un hecho de la vida, todos deberíamos ser civilizados pero, por desgracia, hay muchos que son como animalitos, así que hay aprender a tratarlos como tales.

            Aún en la actualidad, siendo ya adulto, he tenido que cambiarme de nombre un par de veces (y ponerme pendejo) antes de que pretendan iniciar el mobbing conmigo. Y es que, como comenté arriba, con los que me llevo, lo hago pesado pero con los que no, no les permito ni una mala palabra, todo es cuestión de aprender a delimitar a tiempo y claramente. Los que hacen mobbing o bullying son cobardes y no se meten con los que se defienden.

            Ahora, uno pude expresar o recibir insultos de todo tipo, y llevar una relación amistosa leal, y hay ambientes en los que hay mucha educación aparente, en la que no se dice ni una sandez, pero que el agobio y/o acoso moral es insoportable. Sin decir groserías uno puede ser muy cruel, así que prohibiendo malas palabras no se va a resolver el problema.

            Como todos los problemas sociales, sólo hay una solución a largo plazo: la educación recibida en los hogares. Mientras tanto, acciones mustias como el “Nito” pueden ser útiles a la larga. Recientemente en Puebla se ha implementado la fotomulta, para todos los que exceden el límite de velocidad, medida que no fue muy popular entre los conductores pero, al final, nadie nos pidió opinión.

Al inicio las quejas por los límites tan bajos o las multan tan onerosas no se hicieron esperar pero, con el paso del tiempo, la gente se ha empezado a acostumbrar y ya no se ve a tanto desquiciado desahogando sus traumas de piloto de Fórmula 1 frustrado a través de las calles. La medida fue efectiva, ya que al haber menos velocidad, los riesgos para conductores y peatones disminuyen. Obviamente no se adoptó la medida de manera convencida, pero el resultado se logró. Es factible que en dos o tres generaciones, los conductores ya no manejen tan rápido y sean más conscientes, por lo mientras, esta generación se ve limitada porque ya les dolió el bolsillo de pagar infracciones altas.

            Todo radica en la sinceridad de los actos. Es como cuando veo que un conductor de transporte público (en México) se detiene antes de la luz preventiva, uno podría decir “¡Vaya! Es alguien civilizado que respeta el semáforo”, pero luego notas que va lento adrede para cazar pasaje, es cuando te das cuenta que su acción, aunque correcta, no tuvo un trasfondo auténtico de respeto. No es lo mismo actuar correctamente por un sentimiento leal que hacerlo porque así conviene a intereses propios.

            De igual forma, no es lo mismo hacer cambios, leyes o ventajas para minorías por un auténtico sentimiento de justicia, respeto e igualdad de derechos a hacer las mismas acciones porque me hacen ver bien ante la sociedad.

            Tal vez, y sólo tal vez, el “Negrito” y el Memín Pingüin son expresiones de una cultura muy adaptada al racismo, una cultura chapada a la antigua en donde no se discriminaba de manera abierta o violenta a los afromexicanos pero sí se hacía de manera silente. Tal vez el “Nito” sea un paso forzado para cambiar eso, para darle un respeto (forzado, recalco) a un grupo étnico casi inexistente en el país, en una muestra de respeto hacia las minorías. Tal vez así sea o tal vez, como he querido decir en el texto, sólo sea una actitud mustia para dar una apariencia civilizada. Si al final esta acción da resultados positivos con las generaciones futuras, habrá sido positiva aunque su origen haya sido falso.

           “El ser civilizados no consiste en que todos seamos iguales, sino en comportarnos como si en verdad lo fuéramos” – Orhan Pamuk (“El Museo de la inocencia”)

            Al final, que el “Negrito” le cediera su lugar al “Nito” va a resultar provechoso, tal vez no para los que consumimos el “Negrito” pero, conforme vayamos quedando atrás, las generaciones que vienen sólo conocerán al “Nito” y de a poco se irá erradicando esa visión curiosa de la gente de raza negra y puede ser que (en algún siglo) se les trate con respeto en este país (Algo poco probable en una tierra en donde no existe un respeto auténtico hacia nada).

            Hebert Gutiérrez Morales.

3 comentarios:

Enrique Von Quin dijo...

Buenisimo Hebert! La verdad no peca pero incomoda, no?

Enrique Von Quin dijo...

Hebert, me encanta tu locura y dedicación! Me gusta visitar tu blog, me da la idea como de estar leyendo la bitácora de un barco en alta mar; un barco deslindado de la realidad pero con un rumbo y destino muy definido.

El mágico abismo entre el ser y los demás.

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Muchas gracias Enrique, hasta me sonroje. Aprecio mucho el comentario y más de quién viene. Un gran abrazo mi brother y gracias por el halago. :'-)