lunes, 9 de junio de 2014

Se murió la Osa

            Es el SMS que hoy recibí de mi madre: “Se murió la Osa”.
Mi hermosa Osa, Q.E.P.D.

            Para quien no sepa quién es la Osa y Dori, en este enlace pueden leer sobre ellas.

            Desde la semana pasada estaba algo mala pero, lo admito, no me preocupe de sobremanera, ya tenía 10 años (en Septiembre hubiera cumplido 11) y por lo menos una vez al año se ponía “mal”, además mi madre no es un buen parámetro para saber qué tan graves están las cosas, porque siempre están mal.

            El Sábado me dijo “Está mal, dice el Veterinario que nos preparemos para el final”. Ahí sí me preocupe, por lo que planee ir el día siguiente a visitarlas, pero el mismo Domingo mi madre me dijo “Ya está mejor, ya camina y se ve más fuerte”, eso me dio más tranquilidad, tanta como para posponer mi visita una semana, ya que estaba cansado y me sirvió quedarme en casa para recuperarme y escribir.

            Hoy recibí el mensaje “Se murió la Osa”


            Recayó, ya estaba muy débil, en tan mal estado que hasta el Veterinario la iba a dormir pero, justo antes de hacerlo, mi pequeña Osa dio su último suspiro. Mi hermano me escribió “Ya la Osita va a descansar” y eso me partió el corazón, porque recordé cuando se murió Maaya (la que fue su mascota) y cómo yo le escribí para consolarlo en aquel entonces, ahora lo papeles cambiaron. Pero lo que más me partió el corazón fue escuchar la crónica de los últimos momentos de mi Osita matizados con el llanto de mi madre.

            ¿Saben? Soy un cínico, no sé por qué la sigo llamando “mi” Osita, cuando dejó de serlo hace tanto tiempo, hace casi seis años para ser exactos, cuando se mudaron con mi madre, un cambio que les fue benéfico a ellas, a doña Marina y, por más que me duela admitirlo, para mí también.
Dori y Osa al amanecer

            No me duele que se hayan ido a vivir con mi madre y que dejaran de ser “mis” perras (la Osa y Dori) porque su calidad de vida se incrementó exponencialmente. No lo sé, tal vez me duele que esperaba que llegaran por lo menos a los trece años, pero este fatídico día se adelantó más de dos años.

            Le prometí a una amiga ya no descalificarme, pero en estos momentos no puedo evitar concebirme como un pésimo ser humano. No ir a verla en verdad fue por cobardía, por dolor y por miedo. Ya había pasado por las muertes de todas mis mascotas anteriores y no es nada grato despedirse de una parte de tu alma, es como si al no ir, ella me fuera a esperar, como si fuese a aguantar más esperando a su amo, pero éste nunca llegó y ella ya no puedo esperar más. No quería despedirme de la Osa, no quería deshacerme en lágrimas (como ahora estoy haciendo) e incrementar el sufrimiento de mis perras y mi madre con el mío.

            También me he vuelto frío y cruel, porque sabía que este día iba a llegar, y por lo mismo me resultó tan cómodo que las perras se fueran a vivir con mi madre, así nuestro vínculo se debilitaría un poco y no me dolería el día que partieran. A pesar de ello, duele y mucho.

            Todavía recuerdo el día que fuimos a recoger a la Osita, era una bola de pelos, sin duda era la hembra Alfa porque sobresalía de toda su camada, ya que era la más grande y la más peluda, por lo que la elección de su nombre fue fácil y lógica.

            Desde pequeña era un desmadre de perra, nunca obedecía, se comía todo lo que encontraba a su paso, se aventaba en cada charco que encontraba y destrozaba cualquier cosa que pareciera valiosa, cara o delicada (¿Cómo le hacía para identificarlo? No lo sé).    

Era tan inquieta que en el primer mes en casa se nos escapó una cuatro veces, por lo que unos vecinos amables siempre nos la cuidaban y la muy cínica se sentía a gusto con ellos. Ahí comprendimos que la Osa era tan sociable e inquieta que necesitaba compañía y, aunque no nos lo propusimos, encontramos la contrapartida perfecta en Dori, una perra disciplinada y regia, nacida para obedecer y, que desde el primer momento, impuso sus condiciones a la Osa, a pesar de ser un mes menor y más pequeña que ella en talla.

Ambas se complementaban a la perfección, al ser personalidades tan distintas. Con la llegada de Dori, la Osa dejó de escaparse y es que cada mañana, mientras les daba de desayunar, le decía a Dori: “Cuida a la Osa” y como buena pastora alemana, obedecía a la perfección.
Osa dándole un beso a Dori

Y ahora se me parte el corazón pensando “¿Ahora a quién va a cuidar Dori?

Mi pobre Dori, mi madre dice que está muy triste, que está llorando, que no sabe qué pasa, que está inquieta. Siempre lo dije de broma, y espero no tener boca de profeta, pero cuando veía la simbiosis de ambas me atrevía a afirmar “El día que muera Osa, Dori se muere de tristeza en menos de un mes”. No es que lo deseara, pero es que ése es el tiempo que vivieron la una sin la otra: Un mes, el que se llevaban de diferencia.

Pero Dori es más fuerte, a diferencia de la Osa, que era una floja de primera. A pesar de que salíamos a correr casi a diario, a la Osa nunca le gustó del todo. Le gustaba salir a caminar, le encantaba pasear y echarse pequeños sprints, para después echarse al pasto y jadear como si se hubiera echado un maratón. Así que Dori y yo corríamos a pesar de la Osa, pero lo hacíamos con gusto, porque éramos un equipo. Hecho que quedó demostrado la primera y única vez que la Osa se rebeló y no quiso salir a trotar, por lo que Dori se negó a avanzar y regreso a acompañarla. Ése día no corrimos porque a la Osita le dio flojera.

Era una perra campechana, desenfada y muy relajada, la vida no le corría, sabía que le caía bien a todos y se dejaba consentir. Como estaba gordita, peluda, con las orejas paradas y su cara de chiste (producto de esa eterna sonrisa), la Osa se las ingeniaba para conseguir lo que quería

Cuando las dejé con mi madre una parte de mi murió ése día, las razones ya las explique en el pasado escrito dedicado a ellas.

A cada visita, la relación se iba enfriando, obviamente de mi lado, porque ellas siempre me saludaron con la misma efusividad que cuando vivían conmigo, siempre fui su Papá, y ellas siempre me dieron ese lugar, sin importar que mi madre ahora fuera su ama. ¿Y qué hice yo? Olvidarlas, empecé a disfrutar las ventajas de ser libre, de no tener que regresar a casa para limpiarles y darles de comer, de buscar a alguien que las cuidara si salía de vacaciones, de sacarlas a pasear a diario, de bañarlas, vacunarlas y demás cuidado que conlleva el tener una mascota que, con el tiempo, deja de serlo y pasa a ser parte de tu familia.
Felices en casa de mi madre

Debido a mi condición de misántropo, creo que las muertes humanas no me resultan tan representativas como las de los animales, en especial de los que estuvieron bajo mi techo. ¿Por qué? Porque la mayoría de humanos tuvieron una vida independiente o, por lo menos, la posibilidad de ejercerla. Con las mascotas es distinto: ellas dependen de ti siempre, sin importar que sean viejitas, ellas serán tus “bebés” hasta el final, siempre serás el líder de su manada, siempre serás su amo y siempre serás más importante que su propia vida. ¿Y cómo les pago? Me reservó la respuesta, porque me siento como insecto con tan solo pensarla.

Me tranquiliza un poco que la segunda mitad de la vida de la Osa fue buena: ya no la obligaban a correr, pero tenía un gran terreno para hacerlo a sus anchas cuando quisiera, ya no había vecinos que se quejaran de sus ladridos o el olor de sus orines, ya no se la pasaban todo el día solas en espera de que su papá llegara a pasearlas. Además podían ver burros, vacas, cerdos, borregos, caballos y demás fauna que se encuentra en un pueblo, algo que las emocionaba al grado de la locura.

Además mi madre, la incomprendida e infravalorada de mi madre, siempre las trató lo mejor que pudo, siempre procurándoles los cuidados necesarios y pasándome el reporte de sus actividades. Al final, ella fue la que me enseñó a cuidar a las mascotas, así que en mejores manos no podían quedar.

¿Saben? Ya he perdido la oportunidad de tener un perro, no merezco tanto, por primera vez he decepcionado un amor tan grande como el que ellos dan. Le fallé a mi Osita y no merezco perdón de nadie, ya sólo me queda Dori y será mi última perra.

La única forma en que vuelva a tener un perrito, será de manera indirecta, sólo podría ser para que un@ hipotétic@ hij@ mi@ sepa lo que es tener una mascota y aprenda esa lección de vida, porque es lo más maravilloso que te puede pasar.

Yo que les daba un excelente trato a mis mascotas cuando estaban conmigo, al grado de tratarlas como hijas, ése es precisamente el problema: me compenetró tanto que el vínculo es muy profundo. Y lo sabía, y ésa fue la razón que me obligó a cederlas a mi madre.
En pose para ser apapachada

Y no me quejo, me tocaron sus mejores cinco años y ahora mi vida está destrozada pero con arreglo, sí estoy muy triste, pero no se me acabó el mundo como hubiera sido si ella se hubiera mantenido conmigo. ¿Cruel? Lo soy ¿Hijo de la chingada? Sin duda. Pero, a pesar de mi baja calidad humana, o tal vez por ella, mi dolor sigue siendo enorme.

¿Saben? Las últimas dos veces que visite a mi madre, ni siquiera baje a saludarlas “Les dije que ibas a venir” me decía doña Marina, pero fue mayor mi animadversión al pueblo en donde vive que mi supuesto amor por ellas “Para la próxima” le dije, mientras me apuraba a salir del lugar que considero mi infierno personal.

Pero ése fue el infierno al cual fue a arrojar mis ángeles peludos, a mis amores incondicionales, a aquellas que me han sido fieles hasta el último suspiro, mismo que hoy dio mi Osita, y soy tan miserable que no me di la oportunidad de despedirme de ella, ¡por cobarde!

No sé en qué clase de alimaña me estoy convirtiendo, por qué sigo tratando con desprecio y frialdad a los seres que más amo y, al final, tal vez no sea coincidencia que me la pase la mayor parte del tiempo solo.

Ahora me preocupa Dori, sin la Osa ha de estar muy triste, destrozada, desnuda, perdida sin su alma gemela, su compañera, su amiga, su hermana, mi otra hija querida. Mi pequeña Dori, perdóname preciosa por abandonar a tu hermana en su lecho de muerte.

Entre sollozos, mi hermosa madre me daba las gracias por teléfono, por hablar con ella, por darle dinero para el veterinario y, según ella, por estar al tanto de “mis” perras. ¿Saben lo que es sentirse basura cuando te halagan por algo que no eres? Hoy lo supe.
En su casita

Mi Osa, mi osita, todas las lágrimas que derramo por ti no te van a traer de vuelta, ni van a borrar mis estúpidas y egoístas decisiones, discúlpame gordita, no fui un amo a la altura de tu alma tan limpia, y tan pura, esa misma que te impedía pelear por tu comida, preferías pasar hambre antes de pelearte con Dori, esa inocencia que te impedía defenderte de otros perros (por fortuna siempre estuvo Dori a tu lado para hacerlo por tí).

Ya no te rascare tu pechito ni tu espalda o detrás de tu oreja, esos que eran tus lugares favoritos, esos en los que te daba comezón y que te encantaba que te frotara. Ya no vamos a correr juntos mi Osa, ni saldremos a pasar por el pasto, ni veré a tu peluda cara corriendo hacia mí como si la vida se te fuera en ello, con toda la felicidad del mundo.

Siempre te voy a amar Osa, siempre te voy a recordar y a llevarte en mi corazón, discúlpame por ser injusto, frío y distante en los últimos tiempos, estaba distraído en otros temas y no valore tu amor incondicional.

Tengo bien merecido el pesar que cargo en mi alma, este y cualquier otro que me haya ganado. Mis lágrimas y mis arrepentimientos no van a cambiar nada.

No creo en un cielo Osita, no creo en un más allá pero, si lo llegara a haber, sin duda ha de haber uno de perros antes que uno de humanos, o por lo menos puede que haya uno para ti corazón. Y si no lo hay, te prometo que vas a vivir en mi alma y mis recuerdos hasta el último día.

Del 4 de Septiembre del 2003 al 9 de Junio del 2014, este planeta tuvo el privilegio de contar con un ser que, seguramente no hizo mucho para que fuese un mejor lugar para vivir pero, sin duda, sí hizo de mi mundo un lugar que valió mucho la pena para vivir.
Gracias Osita. TQM ;'-(

Gracias Osita, aunque no lo demostré al final de tus días, te quise mucho y siempre te querré. Y discúlpame por no amarte como tú lo hiciste conmigo, no soy tan excelente ser como tú lo fuiste y no tengo el corazón tan grande con el que tú amaste.

Descansa en paz mi pequeña peluda, mi Osita.


Hebert Gutiérrez Morales.

2 comentarios:

Kristina dijo...

Hola Hebert,
sé lo que significa perder un perro. después de 10 años he tenido que dormir a mi fridi el verano pasado... lo que siempre les mando a amigos que pasan por esta experiencia, es esta historia...

Die Geschichte der Regenbogenbrücke

Eine Brücke verbindet den Himmel und die Erde. Wegen der vielen Farben nennt man sie die Brücke des Regenbogens. Auf dieser Seite der Brücke liegt ein Land mit Wiesen, Hügeln und saftigem grünen Gras. Wenn ein geliebtes Tier auf der Erde für immer eingeschlafen ist, geht es zu diesem wunderschönen Ort. Dort gibt es immer zu fressen und zu trinken, und es ist warmes schönes Frühlingswetter.
Die alten und kranken Tiere sind wieder jung und gesund. Sie spielen den ganzen Tag zusammen. Es gibt nur eine Sache, die sie vermissen. Sie sind nicht mit ihren Menschen zusammen, die sie auf der Erde so geliebt haben. So rennen und spielen sie jeden Tag zusammen, bis eines Tages plötzlich eines von ihnen innehält und aufsieht. Die Nase bebt, die Ohren stellen sich auf, und die Augen werden ganz groß! Plötzlich rennt es aus der Gruppe heraus und fliegt über das grüne Gras. Die Füße tragen es schneller und schneller. Es hat Dich gesehen.
Und wenn Du und Dein spezieller Freund sich treffen, nimmst Du ihn in Deine Arme und hältst ihn fest. Dein Gesicht wird geküsst, wieder und wieder, und Du schaust endlich wieder in die Augen Deines geliebten Tieres, das so lange aus Deinem Leben verschwunden war, aber nie aus Deinem Herzen.
Dann überschreitet Ihr gemeinsam die Brücke des Regenbogens, und Ihr werdet nie wieder getrennt sein…

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Vielen Dank Kristina, früher habe ich durch Mail beantwortet. Ich weinte viel mit deiner schöne Geschichte. Vielleicht, in der Zukunft, kann ich noch mal mit meiner "Osa" auf der Regenbogenbrücke. Diese ist das drittes mal die ich deine Geschichte lese, und diese ist das drittes mal das ich tief geweinen habe. Vielen Dank noch mal Kristina. Ich sende dir eine grosse Umarmung.