viernes, 16 de enero de 2015

La tarde del cobarde

“Like the story that we wish was never ending
We know sometime we must reach the final page
Still we carry on just pretending
That there'll always be another day to go” – From the Song “Fading Lights" (Genesis)


            La tarde del Cuatro de Julio del 2014 fue extraña para mí y por la noche me di cuenta de qué tan pusilánime puedo llegar a ser. Estas ideas no las pude transcribir en su momento, pero me parecieron un documento muy valioso en esta cronología personal que llevé en la Saga “Na.Ni.”, a pesar de lo vergonzoso que resulta, la transcribo tal cual la grabé en aquel momento.

            Cronológicamente este escrito iría entre “¿Por qué sigo bailando?” y “Apatía existencial”, aunque use fragmentos de este escrito en el segundo. Empecemos con la descripción de los hechos.

            ¿Saben? Muchas veces la gente no me cree cuando les digo que no soy una buena persona, en verdad piensan que estoy bromeando. En realidad a veces puedo ser un verdadero imbécil y el peor de los cobardes, un ser pusilánime e incongruente. Algo en mí lo sabía porque el Universo, la vida, el Destino o como quieran llamarlo conspiraron para que yo mismo me pusiera una trampa que me impidiera huir. Pero vayamos por partes.

            En la tarde tenía un sentimiento extraño al ir por mis boletos para el Show de Michael Jackson del Cirque Du Soleil, pase a ver unos libros, compre mi despensa y me dirigí a clase de baile. No había podido ir el Miércoles anterior porque, sin explicación alguna, me sentía extraño, molesto y de alguna inexplicable manera, me sentía triste, no sabía muy bien qué pasaba.

            “¿Por me sigo sintiendo triste?” me pregunté con preocupación, si de manera paulatina (en realidad MUY lenta) he ido recuperando el gusto por bailar, tal vez no el amor y pasión de antes, pero ya iba recordando el fragmento que me entretenía. Al no poder contestarme, sólo me quedó encaminarme a Rumba Mía. Ésa fue la última vez que fui con relativa tranquilidad al que por tantos años ha sido mi hogar Salsero.

            A media clase recibí un auténtico Shock por parte de Paco.

            Mi amada, síp mi amada, la mismísima Na.Ni., a la que le he escrito decenas de ensayos, por la cual me he infringido un dolor constante e inhumano y por la cual he derramado incontables lágrimas, va a dar a clases en Rumba Mía, un auténtico balde de agua fría, quede tan pasmado que Paco quedo extrañado por mi falta de reacción, ya que él suponía que me iba a poner feliz por los meses que había tomado clases con ella el año pasado.


            Mi primer pensamiento fue “Oh mein Gott! Voy a tener que dejar Rumba Mía” y de pronto me deprimí de saber que, sin aviso previo, era mi última clase en un lugar que tanto me dio y tanto he querido. Así que me puse a disfrutar el baile, a payasear, a jugar y a pasármela lo mejor posible pero, recordé algo que me impedía huir como el vil cobarde que soy: el último mail que le mandé.

            Durante estos meses que no nos vimos, intercambiamos algunos mails, y justamente en el último, ése que escribí un par de semanas atrás, dejaba la puerta abierta al decir que si nuestros caminos se volvían a cruzar, me iba a dar mucho gusto verla, saludarla, platicarle y, si hubiese una oportunidad, volver a intentarlo. Sip, eso fue lo que escribí, y fue cuando puse un candado a prueba de mí mismo porque si hay algo más grande que mi cobardía es el compromiso de respetar mi palabra.

            Ese mail lo escribí después unas Constelaciones Familiares que fueron padrisímas (como normalmente son), en el cual acomodé muchas cosas y lo sentí tan productivo que salí todo rebosante de energía positiva por lo que, entre tanto furor, escribí sin precaución. No sabía por qué, pero algo me decía que tenía que escribirlo, había algo más fuerte que yo que me hizo escribirlo. Y es hasta ahora que me enteré por qué lo escribí.

            “Tal vez te conteste dentro de un mes” fue lo que me dijo mi terapeuta cuando le comenté sobre el mail pero, esta noche, sin recurrir al correo recibí su respuesta de manera contundente.

            De no haber escrito ese correo, sin problemas hubiera sido mi última clase en Rumba Mía, y no hubiese sido sorpresivo para nadie porque ya saben que no tengo el mismo interés por el baile. Pero ese mail que envié fue el único impedimento para huir cobardemente porque, sin querer, me obligue a quedarme, ser coherente y cumplir con mi palabra.

            Tengo una gran meta en la vida: ser lo más congruente posible entre lo que siento, digo, hago y pienso. Obviamente no lo he sido a lo largo de mis días, pero quiero intentarlo en el tiempo que me queda. Es una meta aún más grande que trascender, más grande que tener hijos, más grande que la evolución humana e incluso que encontrar a la mujer de mi vida; más grande que todo eso mi meta existencial primordial es ser congruente. Y justo me puse a mí mismo en este predicamento “Sólo te queda ser congruente Hebert”.

            Ese anhelo que siento por ser congruente es inclusive más grande que el miedo que siento, que digo miedo, el pavor me tiene invadido. Es simplemente ilógico e increíble que algo que me debería hacer feliz, me tenga llorando del miedo.

            Salí de Rumba Mía aún en shock y maneje en automático porque mis pensamientos y sentimientos eran un caos, sobre todo entre lo que quería y debía hacer. Es cuando en el estéreo del auto comenzó a sonar “With or without you” de U2, canción que conozco desde hace más de dos décadas y nunca había tenido nada que ver conmigo. Esta noche, por primera vez, sentí como propias la desesperación, el anhelo, la agonía, las ilusiones rotas, la inocencia perdida y todo lo que Bono quiso expresar en la misma (aunque en realidad se la haya escrito a su adicción a las drogas).

            Y es que mi Musa ha sido como una droga, la he anhelado tanto y extrañado horrores que, cuando llega a “mi” escuela debería ponerme feliz pero la realidad es que estoy profundamente triste.

            ¿Por qué me pone triste? Por el miedo, por la incertidumbre: ¿Cómo reaccionará? ¿Me tratará como a uno más? ¿Tendrá novio? ¿Interpondrá una barrera muy “bonita” entre nosotros? Y, honestamente, ya no quiero soñar, en verdad ya no quiero ilusionarme ni lastimarme con sueños rotos. Por eso estaba llorando, precisamente por eso estaba llorando.

            Sé que suena muy estúpido, incongruente, irreal, ilógico y demás tonterías sin sentido, el caso es que sé que no está bien, pero no por ello deja de ser verdad: He trabajado tanto estos meses en sanarme con terapias, talleres, medicina alternativa y casi cualquier cosa que se me cruce, además de los viajes y mis hobbies, por lo que ya iba saliendo de esta situación. No digo que estuviera propiamente feliz de dejarla atrás, pero cuando ya estaba más cerca de salir, sólo me queda llorar de la frustración.

            Aunque me debía sentir feliz, por más que lo intentaba, no lo estaba, es como dice la letra de U2 “Nothing to win and nothing left to lose”, es exactamente como me sentía. Aunque en realidad tenía todo por ganar y nada que perder ¿Qué más podía perder? Bueno, dejar Rumba Mía aunque, en realidad, hace un par de semanas estuve a punto de dejarla, tan cerca y tan lejos. “No te desesperes, estamos agarrando otra vez ritmo, espérate tantito”, me dije en ese momento.

            Ese méndigo mail es el único que me detiene, sin duda me hubiera largado. En ocasiones dudo que haya en el mundo alguien más cobarde que yo. Podría huir de no ser que va contra mi esencia, no el miedo (que es parte vital de mi ser) sino mi ideal de ser congruente, que pesa más que cualquier trauma. Ahora me quedan algunos días para acomodar, para pensar, mentalizarme y tranquilizarme porque, eventualmente, la voy a ver.

            Llorando en el coche en una actitud patética “A ver” me digo “la mujer más maravillosa que conoces viene a tu escuela y, en lugar de sentirte feliz ¿Qué haces? ¿Revolcarte en tu sufrimiento y ahogándote en tus lágrimas?” Hasta hace unas horas mis planes eran distintos y mi visión futura ya empezaba a tomar otro rumbo sin volverla a ver. Sin duda ya estaba resignado pero, al mismo tiempo, también estaba más tranquilo. Lloré todo el camino de regreso, ya en la casa ni siquiera baje del coche porque quería terminar de sacar tanta tristeza que inexplicablemente me embargaba.


            ¿Por qué llorar por algo que me debería hacer feliz? Sabía que era una idiotez, no debería estar llorando, debería estar emocionado y brincando de alegría. Y aunque he prometido ya no descalificarme, no pude evitar darme un asco tremendo “Hebert ¿Quién chingados te entiende? ¿Qué carajos es lo que quieres entonces?”

            Después noté otra razón para estar en llanto: Rumba Mía había dejado de ser “Mía”, había dejado de ser mi territorio, había dejado de ser mi refugio. De pronto ya sólo me quedaba la opción de conquistar a mi Musa si quería mantenerme ahí, porque ya no tenía a dónde huir en esta ocasión: estaba acorralado. Hace un mes escribí “¿Por qué sigo bailando?”, en el fondo sabía que si me mantenía en el mundo salsero la iba a reencontrar pero, ¿saben? Nunca pensé que fuera a ser tan rápido y tan directo.

            Para mí fortuna, el destino no fue tan cruel y, aunque la noticia me tomó por sorpresa, por lo menos me brindó una semana adicional para pensar las cosas de manera tranquila. No tengo ninguna escapatoria, a pesar de que me encantaría huir, me lo impedí, y me alegro de haberlo hecho.


            Y en otra cosa fui afortunado: La imprudencia de Paco. Era tanta su emoción que se le salió darnos la noticia porque, en teoría, nos iba a dar la sorpresa el mismo día que ella llegara. Bendigo tu imprudencia Paco, me ahorraste un paro cardiaco y un show bochornoso al no saber cómo reaccionar ante tan imprevisible situación.

            Al final, pase lo que pase, debo de enfrentarlo, así tenga novio, aunque ya no quiera salir conmigo o lo que venga, pero que me lo informe ella, que la vea y, si ése fuese el caso, entonces ya me iría con toda la tranquilidad de haber cumplido mi palabra. Honestamente ya no quiero pensar nada, ni ilusionarme ni lastimarme con sueños tontos.

            En fin, esa noche conseguí su teléfono, para escribirle por Whatssapp, pero opté por hacerlo en la mañana. Me costó conciliar el sueño pero me dormí. A la mañana siguiente me lleve la sorpresa de que había contestado el mentado mail al que hice referencia en este escrito, cosa que me hizo mucha gracia y le escribí por Whatssapp. Ahí empezaron tres de los meses más felices de los que tengo memoria, no siempre todo era miel sobre hojuelas, pero en general fui muy feliz como pocas veces pero, al final, las cosas no se dieron.

"Far away, away, fading distant lights
Leaving us all behind, lost in a changing world
And you know that these are the days of our lives remember" - From the Song "Fading Lights" (Genesis)


            ¿Saben? La vida es muy curiosa, desde la semana pasada me había propuesto este escrito como cierre definitivo para la serie “Na.Ni.” y justamente hoy, que inicie con su redacción, de manera accidental, me enteré que tiene novio.

            Claro que sentí (MUY) feo, pero éste era el momento justo para enterarme, cuando ya estaba lo suficientemente fuerte para soportarlo y vivir con ello, en lugar de destrozarme y tirarme al sufrimiento.

Aprendí mucho y cometí una cantidad impresionante de errores (¡vaya que si cometí errores! Algunos muy tontos y ridículos, pero nunca con una mala intención), pero también tuve mis aciertos y mis pequeñas victorias.

¿Saben algo? Le eché tantas ganas como pude, a pesar de mis miedos, de mis dudas, de mis traumas, de mis boicots, de mi inmadurez, hice tanto como me fue posible y di lo mejor de mí aunque, al final, no fue suficiente, pero estoy tranquilo por haber dado todo lo que pude en el momento en que pasaron las cosas.

            Así que esto es todo, este ensayo marca el cierre de una etapa muy importante e intensamente transformadora en mi existencia, casi dos años en los que cambie horrores y que han cambiado muchos de mis puntos de vista. La única manera que reabra esta serie es que algo extraordinario pase, sé que en este mundo todo es posible, pero yo ya no espero nada de nadie. Así que me voy a permitir escribirte de manera directa una última vez mi Musa.

            Seguramente ya no lo vas a leer, pero quiero agradecerte por todo lo que me diste sin querer, lo feliz que me hiciste y todo lo que me enseñaste. Gracias por todo mi Schatzie, mi Musa, mi amor. Gracias por todo mi querida Nadia, siempre te recordaré hasta el final de mis días y siempre habitarás en un lugar importante en mi corazón. Te amo y siempre te amaré por todo lo que significaste para mí.


            Hebert Gutiérrez Morales.

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